Los retos de criar a una niña

Estaba en el parque sentada viendo cómo Elías jugaba y saltaba en la zona de niños pequeños. Él jugaba con su papá y con otros niños y se le veía muy feliz. Mi carita de idiota en ese momento – y siempre-  terminaría siendo ganadora de todas las caras de idiota que han visto en su vida, verlo divertirse es aún más satisfactorio para mi que comer sushi.

De repente, me pasa por el frente una niña. Llevaba un leggin rosa con puntos blancos, con una camisa de Minnie Mouse que tenía un faldellín rosa de puntos blancos, sus zapatos eran plateados con rosa y usaba medias moraditas con rosado y en su cabeza llevaba una hermosa y elaborada trenza. De esas que empiezan en la parte superior de la cabeza, que ya sabemos que son muy complejas de hacer. A la niña se le soltó un poco su trenza al saltar y le pidió a su mamá que se la arreglara, la mamá -muy hábil, por cierto- hizo un mágico movimiento con su mano y la trenza volvió a su lugar y la niña siguió jugando con su grupo.

Fue ese momento, Elena me dio una patada y me vino ese momento de iluminación que todas las madres experimentamos en algún momento “¡Voy a tener que aprender a peinar a otra persona! ¡Voy a tener que aprender a peinar a una niña!” Y es que si hablamos de peinados, lo más elaborado que hago conmigo es peinarme a medio lado y hacerme una trenza, eso si, desde el cuello hacia abajo. Para mi peinarse consiste en pasarme una peinilla, o hacerme un pony tail, o un tomate descomplicado o bien, dejármelo suelto con o sin cintillo. ¿Cómo carajos voy a hacer para peinar a una niña?

Y entonces me puse a observar con más detalle a las niñas y a los niños del parque, todas sus diferencias -cual Pandora abriendo su extraña caja- se me revelaban como secretos escondidos. Mientras que los niños iban vestidos con suéter, camiseta y tenis; las niñas llevaban aretes, ganchos, moñitas, pinzas, trenzas elaboradas, vinchas, cintillos, pulseras, faldas con leggins, tutús, etc. Realmente me sentí abrumada y fue en ese momento que comprendí que el cambio que me viene no sólo implica el tener que dividir multiplicar el tiempo, el amor y la paciencia para criar dos hijos, sino todas las diferencias que se me vienen porque Elena es mujer, es una niña.

¿Cuáles son los retos para una mamá primeriza de una niña?
1. Limpieza de sus partes íntimas al cambiar el pañal.
Supongo que si pasan más de 60 segundos después de hacer popis, corremos el riesgo que alguna sucieza llegue a su vulva, cosa que nadie quiere. Así que tendré que estar muy, muy pendiente de cuando esto pase para evitar cualquier infección urinaria. Debo recordar siempre limpiar de delante hacia atrás, los pliegues… Nada sencillo comparado a cuando lavo el pipí de mi niño. Y si, se supone que mi experiencia como mujer debería ayudar, pero no es lo mismo; es una bebé, en fin, ya me volveré experta en la materia.

2. Tengo que aprender a peinar a otra persona.
Ya les conté lo que significa para mí peinarme. No sé cómo voy a hacer para aprender a hacer bonitos peinados o trenzas desde la parte de arriba de la cabeza, y por favor no me aconsejen que la lleve a la peluquería. Sin duda tengo que empezar a prepararme; y de no saber nada, pasaré a ser aquella mamá a la que otras mamitas le piden el favor de peinar a sus hijas, ya verán.

3. Combinar la ropa supone habilidades superiores a vestir a un niño.
No es lo mismo que poner una camiseta blanca, bermuda azul y zapatos grises, por ejemplo. Tengo que cuidar que los colores en general -porque la gama de colores aumenta por ser mujer- combinen bien: el cintillo, la blusita, el pantalón/falda/leggin/short, el vestido, las medias, los zapatos, etc. Tener muy en cuenta de no ponerle colores de vieja, de vestirla como una niña, porque qué pereza esas niñas que parecen mujercitas con tallas más pequeñas. Las niñas deben vestirse como niñas, punto final.

