Mi panza NO es espacio público

Iba subiendo las escaleras de la oficina y me encontré con una señora con quien me cruzo casualmente al caminar por los pasillos, siempre nos saludamos muy cordiales pero no es alguien a quien conozca ni a quien le tenga la más mínima confianza. Ayer me preguntó cómo iba la panza, que cuántos meses tenía y hablamos un minuto de ello; al despedirse, es impulsada por una fuerza desconocida para mí, no resistió la necesidad de tocarme mi panza y sonreír. ¿Y a ella quién le dijo que podía tocarla? ¿Por qué no me pregunta antes? Yo de manera instintiva tiendo a separarme para que ninguna mano desconocida toque la panza de mi Elena, pero tengo que reconocer que hay manos rápidas que alcanzar a rozarme y no les puedo explicar lo molesto que es.

No existe derecho constitucional, ni ley, ni decreto, ni resolución, ni código de policía ni nada por encima mío que autorice a alguien a tocar mi barriga sin mi consentimiento. He estado pensando, si me cerco la panza con alambre de púas o con un cerramiento eléctrico, ¿los extraños entenderían el mensaje? Siendo completamente honesta, la única forma que me sienta cómoda cuando alguien me toca la panza es cuando la tocan personas a quienes les permito “invadir” mi espacio personal de manera deliberada y por más de 3 segundos sin apartarme, lista encabezada por quien puso al bebé allí en primer lugar. Si, es un conjunto bien reducido de gente, la mayoría de las veces me toca sonreír por educación, fingir que me siento muy cómoda mientras alguien que no está en ese grupo le habla “achí” a mi barriga y luego orar a Diosito por si acaso algún mal deseo, una nunca sabe.

Soy plenamente consciente que muchas personas lo hacen con la mejor de las intenciones y que una mujer embarazada les inspira una ternura a la que no se pueden resistir, pero si me conocen por más de un año o llevan leyéndome unos cinco artículos ya saben que soy psicorígida con mi espacio, así que no debe extrañarles que no me gusta que me toquen, en general, ni estando embarazada ni sin estarlo, no me gusta. Mi hijo salió igual y mucha gente lo acusa de grosero, claro que después de decir eso se tienen que aguantar mi mirada inquisidora y una frase como “El tiene derecho a que le respeten su espacio personal, no lo toque. Fin.”

Entonces, voy a exponer todos mis argumentos para reservarme el derecho de admisión a tocar mi panza. Sé que muchas mamás panza se sentirán identificadas con algunos de ellos, y otras podrán añadir los suyos.

Si te acabo de conocer, no toques mi panza.
Entonces vas caminando en un centro comercial, tu esposo saluda a alguien y te presenta. “Ayyy tan linda tu pancita, ¿y qué es? ¡¿Niña?! ¡Ay que belleza! Con razón la panza está…” y ves esa mano inescrupulosa viniendo al acecho de tu panza. Solución: moverte discretamente y quitar el objetivo de la intrusa para no sentir unas manos extrañas sobre tu piel. No les puedo explicar el mal genio que me empieza cuando eso pasa, mi esposo sólo me mira y después me tranquiliza para que se me pase.

Si apenas se tu nombre, no toques mi panza.
Ok. Ya te conocí, pero no tengo idea de quién eres, ni de donde vives, ni se nada de historia. Apenas sabes mi nombre, es posible que sepas el nombre de mis hijos,  seguramente sabes ¿Por qué sientes que puedes tocarme?

Si yo no te toco, no toques mi panza.
Así como pido respeto, también lo doy. Yo no acostumbro a invadir el espacio personal de la gente que no conozco, tampoco los toco sin su consentimiento, tampoco creo que el estar embarazada me de el derecho de hacerlo; por lo tanto, tampoco los demás lo tienen sobre la mía.

Solo porque estoy embarazada, no quiere decir que me puedes tocar.
En serio, ¿qué rayos piensa esa gente? ¿Acaso tengo un letrero que dice que pueden tocarme a su antojo? ¿Acaso pierdo mi derecho a la intimidad cuando estoy embarazada? Esto también aplica cuando uno está amamantando y todos piensan que pueden verte mientras lo haces. Al parecer las mujeres que están en gestación o recién han tenido su bebé pierden todo derecho a espacio íntimo y la razón es desconocida para mi.

