La dulce -y a veces interminable- espera.

Si de ganar premios nobel de paciencia hablamos, ya yo me gané 9: uno por cada mes del embarazo.

Y es que esta dulce espera se puede dividir en tres etapas:

1. 0-14 semanas: Naúseas y maluqueras
“A partir de tu primera consulta, comenzarás a hablar en ‘código de embarazada’ y cuando los simples mortales te pregunten cuanto tiempo tienes de embarazo, responderás ’12 semanas, 2 días’ y nunca ‘3meses’ “.1
JA! Si, debo confesar que me encantaba ver la cara de confusión de las personas cuando les decía cuántas semanas de gestación llevaba y que ellos me preguntaran “y eso, ¿cuántos meses son?” Pero a ver, que no es culpa de nosotras, los doctores de hoy se han apropiado del dialecto y a una enseguida se le pega.


Las maluqueras: Entiéndase por maluqueras ese no se qué que nos hace tenerle fastidio a un olor, sabor, objeto, persona, o cualquier cosa que se atraviese en nuestro camino una vez nos hemos safado de los brazos de morfeo. Mis ÚNICAS maluqueras: el olor del champiñón y la carne de cerdo.
Afortunadamente, fueron muy pocas. De no ser así me hubieran mandado temporalmente a vivir con mi mamá, porque “Alicia, ¿¡qué mas insoportable te puedes volver!?”

Mi embarazo fue muy tranquilo, y nunca supe qué eran unas naúseas matutinas, pero, si ya soy dormilona y floja de fábrica… Uds no se pueden imaginar cómo me puse en esos meses.
Y es que, es de esperarse! Mi cuerpo está formando otro ser humano y eso es agotador! Me dormía en cualquier lado y a cualquier hora, más de una vez me despertaron babeando en el escritorio mientras ya ni siquiera podía hacer pantomima, y mis noches sí empezaban con toda la voluntad a las 9pm y por mí, que nunca tuvieran fin.
¿Antojos? Pues yo vivo antojada SIEMPRE, mientras esté despierta siempre tendré un antojo en la cabeza, ¿ahora mismo? Cheesecake de fresa, alitas de pollo y dedito de narcobollo. No, no puse a mi esposo a correr a ninguna hora de la madrugada por algo irracional.

2. 15-26 semanas: Awwww el bebé patea!. 
“Justo en el momento que tu marido coloca la mano sobre tu panza, el bebé deja de moverse, y en el mismo instante en que la quite, el bebé pega una gran patada.” 1
Fue un ventitanto de enero de 2014, en el que sentí por primera vez a mi puntico de amor. Yo estaba sumamente ansiosa (vaya, qué sorpresa!) porque nadie me podía explicar cómo era que se sentía cuando el bebé se movía, me la pasaba atenta todo el día a cualquier sensación en mi panza que podría ser el primer movimiento.
Y el día que llegó, no tuve ninguna duda, fue una patada quita aliento que me dio justo en la unión entre la costilla y el hígado, y que me hizo sentir en el cielo por la dicha y la emoción.
Elías era un conejo en mi panza, aunque aún sigue siendo así. Él no tenía hora, en la mañana apenas me despertaba, después del desayuno, mientras iba al trabajo, en el almuerzo, en la siesta (cómo anhelo esos días que podía hacer siesta al mediodía), durante la jornada de la tarde, cuando iba camino a casa, cuando llegaba, mientras hacíamos la cena, mientras me la comía, etc.

PERO lo verdaderamente increíble era cuando -obligada- me veía un partido de fútbol, sobre todo cuando cuando cantaban el gol. Mi hijo es aficionado desde la barriga, saltaba como un conejo cuando escuchaba el himno de la champions y pateada sin parar cuando escuchaba “gooooooool” y esto no tenía excepción, cada vez, cada sonido, todos, tenían su reacción.
Hoy en día lo sigue celebrando, ahora corre con los bracitos arriba mientras grita “oooooooooooooooooo”

3. 26 – 40 semanas: Saquen. Al. Bebé. YA!

“Por muy regulares y fuertes que sean las contracciones, la futura madre estará más tranquila que su acompañante… hasta llegar al hospital.” 1

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A ver… las contracciones, se suponía que yo no las iba a sufrir, ¿por qué? Fácil! Cesárea programada! PERO resulta que -aunque mi hijo es una fotocopia de su papá- de mí sacó lo impaciente y ansioso, y el hombrecito quería salir desde los 6 meses y medio, pasé varios sustos y al final lo pude retener hasta las 38 semanas exactas.

Recuerdo perfecto: ese 17 de junio de 2014, martes (ya ven porqué el post los martes?), 2am y EL DOLOR. Ese día no dormí nada, el dolor era muy fuerte y no hacía sino dar vueltas en la cama, mi esposo cada 5 minutos me decía que fuéramos a la clínica, pero a mi me daba pena llamar a la doc a esa hora (si, pena, así soy yo)

Total, aguanté hasta las 6am y a esa hora hice la llamada, nos bañamos como pudimos y salimos a la clínica.
Muy a pesar que mi esposo manejaba con extremo cuidado, yo daba un grito con cada hueco que pasaba (vayan a decirle a nuestra dulce alcaldesa que aún tenemos esos mismos huecos) “Seraaaá queeee pueeeedeeees ir mas despacio??? A tí no te está saliendo un bebé por allaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyy!!!”, “Claro mi amor, ahora vamos a 5km/h”
Mi doctora, que sabía perfecto que yo no encajaba en un parto natural, seguía insistiendo al verme que había avanzado mi trabajo de parto… “Señor de los cielos! Dónde está mi epidural!!!???” Me llevaron al quirófano, me pusieron en posición fetal y.. Fui toda calma cuando hizo efecto, lo siguiente que escuché fue el llanto del dueño de mis risas.

Si, ya había nacido Elías, y ahora, ¿qué se supone que debo hacer?IMG_1570

  1. Simcovich, M., Duer, W. (1997). Leyes de Murphy del Embarazo (Y todo lo que viene después). Editorial Vergara.

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