Nos duele más a nosotros, pero, es por su bien.

Sábado 8am

Me desperté y grité para que alguno de mis papitos viniera a buscarme, vino mi mami y me dio una de esas sonrisas que tanto me gustan, después de llenarme de besos y decirme buenos días me llevó a cama donde papá ya me esperaba despierto y juntos hicimos la pereza de la mañana. Mi papi me lleva y me cambia el pañal y la pijama mientras mami está haciendo el desayuno. Me como el rico desayuno que ha hecho mami y juntos nos vemos un rato la casa de mickey que tanto me gusta.  Mi papi y yo nos damos un baño, luego mi mami y salimos a pasear.

Me han traído a un lugar que no recuerdo, hay muchos niños con sus papitos y me pongo a jugar con ellos. Mi mami me canta canciones y yo bailo y me río. De vez en cuando uno de esos niños risueños y juguetones entra por una puerta y sale llorando, no entiendo bien porqué. Mi mami me carga y me entran por esa puerta, hay unas señoras con bata blanca que me tratan muy amable y son muy dulces. Mi mami me dice que es por mi bien y que me va a doler un poquito pero yo no sé de qué me habla… “¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaauuuuuuuuu! ¡Mamiiiiii dueeleeee! ¡¿Qué es esooooo?!” Yo sólo puedo llorar mientras mi papi me tiene cargado y me habla tierno pero duele mucho y yo no puedo parar. Mi mami me da mi tete y mientras me lo tomo siento que el dolor se va y me quedo dormido en brazos de mami. Ya acabó, aquí ya me siento a salvo.

Hoy es día de vacunas. Deberíamos llevarlo otro día, o quizás ser de esos papás antivacunas que no le ponen ni una a sus hijos y allí están lo más de bien. Yo misma soy un ejemplo, mi papá dejó de aplicarme varias y aquí estoy buena y sana. ¿Por qué será que no pueden hacer las vacunas todas orales? ¿Por qué tengo que dejar que le causen ese dolor a mi pequeño? Si, es verdad, yo misma lo sé que es por su bien, pero, ¡cuánto dolor que me causa! Ver sus ojitos mirándome como pidiendo ayuda, luego escuchar sus gritos de dolor, su llanto, ver sus lagrimitas y sólo poderme consolar pensando “Es por su bien”, aunque eso no calme las lágrimas que salen de mi corazón.

Ese “es por su bien”. Recuerdo tantas y tantas veces que mi mamá me lo decía, y jamás supe que ella lo decía con más dolor que con el que yo lo recibía. Nosotros los padres debemos aguantar muchas cosas, cosas que nos duelen y nos abren, pero que debemos ignorar y hacernos los fuertes por el bien de ellos, de nuestros hijos. Quisiéramos que todos los dolores se nos pasaran a nosotros y que ellos dejaran de sentirlos, mataríamos por evitarles cualquier daño y somos capaces de cualquier cosa con tal de hacerlos sentir mejor.

El día de vacunas es de los más dolorosos para nosotros, ver a nuestros hijos llorar y pedirnos ayuda con sus ojos esperanzados y que no podamos hacer nada, nos mata, nos aniquila, nos destruye. Recuerdo bien las primeras vacunas, esas que son a los dos meses. Yo llevaba a mi bebé muy dormido en mis brazos y no fui capaz de sostenerlo mientras lo inyectaban, esperé afuera mientras mi papá y mi esposo lo sostenían y sólo pude llorar cuando escuché sus gritos y no veía el momento en que lo sacaran de allí para poderlo volver a cargar.

Mi esposo y yo siempre vamos juntos a estas citas, pero, una vez me tocó ir sola y me acompañó mi papá; en ese entonces Elías tenía solo cuatro meses y las vacunas se las ponían en las piernitas. A mí me tocaba agarrarle la piernita para que no la moviera, y del mismo nervio y no poder ver mientras lo puyaban se me soltó la piernita y al pobrecito se le hizo un moradito en el lugar de la aplicación. Ese día si lloré con muchas más ganas y sentimiento de haber sido la culpable que la cosa se pusiera peor. También me demoré en hacerle el tete de consuelo, así que lloró más tiempo que de costumbre, cada grito era como una punzada en mi corazón y estaba más traste que de costumbre para prepararlo; finalmente lo terminé y el se aferró a su tete y poco a poco se fue quedando dormido. Los días siguientes tuve especial cuidado con la zona y la bolita se fue quitando poco a poco. Es verdad que la inexperiencia y esa sensibilidad de ser madre a veces le sale muy caro a nuestros pequeños. Ojalá esos días no existieran y nuestros hijos nacieran ya con todas las inmunidades que necesitan y que nunca, nunca se enfermen.

Y no me malinterpreten, mejor que uds sé que Elías es prestado y que no me creeré lo rápido que llegará el día en que vuele con sus propias alas y deje de ser mi bebito y que también va a sufrir y no voy a poder evitarlo, pero, mientras disfrutaré y atesoraré cada momento junto a él. Cada momento que aún lo siento mío con el alma y que soy el centro de su universo, cada abrazo que me da con sus fuertes bracitos, cada besito babosito que pone en mis cachetes, cada “mama” que me dice con su voz de angel precioso, cada risa que sale de su boca cuando hacemos cosas chistosas, cada mirada de amor como dándome las gracias por amarlo, cada pasito que dio para aprender a caminar, cada palabrita que sale de su boca, todo de él, todo eso permanecerá para siempre atesorado en mi corazón. Y es que no hay amor más grande que el de una madre por su hijo, y de eso estoy llena hoy.

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