Yo no soy Buda, no me toques la panza.
Mi bebé no es un tipo de dios que cumple deseos al ser tocado. Tampoco yo tengo poderes mágicos por estar embarazada. No se te va a cumplir ningún deseo si frotas mi pancita. Tampoco vas a estimular a mi hija a que patee para que la puedas sentir, de hecho, ella se queda más quieta cuando alguien me toca, estoy segura que puede sentir mi incomodidad y ante eso se queda quieta. ¿Cuántas veces no les pasa que el bebé se mueve y le dicen a alguien que toque para que sienta y entonces se queda quieto? Yo estoy segura que es un mensaje de parte de ellos que ya saben quién quiere que los toque y quien no.

Si ves que me toco la panza al mismo tiempo que tu, no la sigas tocando.
A falta del coraje que implica el tener que decir directamente “no toques mi panza”, muchas embarazadas optamos por usar barreras de protección. ¿En qué consisten? Pueden ser muchas cosas: nuestras propias manos, la cartera, una bolsa grande, sentarte en un lugar alejada, taparte con la mesa si estás comiendo, etc. Un sin número de defensas que hemos tenido que idearnos para sobrellevar a las intenciones imprudentes de tantas personas que desconocen lo que es el espacio personal.

¿Les has pasado? ¿O soy la única que ha tenido que sufrir estos pesares? Y si eres uno de los que toca sin pensarlo, reflexiona.

No, no es tu cuerpo. | no es tu cuerpo

Recuerdo un día en que Elías estaba en mi vientre, estaba en el punto de compra de vitaminas prenatales que me había recomendado mi doctora, tenía ya unos gloriosos seis meses de embarazo y lucía con mucho orgullo mi pancita. Hacía poco más de un mes que los carnavales habían terminado en la ciudad donde vivo. Mientras esperaba en el mostrador que me despacharan mi pedido, una niña no mayor de 23 años solicitó un medicamento que se quedó grabado -temporalmente- en mi memoria. Y al ver cómo me miraba ella, observando mi pancita con cierto recelo y evitando mi mirada cuando yo volteaba a verla, aún más curiosidad me causó el medicamento que pidió. La atendieron rápidamente, alguien salió por una puerta interna del local, le entregó discretamente una bolsa y ella salió muy rápido y sin mirar atrás. No fue hasta que llegué al carro que busqué en mi celular la composición del medicamento y sus indicaciones… era un “medicamento” para abortar. Esa niña había disfrutado sin precauciones los carnavales y quien iba a pagarlo no tenía la culpa.

Eran las 3am de un día laboral, yo tenía mucho sueño y no había dormido nada bien. Esta barriga cada vez me hace más incómodo el dormir, incluso  he pensado en dormir sentada pero aún no he hecho el primer intento. Y mientras que yo lo que más deseaba era dormir, Elena se mecía feliz en mi panza haciendo de cada posición mía la más incómoda del mundo. MI cuerpo está cansado, MI cuerpo quiere dormir, MI cuerpo necesita dormir, eso quiere MI cuerpo. Pero el cuerpo de mi hija está sin estrenar, SU cuerpo tiene las energías a mil, SU cuerpo está fresco y descansado, SU cuerpo quiere bailar y saltar sin importar que sean las 3am. Son dos cuerpos, no uno solo. No, no es mi cuerpo, es el cuerpo de otra persona formándose en el mío.

No, no es tu cuerpo. Tu cuerpo no tiene dos cabezas, tu cuerpo no tiene cuatro brazos, tu cuerpo no tiene cuatro piernas y si tuviera la mitad del corazón que está formándose, no te defenderías con ese argumento tan vacío y tan soso. Es el cuerpo de un ser puro, inocente, indefenso y vulnerable que está creciendo dentro de ti. Que depende de ti para sobrevivir y que -desafortunadamente- te escogió a ti para venir el mundo. Eres su incubadora y su protectora. Y eso no te da el derecho de acabar con su vida. 

No, no es tu cuerpo. Sólo es tu cuerpo para decidir cuidarte, es tu cuerpo para decidir con quién te quieres acostar, es tu cuerpo para decidir cuántos tatuajes quieres ponerte, es tu cuerpo para decidir qué ponerte y qué no; pero si hablamos de un nuevo cuerpo que apenas comienza a formarse… NO, no es tu cuerpo y tampoco tienes el derecho de decidir sobre su derecho a la vida. Y lo entiendo, créeme, el albergar una nueva vida y contribuir a su formación no es tarea fácil, no hay necesidad de explicárselo a una mujer que tiene un hijo de dos años y ocho meses y que además ya va por más de la mitad de su segundo embarazo.

