Mi hijo ya duerme en su cuarto, ¿y el tuyo?

El afán de andarnos comparando llega a límites impensables. Como si se tratara de una competencia, hay mamás hijuemadres que son capaces de hacerle a uno esa y otras muchas preguntas y comentarios sin la más mínima sensibilidad. A ver, en cuanto a la dormida -como todo en la vida- hay para todos los gustos: el colecho, que duerma en su cuarto desde el primer día, que duerma en su cuarto a los 6 meses, ponerle chupo, la cunita en el cuarto de los padres, una cunita pegada (literalmente) a la cama de los papás o bien, que todos durmamos en la cama del niño para que no se sienta solo.

Entre los primeros sacrificios fuertes de convertirse en  padre, está en mi top 5 el sacrificio del sueño. Dicen que uno se convierte en una leyenda si en las dos primeras semanas de vida de tu bebé logras dormir por más de tres horas consecutivas. Esos días nos enseñan de golpe que nuestra era en que el amor a nuestra cama era sagrado, ha terminado. Ahora nuestro amor tiene manos, pies, corazón y horario propio, señores… Y el mío, el mío me llegó con horario francés y sueño de policía.

La primera semana sin dormir todavía me sentía “bien”, pensaba que no era tan grave como me lo habían pintado, podría sobrevivir. Pero, al mes en ese trote ya no era yo; era un zombie malgeniado e irritable que no aguantaba ni medio chiste. Eso de dormir poco es agotador. Mi hijo al mes y medio fue que vino a dormir 5 horas seguidas pero eso duró muy poco. Yo convencida y feliz de que iba a ir a aumentando las horas de sueño, pero lo que hizo fue mantenerlas o disminuirlas a veces. Mientras estaba de licencia no me daba tan duro, pero cuando entré a trabajar fue como el Apocalipsis después de un Armagedon.

En la cita de los tres meses la pediatra me recomendó reemplazarle el tetero de la madrugada por uno de agua, para que se aburriera y ya no se despertara más. Algunas madres desalmadas me aconsejaron que lo dejara llorar y ya. Que a los varios días de llorar allí solo se iba a aburrir y ya no iba a llorar más. Ese mal llamado “método” de dejarlos llorar… ¿Qué rayos es eso? Es un BEBÉ, el NO sabe manipular, no sabe sino que necesita a sus cuidadores para sentirse seguro, ¿cómo es posible que me digan que lo deje solo? ¿El qué carajos va a saber lidiar con el abandono y la soledad? Y no me tomen como que no sé de lo que hablo. Yo lo intenté todo.

Primero intenté el tetero con agua, tuve paciencia porque después de una semana mi hijo aún se despertaba. Probaba el tetero de agua y lo dejaba, “ya se aburre ahorita” decía yo. ¡Y qué equivocada estaba! Resulta que lo único que conseguí es que mi hijo adorara el agua y poco a poco le fue cogiendo el gustico, entonces, ¡no se despertaba a pedir tete de leche sino agua! Ahora agradezco eso porque se toma un vaso completo de agua sin chistar ni media. Intentamos como por dos meses ponerle el chupo pero un día se lo boté a la basura, ¿para qué crearle más dependencias innecesarias? Entonces estaba esta “opción”: ¿Dejarlo llorar? Con toda la pena del mundo les diré que sí, lo intenté. Pasaron dos, tres, cinco minutos y no pude más… Salí corriendo a su cuarto y lo que vi me rompió el corazón en mil pedazos.

Elías tenía casi tres meses. Lo encontré llorando y moviendo su cabecita como buscando algo -o alguien- y cuando me vio a mi lloró con más fuerza, estaba todo agitado, rojito, con sus manitos muy tensionadas apretando sus cachetes, la sabanita bajo su cabeza estaba mojada de sus lagrimitas y yo también me puse a llorar. “Jamás te vuelvo a hacer esto, hijo.” Le dije. Lo tomé en mis brazos, me lo llevé a nuestra cama, le di teta y a los dos minutos se quedó dormido en mi costilla. Ellos no piden comida, piden compañía, no quieren dormir solos, necesitan a sus papás, tienen pechiche, ¡son bebés!. Desde esa noche, seguí mi propio método para enseñarle a dormir: el que él mismo trajo de fábrica. Nos dio duro y pasábamos cansados, pero mi hijo con el tiempo aprendió a dormir solo, cada vez aumentó un poquito más la cantidad de horas. Todo fue a su ritmo, si nos llamaba, lo buscábamos y lo acostábamos con nosotros en la madrugada, y seguíamos durmiendo los tres hasta que la alarma sonaba.

Entonces, en mi humilde opinión, ¿Método de enseñanza del sueño? Aprende del que traiga tu hijo. Basta de leer tantos libros y pendejadas que enseñan unos tipos que nunca lo han aplicado y deja que las cosas tomen su propio cauce. Elías desde los once meses duerme hasta 12 horas, en su cuarto y sin molestar. Y si le da pechiche uno o dos días a la semana, lo pasamos a nuestra cama. Y allí, los tres, dormimos más sabroso.

Sólo tengo que ajustar un pequeño detalle: que uno no duerme atravesado en la cama.

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6 thoughts on “Mi hijo ya duerme en su cuarto, ¿y el tuyo?

  1. Qué buen artículo, Ali! Gracias por compartir, de la manera más sencilla y práctica, tu experiencia y conocimiento en el maravilloso mundo de la maternidad. Éxitos!

      1. De nada, solo tengo sobrinos pero tienes mucha razón, las personas solo critican la forma de crianza ajena. Cuando tenga un bebe tomaré en cuenta tus consejos por que no es como uno quiera es con el reloj que ellos vengan. ?

  2. El mayor de mis hijos, dormía con nosotros y cuando tenia 2 años se levantaba y le tocaba la puerta a los abuelos y pasaba el resto de la noche con ellos. Cuando nació la niña dejo de levantarse. Luego cuando el mayor cumplió 5 se mudaron con la abuela. Cuando estaban mas grandecitos trataron de dormir solos, pero en la noche se visitaban y amanecían en el mismo cuarto, desde entonces siguen juntos. jajajaja Y la abuela también.

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