4. ¿Cómo rayos hago en un baño público mientras la estoy entrenando a dejar el pañal?
Si ya es un reto para mí mantener el equilibrio mientras tengo el bolso colgado del cuello o de los dientes, porque los diseñadores de baños son hombres y no se les ocurre poner un gancho para el bolso, mientras que intento hacer pis, no me imagino cómo poner a una niña de dos años en una situación similar.
He hablado con mamás de niña y me dicen que ponen una capa de papel para que ellas se sienten. Este es un tema que me causa terror, aún falta para que llegue ese momento, espero que exista alguna tecnología que me ayude en el proceso.

5. ¿Aretes? ¡¿Y yo cómo voy a hacer sufrir a una bebé para ponerle aretes?!
Que al nacer, que a los tres meses, que al tercer día, que ponerle un hilito mientras tanto, que con pistolita, que con el mismo arete, que primero les ponen unos aretes hipoalergénicos, que eso no duele, que les untan lidocaína, que les ponen hielo para adormecerles la zona, que es peor esperar, que ellas no se acuerdan de eso, etc. Escuchar todos esos consejos hace que me duela el corazón de pensar en causarle dolor, pero tampoco quiero que sea una niña sin aretes. Aún no he tomado una decisión al respecto, y resulta que la decisión es sólo mía porque el papá me dejó la entera responsabilidad a mi.

6. Ella es mi princesa, pero no la quiero criar como princesa. Quiero que sea fuerte.
Quiero que sea fuerte, decidida, independiente, que se sienta capaz de conseguir lo que quiere, que se haga su camino, que no busque a un hombre para que sea su salvador sino que busque un compañero que de verdad le ayude en su vida, que arme un equipo exitoso con él. Quiero que sea mejor que yo, en todos los aspectos, que no tenga los mismos miedos que yo y que logre conquistar lo que yo no pude hacer.

Los niños no implican estos retos, ¿verdad? Y vuelve a cumplirse esa linda ley de la maternidad que dice: Justo cuando empieces a acomodarte en una etapa, va a llegar otra que te ponga de nuevo el mundo patas pa’ arriba.

Y entonces llegó Elena

Cualquier día laboral del año 2012, 12:35m: era un día normal, era medio día e iba hacia mi casa como cualquier mortal a la hora del almuerzo: apurada, con sueño y con hambre. Los trancones brillaban en su esplendor y yo rogaba para llegar rápido a casa. Iba distraída escuchando una canción cuando lo vi. Estaba escrito con aerosol negro sobre una pared sucia, una letra horrible y tenía algunas figuras alrededor. Seguro que lo había visto antes pero ese día se me quedó en la memoria, sonreí mientras lo observaba y el resto del camino se me hizo más ameno. Sonaba tan lindo, tan puro, tan amoroso, tan tierno que aproveché un ratico en el semáforo rojo para investigar su origen y su significado, y cuando lo supe me enamoré mucho más.

Volví a mis épocas de jugar con muñecas, cuando simulaba que la bebé era real y le daba tete y le ponía vestidos; me acordé de todas mis barbies y de todos los juegos que simulaba con ellas: era doctora, mamá, princesa… era todo lo que podía jugar con mis muñecas. Siempre la soñé, siempre estaba en mi mente, siempre en mi corazón: una hija. Y ese mediodía ajetreado y hambrienta supe que Elena sería su nombre.

En este embarazo todo fue muy distinto a mi primer hijo, pero eso no significó nada porque todos los embarazos son distintos y es un error creer que los síntomas tienen algo que ver con el sexo del bebé. Así que no me ilusioné con eso.
Como tres personas diferentes y en diferentes contextos me dijeron “Ponle la firma, es una niña.”. Tampoco me ilusioné con eso.
Inclusive el verídico, fundamentado, sólido y certero calendario chino del sexo del bebé me decía que por mi edad y la fecha de concepción, tendría que ser niña. Pero tampoco me ilusioné con eso.

De hecho -y por alguna sugestión de la primera ecografía- estaba convencida que era un niño y estaba muy feliz porque llegaba un amiguito para mi hijo mayor; lo he visto jugar con sus primitos y se pone tan contento que me ilusionaba imaginar a mis dos hijos varones jugando de la misma forma en unos años. Inclusive  me pintaba con mi peluca plateada, mi vestido azul, disfrazada de Daenerys Targaryen como “madre de dragones varones”… pero Dios tenía otros planes.