Hace unos meses una mujer en mi país fue “tan valiente” que se atrevió a hablar de cómo fue su aborto y de porqué lo hizo. Hablaba de que no quería ser madre soltera, que había sido un solo descuido de una noche loca con un susodicho que no se merece mencionar siquiera, que además nunca había querido ser madre y que a sus 38 años (y con un embarazo no deseado a bordo) no iba a cambiar de opinión. Buscó una clínica de abortos, se asesoró de cómo sería el procedimiento y en esa misma clínica una psicóloga amañó sus intenciones para justificar el asesinato bajo la primera de las causales por las que es permitido el aborto en mi país.

aborto legal en colombia

Nos cuenta que ella sufre de una enfermedad muy dolorosa y los medicamentos para controlar el dolor no son compatibles con el embarazo, entonces su vida -o su salud- se vería en riesgo y un solo certificado médico que soportara esta afirmación la respaldaba para matar a su bebé. ¿Que si la justifico y estoy de acuerdo con lo que hizo? No. Ella tenía otras alternativas, podía elegir entre muchas otras opciones, pero decidió -y de forma muy egoísta, a mi parecer- darle prioridad a su propia vida y acabó la pequeña vida que estaba formándose en sus entrañas. Eso no es digno de admirar, ni tampoco aplaudir, sencillamente es una decisión egoísta de uno de los tantos seres egocéntricos que habitan este planeta.

La vida no se respeta, y es que un bebé en formación no es vida, porque son un montón de células sin alma y sin sentimientos. ¿Seguro? Estoy segura que tiene mejor alma, más pureza y mucho más potencial que cualquiera de nosotros. Pero si encontraran vida en marte, incluso un “insignificante” organismo unicelular sería todo un descubrimiento. Pero un bebé recién concebido no es tan importante. No, no es tu cuerpo, déjalo vivir, y si no quieres ser responsable de su vida, créeme hay muchas parejas anhelando un ángel que pueden hacerse cargo con toda la felicidad del mundo.

¿Saben qué me dio mucha risa? Mucha gente empezó a endiosar a la susodicha diciendo que era una “berraca” por haberse atrevido a hablar ¿Berraca? ¿En serio? Berraca una mamá soltera que saca adelante a sus hijos sin la ayuda del idiota al que no se le debe decir padre. Berracas todas las que tienen a sus hijos por parto natural. Berraca la que se atreve a llevar un embarazo de alto riesgo y que lo lleva a feliz término. Berraca la mujer que puede criar a más de uno al tiempo sin volverse loca. Berraca ella misma si hubiera sido capaz de llevar su embarazo, aún con su dolor, eso lo hubiera hecho una berraca… abortar fue la salida fácil. Si, fácil, porque superar la “tristeza” que sientes después de asesinar a tu bebé no se compara con la fuerza y la tenacidad que implica criarlo.

¿Cómo preparo a mi hijo para recibir a su hermanita? | Preparar al hijo mayor

Preparar al hijo mayor para la llegada de un hermano no es tarea fácil, yo aún no lo vivo pero no necesito vivirlo para saberlo. Los celos de herman@ mayor son algo inevitable, algunos lo sufren en menor medida que otros pero al final ninguno de ellos tiene inmunidad absoluta y terminan haciendo cualquier pataleta para recuperar la atención que perdieron.

Nuestro papel como padres en la aceptación de nuestros hijos mayores a su hermano menor es tratar de mitigar los celos en la mayor medida, si es que es posible. He visto casos extremos en que el hermano mayor ha tenido que hacer terapias muy intensas y profesionales para superar el hecho de tener que compartir a sus padres con su nuevo hermano; y aún esas terapias resultan insuficientes porque el niño sigue rebelde, casos extremos en los que llega a maltratar al nuevo bebé y los padres no hayan qué hacer. Hay casos opuestos e ideales en los que el hermano mayor está más que complacido y en lugar de pelear la atención -ahora compartida- de sus padres, es feliz atendiendo a su nuevo bebé. La pregunta del millón es ¿cómo lograr que nuestr@ hij@ pueda ubicarse en ese selecto grupo o por al  menos en un punto medio en el que no se afecte demasiado?

