Amo a un hombre, y no es mi esposo.

Sus ojos grandes y marrones me derriten. Su piel es tan suave y tersa que no me puedo resistir a tocarle. Sus cabellos marrones brillan como el sol al amanecer. Su voz es música a mis oídos y me siento en el cielo cuando me habla. Sus brazos son fuertes y me abrazan con amor puro y desinteresado.  Sus piernas son hermosas. Su fuerza es mucha y sorprende a todos. Su risa es un deleite que alegra el corazón. Su mirada ve lo más interno de mí y me hace sentir hermosa. Su corazón es enorme, su mirada es cálida y su ternura no conoce límites todavía. Soy toda amor cuando estoy con él y daría lo que fuera por nunca separarme de su lado. Es mi amor puro y verdadero, y me llama “mamá”.

Supe de él desde hace dos años, tres meses, ventisiete días y veinte horas. Y desde ese momento me moría de amor por él. No fue un amor a primera vista, fue y es un amor ciego, loco, divino, perfecto y natural, tan natural, que me hace olvidar que soy un ser humano imperfecto, llena de errores y de limitaciones. Con él puedo ser y hacer de todo. Hace que saque fuerzas de donde no las tengo. Puedo ser dulce, romántica, autoritaria, comprensiva, juguetona, chef, maestra, abogada, psicóloga, regañona, cantaletosa. Él me ha hecho ver lo mejor de mi y sacarle el máximo provecho. Es mi viva inspiración y lo más maravilloso y sorprendente que anda por este mundo.

‘Estoy enamorada de mi hijo.’ Es quizás lo más parecido que se puede expresar con palabras, lo que siento por él. Me parecía incorrecto cuando las mamás se expresaban así de un hijo. Y Dios! De qué manera me ha callado la vida! Era una ignorante, y una muy atrevida. El amor por un hijo es más, el enamoramiento no lo abarca todo, pero si es un excelente acercamiento al significado. Porque, ¿entonces cómo le llamas a todo esto que siente tu corazón? ¿Todos estos sentimientos que afloran en tu ser y que antes no tenías la más remota idea que podían existir? Hay días que me pierdo en sus ojos y no me puedo creer que sea su mamá, ha pasado tan poco tiempo y él ha crecido de una manera descomunal. Quisiera detenerlo en mis brazos y al mismo tiempo ver cómo avanza su vida.

Recuerdo como si fuera ayer cuando lo vi por primera vez, estaba en su incubadora de transporte al lado mío en la sala de recuperación; yo estaba muy adormilada por la anestesia todavía, pero me resistí a quedarme dormida, todo por mantener agarrada su camillita y que no me lo quitaran de al lado. Me quedé contemplando cómo dormía con sus ojos cerraditos y sus manitos en sus mejillas, era sencillamente perfecto y yo, yo no lo podía creer. Era parte de mí, había estado en mi vientre, esos bracitos, esas manitos, todo eso se había formado de mí. Si eso no es un milagro entonces no sé qué sea. Para mí, es el milagro más increíble de mi vida.

Algún día, cuando ya él haga uso de razón y entienda todo lo que le diga. Le voy a explicar cómo es que su sonrisa me ha hecho vivir en un mundo completamente nuevo.

firma

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