Y si, está claro que como mujer me soñaba una hijita que me hiciera compañía y con la que pudiera compartir todas esas cosas de mujeres que aburrirían a Elías. Es cierto que pensaba que en caso de tener otro varón, sería inevitable preguntarme cómo hubiera sido tener una niña, pero estaba segura que fuera lo que fuera me alegraría de corazón y sería un nuevo amor que llegaría a mi vida.

Domingo 1 de enero de 2017, 9 de la noche: no tenía ni pizca de sueño. No era que hubiera dormido durante el día, era la mismísima emoción de saber que al día siguiente me enteraría qué venía en mi vientre. Esa noche no pude dormir bien, no hallaba acomodo, incluso el bebé en mi barriga estuvo moviéndose toda la noche porque mamá no podía pegar ojo. Yo le hablaba, acariciaba mi barriga y le decía que al día siguiente tenía que dejarnos ver si era niña o niño. Amaneció y yo intenté dormir unos minutos más para no estar tan cansada pero no pude, me quedé acostada mientras se me pasaba un terrible dolor de espalda pero no me dormí. Mi esposo tuve el divino detalle de preparar el desayuno y me lo comí rápidamente, estaba afanadísima y temía llegar tarde a la cita. Hasta que llegamos. Sentí una eternidad la espera hasta que me llamaron “La señora (¡SEÑORA!) Alicia, adelante, por favor.” Y pasamos al cuarto de ecografías.

Vimos su cabeza, sus piernas, sus brazos, sus manitos, sus pies, sus talones, el doctor tomó todas las medidas de rigor. Y ella me hizo caso, tenía sus piernitas abiertas y el doctor -y el papá también- pudo ver perfectamente lo que tuvo que explicarme luego con plastilina a mi. Yo sólo dije “No veo pipí, pero no sé si es porque es niña o porque está del otro lado.” y el doctor muerto de la risa me dijo  “Mira, allí se ven los labios, la vulva, esta forma que ves aquí… es una nena, vas a tener una nena ¡Felicidades!” Yo miraba incrédula a mi esposo y sólo pude reírme y decirle “Se llama Elena, bienvenida, Elena. Amor, eres papá de una niña. Bueno, de dos niñas, porque tu eres el serio de la casa.”  

Pero fue cuando salimos del cuartico, mientras íbamos caminando hacia la salida; llevaba una gran sonrisa, las lágrimas brotaban de mis ojos y no las podía retener. Las personas me observaban un tanto extrañados, pero  no me importaba, la emoción era más grande que yo. Y cuando salimos al parqueadero y estuvimos solos abracé a mi esposo y lloré como una niña; él me abrazó y me dijo muy contento que Elena había llegado, que ahora tenía dos princesas en su casa y que se sentía muy feliz. Yo no podía contener mis lágrimas, la emoción me llenó hasta los huesos, no lo podía creer, mi instinto de madre me había fallado pero no me importaba. Es mi princesa, mi nena, mi muñeca, mi niña… esa que tanto soñé, esa que tanto imaginé, ya tenía su nombre claro, ya había empezado a amarla sin saber que había llegado… Dios me la regaló y yo todavía no me lo puedo creer. 

 

Un nombre para el bebé

“Durante mi embarazo no podía sacarme de la cabeza la canción de Lady Gaga ‘Alejandro’ y ese fue el nombre que elegimos.”
Claudia.

“Desde niña soñaba con una hija y quería ponerle Valeria, cuando supimos que era una niña, le dije el nombre a mi esposo y estuvo encantado.”
Laura.

“Hasta hace poco lo decidimos con mi esposo y cuando lo anunciamos todos empezaron a preguntar: ‘¿Por qué ese nombre? Así se llama yo no sé quién, o ahhhh eso es por el Tio tal…’ Nosotros tenemos nuestras razones propias que solo nos interesan a nosotros y ya.”
Paola

“Cuando anunciamos el nombre de nuestro hijo primera expresión fue ‘Qué horror! Qué nombre tan feo! Yo no le voy a llamar así’  Yo sólo me contuve a decirles ‘pues a nosotros si’. La gente tiene la mala costumbre de opinar sin respetar que la decisión es exclusivamente de los papás.”
Angela.