Por supuesto que hay miles de artículos en internet que les pueden dar muchos consejos y tips para esta tarea, más de una decena de buenos libros que dan consejos de cómo hacerlo y muchas personas alrededor que han vivido la misma situación y de seguro que pueden usar uno que otro consejo que les den. Pero si me están leyendo es porque 1. Les llamó la atención el título y 2. Están buscando más información; aquí les voy a compartir lo que yo, con mi experiencia en cero, he probado con mi hijo.

Mi hijo es pequeño pero al parecer ha entendido el complejo concepto que de alguna manera un bebé se metió en la barriga de mamá y que va a ser su hermanita. Ya entendió que es una nena y ahora le llama “Ena” a mi panza. En verdad nosotros no tuvimos en poco su corta edad y empezamos a prepararlo desde hace mucho tiempo; incluso antes de quedar embarazados aprovechábamos cuando veíamos a un bebé pequeño en la calle -y como a Elías le encantan- le preguntaba si él quería uno para él. Pregunta nunca respondida, pero ya le llegó. ¿Que cuáles son los trucos que he utilizado? Aquí les van.

Elías fue el primero en enterarse.
Si, ni mi esposo lo sabía aún. Esa mañana de viernes me hice la prueba de embarazo casera. Y como soy como Dios me hizo, para sentirme verdaderamente segura, tuve que hacerme la prueba de sangre. Así que  viernes, como andaba de vacaciones aproveché unos minutos y me escapé al laboratorio para tomarme la muestra. El examen me lo hice a las 10am y ya a las 4pm sabía el resultado: POSITIVO. Recuerdo que abracé a Elías y le dije “Mira, mi amor, aquí en la barriga de mamá hay un bebé. Es tu hermanito o hermanita, ya no vas a estar más solito sino que vas a estar acompañado como tus primitos. Te llegó un compañerito, mi amor.” No les puedo explicar la sorpresa de su rostro, creo que ese día empezó a entender lo que le venía.

“Elías, vamos a untarle crema a Elena
Una noche estaba untándome mi crema de estrías y a Elías le llamó mucho la atención el proceso, se me ocurrió compartir esa actividad con él y aprovechar el contacto piel con piel entre la pancita y él… ¡Y ha sido todo un éxito! En ocasiones él mismo busca la crema y me llama “¡Mamá, ‘Ena’!”  Y es lo más tierno verlo destapar la crema, espicharla, ponerla en mi panza y esparcirla. Sin contar el hecho que pinta la ‘i’ y la ‘o’ que son las vocales que ya sabe ‘escribir’. Tanto le gusta la actividad que invita a su papá o a sus Titos a que también le unten crema a su hermanita ‘Ena’.

Elena ha mandado varios regalos.
Desde un mes después que supimos que estábamos esperando, le compré un juguete a Elías que sabía que le iba a gustar mucho y le dije que era de parte del hermanito. Para navidad le dimos otro regalo, también de su hermano, y le agradeció a la panza. Y ahora que nos enteramos que es Elena, entonces dice que ‘Ena’ le ha dado todos esos regalos, y a mi me encanta verlo jugar con ellos.

Hablarle, hablarle, hablarle y hablarle.
La palabra ‘Elena’ suena unas 33 mil veces al día a su alrededor. Ustedes no se alcanzan a imaginar mi felicidad cuando llego a la casa y Elías mirando mi panza me dice “Ena”, me levanta la blusa y empieza a “jugar” con su hermanita. A veces juega a cogerle los cachetes  (léase los gorditos de mi panza) y se ríe, le canta y grita emocionado. Anoche jugamos a que le contara su día en el colegio y en el parque. Incluso le mostramos los videos de las ecografías y ya él solito cuando los encuentra en el celular nos llama, nos señala la imagen y dice ‘¡Ena!’.

Evitarle otros cambios grandes al mismo tiempo.
Así es como Elías, a quien iba a meter al colegio a los 3 años, terminó empezando el colegio a sus dos años y medio. Allí vamos en el proceso de adaptación, recopilando material para comentarles cómo me ha ido y sufriendo un poco sus lloradas con él. Con un poquito de ganas de no mandarlo más pero ahí vamos. Lo metí ahora porque no quería que sintiera que el nacimiento de un nuevo bebé iba a desplazarlo y preferí adelantarle el ingreso al colegio. Se nota que le gusta su colegio, lo malo es que quiere que nosotros nos quedemos con él.

