Ángeles llamados Abuelos

El papel de padre jamás termina. Uno siempre estará allí para sus hijos y será su apoyo incondicional. Mis papás han sido los pilares de mi vida, mis cimientos y mi base. Hoy en día les debo lo que soy y le estaré eternamente agradecida por todo lo que hicieron, lo que hacen y lo que harán por mí; y ahora también por mi hijo.

Siempre me imaginaba cómo sería cuando la vida me diera la oportunidad de darles un nieto. Después de casarme, no quería apresurarme y realmente me tomé mi tiempo con mi esposo para hacer de todo, disfrutarnos en pareja y hacer toda la pereza que ahora no podemos hacer. Llegó el día en que sentimos ese llamado de la paternidad y bueno, ya conocen a Elías.

Desde mi embarazo tenía muy claro que Elías tendría su nana pero siempre bajo la supervisión de mis papás. Les confieso que el dejarlo con ellos me hizo 60% más fácil regresar al trabajo. Mi papá ya estaba pensionado y mi mamá se pensionó cuando Elías tenía 11 meses y creo que tanto por mí, por ella y por Elías ha sido la mejor decisión que pudo tomar.

No es raro encontrarse diariamente con artículos que hablan de las ventajas que tienen los niños que los cuidan sus abuelos, de todos los beneficios que les traen, de las huellas imborrables que quedan en su corazón,etc. Pero yo no soy doctora, ni investigadora ni nada de eso; soy una mamá que ha vivido de primera mano todas esas ventajas y ha visto un cambio fenomenal en sus padres. La vida de Elías es mejor con ellos y él les ha cambiado la vida a ellos del cielo a la tierra. ¿Por qué? Pues ya les voy a contar.

Rutinas. Ahora sus rutinas obligatoriamente incluyen juegos, correndillas, aeróbicos y demás actividades físicas. Un pensionado tiende a ser bastante sedentario, pues ahora no. Van dos veces al día al parque, salen de compras con él (que aplica como maratón), los juegos en la casa, la aventura que significa darle de comer y otras cosas. Realmente con Elías no hay día aburrido.

Chao, dolores. Mi mamá frecuentemente se quejaba de dolores en distintos lugares del cuerpo. Ella misma me ha contado que desde que hace todo este ejercicio con Elías se le han pasado, siente que tiene más energía y vitalidad. ¡Entonces mi hijo los ha curado!

Aprovechar tiempo perdido. Mi papá trabajaba mucho y casi no disfrutó nuestra infancia. Así que ahora se está desquitando viviendo minuto a minuto la incontrolable infancia de mi hijo. El amor entre ellos es algo que no puedo explicar, Elías abre el ojo en la mañana y lo primero que dice es “¡Tito!”

Hola, señores abogados. Quizás el dolor de cabeza más grande para los padres es que ahora los abuelos se han dedicado a estudiar las leyes de alcahuetería infantil, y se las aprendieron de memoria. Entonces Elías tiene abogados gratis, leales e incondicionales a los que busca cuando más le conviene: cuando usa los switches de la luz como juguete, se monta donde no debe, colorea en una impecable y blanca pared o simplemente no lo dejo hacer lo que se le da la gana.

¿Cansancio? En estos días que no tengo niñera (¡Auxilio! Si alguien me pueden recomendar, soy toda oídos) ellos están tiempo completo y 100% al cuidado de Elías. Cuando salgo del trabajo, les ruego que ya se vayan a descansar que yo me encargo de él y ellos se niegan. Se quedan otro rato más corriendo cual colegiales detrás de un niño pequeñito y explorador.

Risas, risas, risas y más risas. Lo que más feliz me hace a mí, creo que ha sido la época en que más los he visto reírse. A sus escasos 23 meses Elías es un verdadero payaso. Sale con cosas que uno no entiende, pero que causan risa. Se ríe solo y su risa se contagia. Hace maromas y uno no puede evitar reírse. O sólo una expresión de su cara es suficiente para que todos alrededor se rían a carcajadas.

A pesar de la pena y el estrés que me da cargarlos con esa responsabilidad (que tengo muy claro que es nuestra, de sus papás) me siento más relajada de verlos así, porque sé que son muy felices. Eso sí, los fines de semana, Elías es nuestro. Entonces llaman a pedir que se los llevemos así sea un ratico porque lo extrañan. Después de todo el cansancio y al agotamiento, estar con Elías tiende a ser enviciador, doy fe de ello.

Ver el cambio en la vida de mis papás es más de lo que había soñado para ellos con un nieto. Sus sonrisas no tienen precio para mí. Recuerdo alguna vez que estaba hablando con ellos y mi papá me dijo:
-Hoy venía en el carro y pasé por un parque y vi unos niños como de 6 o 7 años jugando con la pelota. Me pregunté cómo sería Elías a esa edad, ya grandote y más independiente. Algunos niños estaban con sus abuelos y otros con las niñeras. Y le pedí a Dios algo que no le había pedido nunca.
– ¿Qué cosa, papi?
– Yo nunca he querido llegar a tantos años de viejo, tu sabes.
– Ajá… ironico
– Bueno. Por primera vez le pedí a Dios que me diera mucho más años de vida para poder estar en la de Elías.

Una lagrimita corrió por mi mejilla y lo abracé.

 

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