El milagro de la vida. La felicidad que trae un nuevo miembro para la familia. Un cambio total a la vida de sus padres. Abuelos ansiosos y expectantes, llenos de amor y con los brazos abiertos para recibir al bebé. Tíos felices porque van a poder tener un bebé sin tener que encargarse de la parte más difícil… Todo es paz, armonía y felicidad hasta que no hay un acuerdo en el nombre que le van a poner al nuevo bebé.

En lo que todos los papás nos ponemos de acuerdo es que la decisión es única y exclusivamente nuestra y que el nombre que hayamos decidido tiene un significado importante y muy valioso para nosotros. Eso debería ser suficiente para que todos respeten y no den opiniones que no hemos pedido pero, ya sabemos que siempre estará el inconforme que no es capaz de reservarse su opinión.

Nosotros estamos a las puertas de descubrir si estamos esperando niño o niña, los nombres ya los tenemos claros (si son detallistas, podrían identificarlos en la imagen de cabecera) sólo estamos esperando saber para empezarle a llamar por su  nombre y también para empezar comprarle cositas. Así es, aún no hemos comprado nada, ya uno con el segundo hijo sabe cuál es el momento apropiado para comprar, y una de las condiciones más importantes cuando es el segundo es saber el sexo, para ver cuáles cosas podremos reutilizar y cuáles no.

El tema es claro: eligen los papás. Pero si los papás están un poco indecisos -y en plenas conversaciones antes de tomar una decisión- aprovecharé nuestra experiencia reciente en ese debate/discusión; aquí les dejo algunas recomendaciones importantes para decidir el nombre de su hij@.

Tengan en cuenta sus apellidos.
Si sus apellido son bastante criollitos mezclados con indígena y un poco de español, entonces procuren un nombre parecido. Hay personas que no tienen problemas con poner un nombre extranjero con un apellido local y siguiendo la idea de este post, si a ellos les gusta está más que bien. Sin embargo, a los que somos más del español, les recomiendo utilizar nombres consecuentes con un López, Cantillo, Castro, Nieto, Mendoza, Cuello y semejantes.

¿Único nombre o con segundo nombre?
Este es un tema un poco borrascoso para mí, puesto que mi esposo es inamovible con el tema de único nombre. A mi me parece que hay nombres que se merecen un segundo, pero si no hay acuerdo y es niño, él tendrá la última palabra -claramente, si es niña, la tendré yo. En cualquier caso, de acuerdo a sus propias experiencias y opiniones, podrán determinar si quieren o no poner un segundo nombre a su bebé.

Conocer el significado del nombre.
Porque si, hay nombre que tienen unos significados muy feos y estoy segura que ninguno de ustedes querrá esas características en uno de sus descendientes. Hay muchos portales en internet sobre el significado de los nombres, así que no hay excusa para decir en unos años que no tenían idea que el nombre de su hija significa -según la Real Academia Española- ‘excremento humano’.

Sean originales.
Si bien hay nombres que se ponen de moda y que nos ahorran el trabajo de algunas neuronas al pensar en un nombre, es muy aburrido y algo abrumador que estés en un parque y grites el  nombre de tu hijo y más de 10 niños te respondan. Yo confieso que si me da mucha impresión cuando encuentro otros niños que se llaman Elías en la calle, yo pensé que era bicho raro por poner ese nombre, pero resulta que hay más bichos raros como yo por el mundo nombrando a sus hijos.

Permite que tu hij@ se pueda enorgullecer de su nombre con el paso de los años.
¿Cuántos amigos de facebook tienes que no se ponen su primer sino su segundo nombre en su perfil? Tengo varios. Pero es que si te llamas Mikaleidys Vanessa López Martínez, te sentirás mejor -y menos avergonzada- llamándote Vanessa López en tus redes sociales. Por favor padres, no pongan nombres que afanen más a sus hijos de cumplir los 18 para ir a una notaría a cambiárselos.

 

 

Seis ventajas de estar embarazada

Eran las 330pm, la hora más cruel entre el almuerzo y la cena, o debería decir, la salida del trabajo. Había bostezado unas quince veces desde que llegué de mi casa y no tenía la más mínima motivación de trabajar. Realmente no era capaz de decidir si lo que sentía era más sueño que hambre, pero estaba completamente segura que las dos habían hecho metástasis en mi. Y el mensaje llegó como enviado de Dios: “¿Quieres sushi? Baja a la cafetería.”  Y era ella,  ya ha aprendido a conocerme y sabe que a cualquier hora estoy dispuesta a comer; y estando embarazada ha sido mi cómplice, alcahueta y también víctima de mis antojos. Entonces bajé y me comí tres deliciosos bocados de sushi. Se me quitó la ansiedad de hambre y por la caminada también se esfumó el sueño.