Cabe aclarar que yo estoy en modo experimento, porque aún no he confirmado la efectividad de mis métodos. Pero los resultados que llevo hasta ahora me tienen satisfecha y más de una persona externa se ha sorprendido cuando ven la reacción de Elías ante ‘Ena’.

 

 

El primer apagón de Elías… despierto.

Claro que hemos vivido apagones con Elías, pero todos ellos han sido en horas de la madrugada cuando ya el está dormido, y como mi hijo – gracias al cielo- duerme como una roca, el que no hubiera fluído eléctrico no ha significado trasnochadas fuertes ni nada por el estilo.

Esta vez empezó a las 4pm, de un hermoso lunes en el que tuve que salir más temprano del trabajo para poder cuidarlo a él. Justo cuando abrí la puerta y puse un pie en mi hermoso hogar, todo se apagó, lo que me dejó a merced de mi imaginación para pasar el resto de las horas jugando y distrayendo a Elías hasta la hora de dormir.

Papá salió al trabajo y dejó a un Elías dormido en nuestra cama (si, tuvimos que turnarnos la tarde para cuidarlo) y yo que soñaba con una siesta vi como mis anhelos quedaron reducidos a eso, anhelos. Intenté, en vano, por más de 15 minutos despertar a mi gordito pero el sueño lo vencía cada vez que abría sus ojos. Por fin logré mi objetivo y un Elías gruñón se despertó malacaroso y malgeniado. Una paquete de galletas fueron mis aliadas para quitarle lo gruñón y entonces me dispuse a adelantar tareas que me mandó “la miss” del colegio.

13 de febrero.
5:00pm.
Empezó la maratón. “Elías, tenemos tareas que hacer” y ante un Elías negado a hacer tareas, mamá tomó sus crayones, las hojas y empezó a pintar. A medida que avanzaba el tiempo en mi simulación, atraje la atención de mi hijo y pintó cerca de unos 33 segundos a mi lado con el crayón rojo. Justo cuando perdí su atención, logré recuperarla sin querer mientras se quedaba sorprendido mirándome untar arequipe a mi galleta y comérmela con sabrosura (me encantan las galletas saladas con arequipe) me la arrebató de la boca, la probó para luego escupirla mientras mi corazón se partía en mil pedazos… “¿Por qué me la cogiste si la ibas a botar? ¡Eso no se hace, hijo!” No tuve más opción que abrir otro paquete, seguir untándole arequipe sin que él viera y comérmelas en la cocina fuera de su alcance.

5:30pm
¿Apenas media hora? Pues si. Resulta que el tiempo pasa lento cuando le da la gana y cuando uno no tiene luz, es peor. Después de mi fallido intento de hacer tareas, nos pusimos a mirar por el ventanal los carros que pasan por la calle. Yo aprovecho esas ocasiones para enseñarle los números y también los colores, debo confesar que son espacios muy tiernos y especiales que comparto con mi hijo. Hay que aprovechar cada cosa para hacer lazos más fuertes.

6:00pm
Nada de noticias que indicaran el fin del apagón, y la oscuridad ya no nos permitía visibilidad dentro de nuestra casa, y como buena casa del siglo XXI no teníamos ni una sola vela. Bendito sea el que se inventó los servicios a domicilios de las tiendas de barrio en mi ciudad, pedí unas velas para poder ver algo mientras se hacía la cena y otras actividades. Me imaginé que iba a ser toda una novedad para Elías, puesto que nunca había visto una vela sino en los cumpleaños, pero creo que me quedé corta.

6:30pm -> LA VELA
Y entonces las horas fueron pasando más rápido en medio de la oscuridad, sonó el timbre y Elías gritó muy emocionado “¡Papá!” pero era el señor de la tienda con las velas. Le anticipé el artilugio a mi hijo y le conté que la vela era un fueguito que nos iba a alumbrar hasta que “la luz del techo” volviera. Jamás pude haberme imaginado su cara cuando vio la vela encendida en el mesón de la cocina, se sorprendió, se rió solo, me preguntaba el nombre de aquel novedoso artefacto y lo repitió en su idioma “Eta! eta! mamá, eta!” y por los próximos 45 esas fueron todas las palabras que salieron de su boca.

