La matriz DAFO de una mamá 

Una mujer -generalmente- es sensible por naturaleza, y cuando nos convertimos en madres, esa sensibilidad se eleva al cuadrado teniendo en cuenta que nuestro corazón ahora camina por el mundo sin la más mínima noción del peligro. De los más grandes cambios que sufrirás una vez seas madre, son los que vas a sentir en tu corazón y en tu mente, te convertirás en una mujer nueva literalmente en un abrir y cerrar de ojos. Es justamente en nuestra matriz que se forman nuestros hijos; y cuando la estrenamos es que conocemos cosas que jamás hubiésemos imaginado:

  • Lo fuerte que podemos llegar a ser.
  • Los miedos que nunca habíamos sentido.
  • Situaciones/objetos  que se vuelven un peligro.
  • Las oportunidades de crecer más claras y evidentes.

Ya no nos asustan las mismas cosas, nos sorprendemos otra vez con pequeñas cosas de la vida, disfrutamos de verdad de esos pequeños momentos, aprendemos plenamente cómo es que se usa el corazón, tenemos la oportunidad de vivir en toda su expresión lo que es ser una mujer, nos replanteamos la vida, todo nos da un giro y debemos organizar nuestras prioridades.

Nuestras debilidades, las amenazas del exterior, nuestras fortalezas y las oportunidades de crecer y de mejorar toman un nuevo sentido. Casi todo (porque no todo) gira en torno a esa personita y nuestros pensamientos también; ellos fueron quienes nos hicieron madres, así que ellos tienen ahora CASI toda nuestra atención. Por ejemplo, si ahorita le aplicaran una matriz DAFO a esta mujer que les escribe, el resultado sería muy sencillo y muy plano:

DAFO

Debilidades
Poco después de cumplir su primer año, Elías se enfermó. Al principio pensábamos que era un virus y que en tres días se le iba a pasar la fiebre, pero no fue así, la fiebre siguió por más de 3 días, más alta, más frecuente y para colmo de males él no quería comer nada, estaba muy bajo de ánimo y eso es terrible. Lo llevamos a la clínica, y siendo mi hijo un terremoto con paticas, estuvo TODA UNA MAÑANA acostado en mis brazos sin ánimos ni fuerza para moverse. No saben cuántas lágrimas derramé mientras intentaron canalizarlo y mi hijo gritaba y gritaba del dolor, lo puyaron muchas veces sin éxito, hasta que Dios me puso a una enfermera que pudo hacerlo de una vez. Vimos una mejoría al día siguiente, pero la fiebre insistía, con la misma frecuencia y muy alta. Estuvimos una semana en la clínica y les digo que fue de los peores días de mi vida, me adelgacé casi 3 kilos y andaba demacrada.

No hay peor cosa para una madre que ver sufrir a su hijo, yo quería estar en su lugar y que me tocara vivir todas esas cosas a mi y no a él. Mi corazón vivió arrugado todos esos días y jamás quiero repetirlos y tampoco que ninguna mamita viva eso. Me sentí en la gloria cuando por fin me pude llevar a mi hijo a mi casa y cuando volvió a ser mi niño travieso, comilón y juguetón de siempre.

Amenazas (Y no es Elías una amenaza, aclaro)
Lo más cotidiano, lo más común que puede haber en una casa ahora es un peligro potencial.

El inodoro es ahora un peligro potencial de ahogamiento, así mismo la lavadora y cualquier recipiente grande con agua que sea utilizado por el niño sin la debida supervisión de un adulto. Cosas tan cotidianas como el detergente, el clorox, el líquido de pisos, el suavizante, etc. Se han convertido en venenos y en sustancias incluso mortales. Los muebles ahora deben ser con puntas redondeadas porque nuestros caminantes pueden lastimarse la cabeza. La cocina es una zona prohibida para ellos. Ni hablar de las ventanas, Elías no había nacido y ya yo había cotizado todos los proveedores de mallas de seguridad de esta ciudad. Para nuestros nuevos exploradores casi todo representa un peligro, y por eso somos nosotros los que debemos estar ahí para evitar que algo le pase.

Fortalezas
Yo soy una nena completa, le tengo miedo a muchas cosas y me  he desmayado varias veces por los nervios y/o dolor; esto fue mi razón principal para decidir tener una cesárea en lugar de parir. El día que nació Elías sólo fuimos mi esposo y yo y el tuvo que hacer las 33 mil vueltas que pide la clínica para un nacimiento, así que me quedé sola un buen rato. Ese tiempo se me hubiera hecho más eterno si los doctores no se hubiesen puesto a hablarme y calmarme; pero a ver, se necesita más que un equipo de cirugía para distraer mis pensamientos. Tenía mucho miedo y estaba intranquila. Me tomé unos minutos que me dejaron sola para orar y pedirle a Dios que por esa media hora me hiciera una mujer fuerte y que mientras Elías dependiera de mi vida me mantuviera alerta.

Llegó el momento y yo temblaba, no por el miedo sino por el frío tan miserable que hacía en el quirófano. Estuve alerta y cero miedo todo el tiempo, hasta chiste hice con el anestesiólogo, hasta que me mandaron a callar.  ¿Dolor de la anestesia local? Cero. ¿Dolor de la epidural? Cero. Así estuve hasta que escuché el sonido más hermoso en ese momento, un “ñuaaaaaaaaaaa!”. Mi hijo nació a las 802am, aunque su Nacido vivo diga 8:10am. Después que el salió, si pedí que me durmieran porque sentía todos los estrujos en mi panza. Por amor a él saqué una fortaleza no propia de mí, porque eso es lo que hacen los hijos con uno.

Oportunidades
Después de un tiempo de sentirme perdida en pañales, mocos, babas y todo el caos que implica ser nueva mamá, me encontré. La mujer que encontré es una muy feliz, se siente llena, completa y está segura que el ser mamá es el mejor papel que puede desempeñar en su vida. Y es que no hay nada que la haga sentir más viva y especial que cuando su pequeño hijo le abraza o le da un besito. Era esto lo que le faltaba para sentirse completa, lo que respondió sus respuestas acerca de su lugar en el mundo y para qué había venido.

Entonces si, mi hijo me dio la oportunidad de saber quién soy en realidad, y también puedo marcar su vida en una forma que nadie más podrá, y eso, eso es las más hermosa y valiosa oportunidad de conocimiento propio y crecimiento que la vida de me ha dado.

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Ser mamá es lo segundo mejor que me ha pasado en la vida.

 

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