Esa tarde pensé que estar embarazada si tiene sus ventajas. Es difícil encontrarlas entre el dolor de espalda, los senos inflamados, las náuseas de los primeros meses, los dolores frecuentes de cabeza, el estreñimiento, los cambios de humor, etc… Pero no hay duda que si hay algunas ventajas que podemos rescatar, por ejemplo, que una buena amiga te alimente un viernes en el trabajo a las 330pm.

La primera: Tus antojos son justificados.
Así es, todos y cada uno de ellos, sin excepción, sin juzgar por cantidades, sin regaños por la frecuencia. En este segundo embarazo no he tenido muchos, pero cuando los tengo me los como sin el menor remordimiento de conciencia. En mi primer embarazo me cuidé mucho y sólo subí 8 kilos y medio, en el actual, como no me ha provocado mucho comer apenas en cuatro meses y medio llevo un kilo. Si tu caso es que has subido mucho de peso, hacer una lactancia abundante y prolongada es muy buena idea.

La segunda: El cabello, el hermoso cabello.
Bien podrían contratarme para un comercial de una prestigiosa marca de productos de cabello. El mío está radiante, lleno de vida, sin frizz, liso, suave… Lo adoro en estos meses, no se me cae casi. Benditas sean las hormonas ¿La paga? En un año se me va a caer todo lo acumulado que no se me ha caído durante estos meses.

La tercera: Te ves linda incluso con una panzota.
Así te pongas un vestido que ya no te gusta (pero es de los pocos que te quedan), unos leggins llenos de motas, el cabello en un moño alto, cero maquillaje, cara de sueño, etc. Tus hormonas se encargarán que tu piel luzca como la porcelana, tu cabello brille cual diamante… siempre lucirás hermosa. Y la gente mirará tu pancita con ternura y te repetirá una y otra vez “¡Estás radiante!”

La cuarta: Adiós a al período (y sus dolores) por un buen rato.
Cada 28 – 30 días la misma historia. El dolor de senos de preaviso, los cólicos, la hinchazón, la cambiadera de toallas (o tampones), el no poderte acostar con tranquilidad, el revisarte cada vez que te levantas de una silla, la descarga que sientes cuando te pones de pie… todo eso queda en pausa por un buen rato. ¡1000 puntos para el embarazo!

La quinta (que no aplica en mi): El aumento del tamaño de los pechos.
Y digo que no aplica para mí porque estoy bastante satisfecha con su tamaño real, inclusive pienso hacerme una reducción en algún momento de mi vida. Pero si es verdad que muchas mamitas se ponen muy felices cuando ven cómo les crecen sus pechos. Tengo una amiga que incluso le cuestionaban si se había puesto implantes, ella no cabía de la felicidad. Yo no, me pesan más, me duele más la espalda y ningún bra me queda, estoy usando esos de maternidad que no son nada bonitos pero si muy cómodos.

La sexta:(cuando tienes otro hijo): Tu esposo te deja descansar más de la cuenta.
Son las 630am. Domingo. Mi hijo  se despierta con muchas ganas de jugar, insiste en levantarnos y nosotros no podemos con el sueño. Mi esposo -ese ángel personal que Dios me mandó- hace el sacrificio, se levanta y se va a jugar con él. Mientras tanto, me regala 30 o 40 preciados y necesitados minutos de sueño. Si el niño está cansado, él lo carga. Si sale corriendo, el corre detrás de él, le da la comida mientras yo levanto los pies después de cocinar, lo baña y lo viste… ¿Ya les había dicho que es un ángel?

¿Se les ocurre alguna otra?

 

Seis consejos para viajar embarazada

¿De vacaciones? Por fin lega diciembre y es la época en la que muchos deciden viajar. Si estás embarazada, ten en cuenta estos consejos para que la pases mejor.

1. Dile NO a las actividades extremas.
Ya sabemos que quieres aventurar en tus vacaciones, pero recuerda que hay una vida en formación en tu vientre, muy delicada. Consulta con tu médico qué es lo que puedes y no puedes hacer. Todos los cuidados que debes tener, la comida que tienes permitido comer y asegúrate que el lugar al que vas tiene todas las condiciones dispuestas para tu comodidad.