7:00pm -> La cena con LA VELA
Y entonces cuando lo llamé a comer me preguntó por su película favorita y le dije que si no había “luz del techo” tampoco había televisión, cosa que poco le importó cuando la empleada puso la vela más cerca para que yo pudiera ver el plato de Elías y su contenido. La comida fue un juego, jugamos a las sombras que comían todo y así logré que el plato quedara limpio. La sombra de mamá comió, la sombra de la nana comió, -para mi felicidad- la sombra de Elías fue la que más comió, luego llegó papá y también su sombra se comió todo.

8:30pm -> Hora de dormir.
Después de la rutina de aseo, dientes y pijama iluminada -por seguridad- con la linterna del celular, la vela se apagó cuando abrimos la ventana para que entrara brisa, ya que ni modo de aire o ventilador. Tuvimos que consolar a un Elías descorazonado y le explicamos que la vela también tenía que irse a dormir. Afortunadamente su día tan ajetreado nos había dejado a un manso y calmado Elías que no tomó más de 20 minutos en quedarse dormido.

Claro está, que el día ajetreado aplicó para todos y a los segundos que cayera Elías también lo hicieron sus papás. Y gracias a la brisa fresca y propia de Febrero en mi ciudad, fue un sueño fresco de principio a fin.

El poder de los hijos

Que la conexión que se hace desde él útero es infinitamente poderosa. Que un besito nuestro puede curar cualquier golpe o raspón. Que el amor de madre es lo más verdadero, real y fuerte que puede experimentar un ser humano. Que no seríamos nadie sin nuestra mamá… pero, ¿qué podemos decir del poder que viene del amor que nos profesan nuestros hijos? ¿A dónde nos puede llevar tan sólo una mirada suya? ¿Qué podemos decir de la enorme e inmensurable influencia que tienen nuestros hijos sobre nosotros?

Anoche mientras dormía a mi hijo un sucio cayó en mi ojo, la picazón era muy fuerte y no podía dejar de rascarme, me abrí un poco los párpados buscando la manera de que un poco de aire del abanico me ayudara a aliviar el escozor, pero fue inútil. Entre más lo rascaba, más me picaba y no podía hacer nada para detenerlo. Justo cuando me decidí a levantarme para lavarme el ojo con agua, mi hijo se dio una vuelta, puso su cabecita bien pegadita a mi -tanto que cubría mi ojo- y ante la imposibilidad física de seguirme rascando, la nula intención que tenía de despertarlo y la satisfacción indescriptible de tenerlo sobre mi pecho abrazándome… me di por vencida y a los pocos segundos el escozor era cosa del pasado. Bastó un toque de él para que se me quitara. Ese es el poder de los hijos.

Cualquier papá sabe que un apretón de unos pequeños bracitos pueden mejorar el más terrible de los días. Damos fe que después de una larga jornada laboral, el llegar a nuestras casas y recibir un abrazo fuerte de un chiquitín, es el mejor remedio para quitar el estrés de nuestro cuerpo. Y ni hablar cuando ellos vienen de acompañantes a buscarnos al trabajo: mi hijo empieza a llamarme desde que salen de la casa, pide a todos que se corran para hacerme espacio y cuando me monto empieza a reírse y en muchas ocasiones se monta en mi regazo y se queda pegadito a mi en un abrazo eterno que me quita de una toda pesadez; eso si no prefiere quedarse con su abuelita.

Y qué me dicen de esos besos que quitan dolores de espalda, de cabeza, de pierna, de estómago y en general, de cualquier parte del cuerpo. Porque no sólo los besos de mamá son los curativos. A mi inevitable dolor de espalda le ha llegado la cura: un besito de Elías; y cada vez que me voy a levantar cual tortuga que han volteado, él-como el hermoso ayudante y caballero que es-me empuja por detrás para ayudarme a incorporarme. Es que levantarme con una panza de cinco meses no es fácil, no es cómodo, no es lindo de hacer, y seguramente no podrás presenciarlo sin reírte abierta o discretamente.

