De los mitos del embarazo y cómo supimos que era Elías.

Cualquier día estaba releyendo mis posts y caí en cuenta que no les había contado ese proceso de saber si era niño o niña lo que estábamos esperando; si acaso se lo habían preguntado, por aquí les tengo la respuesta. Hay unos que se llaman románticos porque quieren saberlo el día que nazca; yo, quería saber a las horas de enterarme que estaba embarazada.

esnino
Así tal cual la cara del papá cuando supo.

Yo nací el día que Dios tuvo una fuga de ansiedad y al parecer toda se derramó sobre mí. Recuerdo bien ese glorioso y maravilloso 19 de octubre de 2013, a las 400pm que nos enteramos que íbamos a ser papás; ya a las 410pm estaba super ansiosa porque quería saber si era un niño o una niña lo que venía, mi esposo ya acostumbrado, sólo me recordaba que había que esperar hasta los cinco meses para saberlo con certeza. A las 600 ya había visto en amazon el predictor que decía con la orina a las 10 semanas cuál era el sexo del bebé sin necesidad de ecografía, “cómpramelo mi amoooor!!” pero jamás me complacieron.

Creo que no les había dicho, pero mi pancita de preñada fue muy pequeña, ya yo tenía cuatro meses y nadie me creía a simple vista que estaba embarazada y hasta me ofrecían licor en los restaurantes a los que íbamos. Recuerdo la indignación de mi mejor amiga diciéndole al mesero “señor, respete! No ve que ella está embarazada?!” El tipo me miró con cara de confusión pero no le quedó más remedio que alejarse con el rabo entre las piernas. Y yo me quedaba con las ganas, y es que cuando estaba embarazada es que más me antojaba de una corona michelada, una caipiriña, una margarita o… lo que sea, y que conste que yo no tomo, media cerveza y ya estoy caminando en zig zag.

Nosotros ya teníamos claro -o al menos eso pensaba yo- cuáles eran los nombres para niño y para niña; de hecho, para niña lo tengo claro desde hace más de cinco años. Si era niño se iba a llamar como su papá, y no había lugar a discusión. Llegó el día de la ecografía de las primeras 12 semanas, esa ecografía en la que revisan los órganos que estén bien formados y fin de la historia; pero, nuestro querido doctor fue más allá y se aventuró a decirnos que parecía un niño y… eso cambió todos mis planes.

Resulta que mi querido marido me dijo que no le pusiéramos su nombre sino otro, y entonces todo mi historial de chrome se convirtió en una lista interminable de páginas de nombres para bebés, con sus significado, historia y personajes influyentes con dichos nombres. Hicimos una lista inicial e íbamos descartando hasta que quedaron dos opciones: Elías o Alejandro, y ya uds saben cuál ganó. Ese proceso se demoró varios, varios días.

Volviendo a lo pequeña de mi pancita; en mi trabajo TODOS me decían que era un niña porque estaba haciendo la barriga en las caderas, porque era redondita, porque no tenía maluqueras y es que las niñas son más tranquilas, porque la luna estaba creciente cuando lo concebí, porque no se me había manchado la cara, porque estaba radiante, porque hasta más bonita me veía, porque un mapache pasó al lado mío en ese momento… En fin. Otras personas estaban muy seguras que era un niño porque no tuve maluqueras, porque lo sentí bastante antes de lo normal, porque no me había engordado casi, porque las caderas estaban más crecidas, porque la luna estaba menguante cuando lo concebí, porque el cabello se me había puesto más brillante o, simplemente, porque la señora SENTIA que era un niño, ¡qué barbaridad! TODO lo que la gente se cree con derecho a opinar sobre la barriga de otra.

La verdad es que después de habernos sugestionado, yo no podía pensar que era una niña ni tampoco hablarle como tal, en mi corazón ya se había asentado la idea que un niño estaba brincoleando en mi pancita. Le hablaba como niño y soñaba con mi príncipe azul que iba a llegar, me leía todos los artículos de cómo es ser la mamá de un niño y de todo el amor que podían dar a su mamita, soñaba despierta con mi niñito jugando en el parque y pateando su balón. También imaginaba cómo se iba a escuchar su linda voz cuando me dijera “mamá” con unos ojos llenos de amor sólo para mí, tomarlo en mis brazos, mecerlo y besar esos cachetotes rojitos y gorditos, iba a ser el niño de mamá y yo no podía esperar que me lo confirmaran. Hasta que llegó ese sábado 1° de febrero: la ecografía de las 19 semanas que me confirmaría todo.

Ese día, llegamos al consultorio y ¡oh, sorpresa! Había dejado la carpeta del historial del embarazo y también donde tenía las órdenes de la ecografía, nos tuvimos que devolver a buscarlo y perder la cita, así que nos asignaron la última de la mañana, era sábado y no atendían en la tarde. Días como esos, agradezco que mi esposo sea lo más paciente que me he encontrado en mi vida, porque yo no dejo mi cabeza por ahí pues la llevo pegada al cuerpo. Antes de entrar me comí un masmelo y dos chocolates para que estuviera bien activo durante la ecografía (creyendo que de verdad eso me iba a servir)  y poder ver entre sus piernitas, pero nada que se dejaba ver, la cita era de 40 minutos y se nos estaba terminando el tiempo sin saber, ya me había resignado a esperar una semana más por la reprogramación de la cita. De un momento a otro, el doctor sacó una sonrisa y nos preguntó cuál era el nombre que habíamos decidido, los dos respondimos al unísono “Elías o Elena” y él sólo nos dijo “Saluden a Elías”. Recuerdo que agarré la pierna de mi esposo y se me salieron unas 33 lágrimas de felicidad, mi príncipe encantado, el niñito de mamá, había llegado. “Bienvenido seas, Elías, somos tus papitos y te amamos.”

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