2. Lleva el estrés a su mínima expresión.
Es irónico pero inevitable estresarse cuando uno se va de vacaciones. El motivo más frecuente son los retrasos, ¿cierto que si?
¿Qué puedes hacer para reducirlo un poco? Planifica. Así aprovechas mejor el tiempo y no andas corriendo a última hora. Reserva desde antes el mejor asiento del avión, el hotel, el carro (sin van a alquilar) y todo eso que es indispensable a la hora de viajar. Lleva un bolso de mano lo suficientemente grande para que te quepan todos los esenciales:
– Meriendas sanas.
– Pañitos húmedos.
– Documentos de id.
– Lapiceros, bolígrafos, papel para escribir.
– Un buen libro (o tu kindle)

3. Cuidado con las infecciones vaginales.
¿Vas a la playa? ¿A la piscina? Evita estar mucho tiempo con prendas húmedas, ya sabes que eso propicia las infecciones. Recuerda que todas tus defensas bajan durante el embarazo, así que tienes que ser mucho más prevenida.

4. Acuérdate de tus pies.
Nuestros pies se hinchan mucho cuando estamos esperando, los calambres y los tirones musculares están a la orden del día y los dolores no se hacen esperar. Es mejor prevenir que luego estar lamentándose y no poder continuar con las actividades que tenías programadas.
– Acuéstate y levanta las piernas.
– Lleva calzado muy cómodo, así como la ropa.
– Al volar, mejor hazlo sin zapatos y usa unas medias gruesas si quieres andar por el avión.
– No te olvides de llevar curitas en caso de alguna rozadura del zapato.

5. Ahorra energía.
Ya sabes que cuando estamos embarazadas nos cansamos más. Nuestro cuerpo está en continuo esfuerzo incluso si estamos acostadas, formar una nueva vida no es trabajo fácil. No debes forzarte el mismo ritmo que llevarías si no estuvieras embarazada. Un bañito, una tranquila velada con tu novio/esposo, servicio a la habitación… te puede ayudar a recuperarte y a conservar un buen nivel de energía todo el viaje.

6. No postergues las idas al baño.
Ya sabes que tu vejiga está apretujada y no puede almacenar mucho líquido, es bueno que identifiques en todo lugar dónde están los baños para que no tengas que aguantar mucho tiempo sin ir. Lleva siempre tu propio papel higiénico y jabón antibacterial. ¿Emergencia? Te puedes valer de una botella de cuello ancho con muy buen cierre. También recuerda elegir asientos cercanos al baño en los aviones.

Y ante todo y sobre todo mantén siempre tu buen humor, ya sabes que el vuelo siempre puede retrasarse.

 

Presente con “P” de Papá

“Hola mamita, buenos días, la entrada es por el otro lado.”

Nos dijo la señora muy amablemente para indicarnos que estábamos en el lado equivocado del lugar. Y como en todos los colegios, centros de estimulación temprana o instituciones relacionadas con formación infantil, uno pierde el nombre y pasa a llamarse  Mamita o Papito.

Mi esposo se quejó y me dijo:

¿Y por qué no me menciona a mí? “Papito, buenos días, la entrada es por el otro lado” Papito también está aquí.

Mi esposo en su descontento expuso una realidad que tienen que vivir todos los papás (mejor dicho, aquellos que realmente se involucran en la crianza de sus hijos): nadie nos lo nota. La maternidad sigue amarrada a esa visión de madre sufrida y que le toca hacer todo sola así tenga marido. El marido se reduce a un ente sentado en un sofá viendo televisión mientras que la esposa se encarga de todo en la casa. La esposa a la que le toca todo, la que trabajan en una empresa de 8am a 6pm pero aún así debe continuar con la carga de la casa; algo así como mi mamá es otros tiempos. En La nueva paternidad  hablamos de esa hermosa generación de padres empoderados, para quienes la crianza de sus hijos se ha vuelto en el rol más bello de su vida y a pesar que son muchos -y siguen aumentando- la sociedad parece no darse cuenta de sus sacrificios y no les da la importancia que de verdad se merecen.