Todo papá sabe que siempre mientras estén pequeños nosotros somos héroes y ejemplo ante sus ojitos, ellos nos hacen querer ser mejores personas. Cuando están presentes siempre queremos resaltar los buenos comportamientos que alguna vez nos enseñaron nuestras madres. Ellos  nos inspiran a hacer las cosas de la manera correcta y siempre buscamos darles un buen ejemplo; todo para que en un futuro sean personas de bien que cumplan con sus metas y que consigan todos esos sueños que desde ya se están formando. Es por esto que un hijo se convierte en una razón más para ser buenas personas, para mostrarles cómo ayudar a otros, enseñarles a ser ordenados aunque nosotros no lo seamos, e incluso nos proponemos serlo para que ellos lo tomen de de ejemplo. Este es un ejemplo hipotético, que conste.

Ser padres nos ha hecho mejores personas. Los hijos llegan a nuestra vida a cambiarla, y contrario a lo que muchas “mamás” andan escribiendo por allí, la cambian para bien. No sé si ellas pensaban que todo sería color de rosa y que las dificultades se esfumarían cuando tuvieran hijos, quizás por eso hoy muchas llegan a decir atrocidades como que se arrepienten de haber tenido hijos o que el tenerlos ha bajado su calidad de vida; ya escribiré de eso en otro post. En mi nuestra experiencia, ha sido todo para bien (y ojo que esto no significa que todo sea perfecto), la vida nunca ha sido ni será perfecta, pero si es cierto que el ser padres para nosotros ha significado -entre muchas otras cosas- más aventuras, más risas, más juegos, más aprendizaje, más crecimiento, más creatividad y sobretodo, mucho y mucho  más amor.

Ser madre me ha hecho más fuerte. A pesar que ahora mi corazón camina fuera de mí y que podría morirme si cualquier cosa le pasara a mi hijo, el ser madre me ha hecho más fuerte. Sé que las personas me ven y lo último que verían es una mujer fuerte. Pero cuando estoy con mi hijo y su seguridad depende de mi, se me quitan todos los miedos, las inseguridades y me encargo que todo marche bien para que el se pueda sentir seguro. En resumen,desde que me convertí en mamá me siento más eficaz y fuerte, soy más valiente y resistente, y al mismo tiempo soy más sensible al dolor ajeno. Supongo que eso se debe a que el tener un hijo no sólo ha creado un vínculo con él, sino con el futuro, en el sentido que me hace comprometerme aún más a crear uno mejor especialmente para él. 

 

 

 

Los retos de criar a una niña

Estaba en el parque sentada viendo cómo Elías jugaba y saltaba en la zona de niños pequeños. Él jugaba con su papá y con otros niños y se le veía muy feliz. Mi carita de idiota en ese momento – y siempre-  terminaría siendo ganadora de todas las caras de idiota que han visto en su vida, verlo divertirse es aún más satisfactorio para mi que comer sushi.

De repente, me pasa por el frente una niña. Llevaba un leggin rosa con puntos blancos, con una camisa de Minnie Mouse que tenía un faldellín rosa de puntos blancos, sus zapatos eran plateados con rosa y usaba medias moraditas con rosado y en su cabeza llevaba una hermosa y elaborada trenza. De esas que empiezan en la parte superior de la cabeza, que ya sabemos que son muy complejas de hacer. A la niña se le soltó un poco su trenza al saltar y le pidió a su mamá que se la arreglara, la mamá -muy hábil, por cierto- hizo un mágico movimiento con su mano y la trenza volvió a su lugar y la niña siguió jugando con su grupo.

Fue ese momento, Elena me dio una patada y me vino ese momento de iluminación que todas las madres experimentamos en algún momento “¡Voy a tener que aprender a peinar a otra persona! ¡Voy a tener que aprender a peinar a una niña!” Y es que si hablamos de peinados, lo más elaborado que hago conmigo es peinarme a medio lado y hacerme una trenza, eso si, desde el cuello hacia abajo. Para mi peinarse consiste en pasarme una peinilla, o hacerme un pony tail, o un tomate descomplicado o bien, dejármelo suelto con o sin cintillo. ¿Cómo carajos voy a hacer para peinar a una niña?