Cuando hablamos de crianza este mundo es realmente feminista. Los papás son muy ignorados: por ginecólogos, por pediatras, por profesores, por los amigos de los hijos, por las abuelas… casi que parece un complot en su contra. Desde el embarazo, todo gira en torno a la nueva mamá: la pancita, los antojos, el cambio de su cuerpo, sus cambios de humor, sus dolores, el movimiento del bebé, el crecimiento uterino, la -bendita- última fecha de menstruación, la hipersensibilidad a cualquier cosa animada y/o inerte, a las pataditas en la panza, a la forma de la panza, que si siente que es niño, que si siente que es niña…etc. ¿Y el papá qué? ¿Acaso no cuenta? Ellos también se asustan, se desvelan pensando en lo que viene, tienen millones de preguntas, siguen paso a paso el embarazo de sus mujeres, las cuidan, las protegen, complacen sus antojos, se aguantas sus cambios de humor, se resignan a estar más tiempo solos porque su mujer no para de dormir… definitivamente merecen más atención y reconocimiento.

Hace unos 10-15 años aproximadamente nadie se quejaba porque no había cambiador de bebés en el baño de los hombres, porque esa era función exclusiva de la mujer. Tampoco era común ver a un papá con una pañalera rosa de flores, corazones y mariposas cargando en el hombre por toda la calle sin el mínimo atisvo de verguenza. El papel tradicional del padre se limitaba a ser el proveedor y la disciplina en la casa.

Y es que ¿qué sería de mí sin mi compañero de vida alias“papito”  en este post? Pues nada, absolutamente nada. Él siempre será mi mejor complemento y mi pareja perfecta. Jamás me imaginé lo sexy que se vería jugando con Elías en el parque, es sencillamente delicioso contemplarlos.No me quiero imaginar mi vida sin su apoyo y sin su fortaleza, sin que él esté pendiente que no me coma cualquier porquería que se me antoja, me acompañe a las citas mientras me acuestan en la humillante silla de revisión de la doctora, sin que haga los videos del bebé, sin que me cubra cuando no doy más y juegue con Elías, sin que sea él quien cargue a Elías cuando se pone intenso y nadie lo aguanta. ¿Para qué entrar en detalles? Ese hombre se bandea todo, sin quejarse, sin gritarme  y siendo lo más dulce de este mundo. En esta aventura de la maternidad, él es el único responsable de que yo siga cuerda (o algo así).

Mientras una Alicia adolorida se quedaba sentada en la banquita del parque, un Jesús juega y salta al lado de un feliz Elías que llega de tanto en tanto donde mamá a dejarle un beso en la pancita. Otro papá cercano columpia a su niña pequeña mientras le canta una canción. Y otro un poco más lejano levanta a su hijo y le da un beso que se escucha a dos cuadras a la redonda. Si eso hubiera pasado durante mi infancia, un grupo de papás -comandados por el mío- se armaban de antorchas y salían a cazar a cuanto hereje osaba acabar con la hombría característica del macho alfa de la casa.

Ser un papá presente no es solo que estés ahí físicamente, implica necesariamente que dediques tiempo de calidad a tus hijos. Y que así como mamá, hagas sacrificios más allá de acompañarla durante veinte de los sesenta minutos que demora la toma nocturna. Deberías disfrutar cada etapa de tus hijos, cada una -por dura que sea- trae experiencias hermosas y enriquecedoras que si aprovechas ahora, verás resultados muy positivos en el futuro. Verás a tus hijos convertirse en personas de bien, seguros de si mismos, completos, exitosos y sobre todo en personas que saben y no temen expresarse, cosa que les abrirá infinitos caminos en la vida.

¿No tienes idea de cómo empezar? Aquí te dejo un regalito:
1. Saca tiempo para tu familia. Sin afanes, sin celular, sin televisor.
2. Educa con tu ejemplo. ¿Quieres que tu hijo sea una buena persona? Empieza por serlo tu mismo.
3. Ama y respeta a tu esposa. Si tienes un varón, le enseñarás a valorar a las mujeres. Si tienes una niña, le darás altos estándares al buscar esposo.
4. Disciplina con amor y respeto. Sin olvidar resaltar algo bueno cada vez que lo hagas.
5. Crea memorias y luego compártelas con ellos. Los momentos pasan muy rápido, pero los recuerdos no se borran nunca.

Un padre es el primer superhéroe de un hijo y el primer amor de una hija.