Y entonces me puse a observar con más detalle a las niñas y a los niños del parque, todas sus diferencias -cual Pandora abriendo su extraña caja- se me revelaban como secretos escondidos. Mientras que los niños iban vestidos con suéter, camiseta y tenis; las niñas llevaban aretes, ganchos, moñitas, pinzas, trenzas elaboradas, vinchas, cintillos, pulseras, faldas con leggins, tutús, etc. Realmente me sentí abrumada y fue en ese momento que comprendí que el cambio que me viene no sólo implica el tener que dividir multiplicar el tiempo, el amor y la paciencia para criar dos hijos, sino todas las diferencias que se me vienen porque Elena es mujer, es una niña.

¿Cuáles son los retos para una mamá primeriza de una niña?
1. Limpieza de sus partes íntimas al cambiar el pañal.
Supongo que si pasan más de 60 segundos después de hacer popis, corremos el riesgo que alguna sucieza llegue a su vulva, cosa que nadie quiere. Así que tendré que estar muy, muy pendiente de cuando esto pase para evitar cualquier infección urinaria. Debo recordar siempre limpiar de delante hacia atrás, los pliegues… Nada sencillo comparado a cuando lavo el pipí de mi niño. Y si, se supone que mi experiencia como mujer debería ayudar, pero no es lo mismo; es una bebé, en fin, ya me volveré experta en la materia.

2. Tengo que aprender a peinar a otra persona.
Ya les conté lo que significa para mí peinarme. No sé cómo voy a hacer para aprender a hacer bonitos peinados o trenzas desde la parte de arriba de la cabeza, y por favor no me aconsejen que la lleve a la peluquería. Sin duda tengo que empezar a prepararme; y de no saber nada, pasaré a ser aquella mamá a la que otras mamitas le piden el favor de peinar a sus hijas, ya verán.

3. Combinar la ropa supone habilidades superiores a vestir a un niño.
No es lo mismo que poner una camiseta blanca, bermuda azul y zapatos grises, por ejemplo. Tengo que cuidar que los colores en general -porque la gama de colores aumenta por ser mujer- combinen bien: el cintillo, la blusita, el pantalón/falda/leggin/short, el vestido, las medias, los zapatos, etc. Tener muy en cuenta de no ponerle colores de vieja, de vestirla como una niña, porque qué pereza esas niñas que parecen mujercitas con tallas más pequeñas. Las niñas deben vestirse como niñas, punto final.

4. ¿Cómo rayos hago en un baño público mientras la estoy entrenando a dejar el pañal?
Si ya es un reto para mí mantener el equilibrio mientras tengo el bolso colgado del cuello o de los dientes, porque los diseñadores de baños son hombres y no se les ocurre poner un gancho para el bolso, mientras que intento hacer pis, no me imagino cómo poner a una niña de dos años en una situación similar.
He hablado con mamás de niña y me dicen que ponen una capa de papel para que ellas se sienten. Este es un tema que me causa terror, aún falta para que llegue ese momento, espero que exista alguna tecnología que me ayude en el proceso.

5. ¿Aretes? ¡¿Y yo cómo voy a hacer sufrir a una bebé para ponerle aretes?!
Que al nacer, que a los tres meses, que al tercer día, que ponerle un hilito mientras tanto, que con pistolita, que con el mismo arete, que primero les ponen unos aretes hipoalergénicos, que eso no duele, que les untan lidocaína, que les ponen hielo para adormecerles la zona, que es peor esperar, que ellas no se acuerdan de eso, etc. Escuchar todos esos consejos hace que me duela el corazón de pensar en causarle dolor, pero tampoco quiero que sea una niña sin aretes. Aún no he tomado una decisión al respecto, y resulta que la decisión es sólo mía porque el papá me dejó la entera responsabilidad a mi.

6. Ella es mi princesa, pero no la quiero criar como princesa. Quiero que sea fuerte.
Quiero que sea fuerte, decidida, independiente, que se sienta capaz de conseguir lo que quiere, que se haga su camino, que no busque a un hombre para que sea su salvador sino que busque un compañero que de verdad le ayude en su vida, que arme un equipo exitoso con él. Quiero que sea mejor que yo, en todos los aspectos, que no tenga los mismos miedos que yo y que logre conquistar lo que yo no pude hacer.

Los niños no implican estos retos, ¿verdad? Y vuelve a cumplirse esa linda ley de la maternidad que dice: Justo cuando empieces a acomodarte en una etapa, va a llegar otra que te ponga de nuevo el mundo patas pa’ arriba.