Hola, señor berrinche.

*Imagen de cabecera tomada de internet porque no tengo fotos de un Elías berrinchoso.

No es que sea un gusto saludarle pero ya que llegó, siéntese y hablemos un rato. Ya sabía que llegaría pero no tan pronto, según lo que me contaron aún faltarían unos quince días para su fastidiosa llegada, pero si se adelantó no tengo más remedio que lidiar con ud.

Antes de su llegada mi hijo era todo paz y risas. Ahora es un ciclo impredecible de llanto, risas y rabias. Ahorita está feliz jugando a las cosquillas con su papá y al minuto lo veo tirado en el piso llorando porque no le dejamos tomarse el agua del inodoro. Es algo incomprensible ud, déjeme decirle. Pero soy una mamá moderna, de esas conscientes que no nos las sabemos todas y que escuchamos y reflexionamos cuando nos dicen algo nuevo. Pero, dejemos de hablar de mi,  cuénteme de ud, vamos a hacernos amigos. De pronto así no nos llevamos tan mal y -decepcionado- decida irse.

Hasta ahora el único berrinche en esta casa era el mío, ese si es verdad que jamás se fue, al parecer mi mamá lo consintió mucho y se amañó. Así que puede entender que su estadía no debe ser muy larga: NO hay espacio para dos berrinchosos en esta casa (y que lo diga mi esposo). Como el mío -mi berrinche- ya está domesticado y no hace tanto ruido como ud, decidimos adoptarlo como mascota hace cinco años. Hasta ahora lo hemos tolerado, educado y se ha transformado en un ser que la mayoría del tiempo tiende a ser agradable, pero aún así no da cabida para otro  más.

Entiendo que ud es una manifestación de la individualidad recién aprendida de mi hijo, también sé que no es que me lo tenga que aguantar para siempre, o más bien, así espero que sea (no se que corra con la misma suerte que mi mamá) Para serle sincera, espero que su visita sea muy corta y para eso voy a poner todo mi empeño en conocerlo y así hacerlo desaparecer, puede estar muy seguro que me voy a volver su peor pesadilla y actuaré de la forma que ud menos se espere para que nunca jamás se sienta en su hogar.

“¿Y cuál es tu estrategia para hacerme desaparecer? Debes saber que soy muy persistente, terco y que no me calmo hasta conseguir lo que quiero.”  Primero: no me tutee. Segundo: no tiene ninguna necesidad de describirme su manera de ser, le recuerdo que he convivido con un paisano suyo por 31 años. Pero si tanto le interesa saber,  he decirle que aunque no tengo nada definido he leído mucho y he puesto unas que otras cosas en práctica (algunas con éxito y otras que no), así que si puedo darle una respuesta un poco más estructurada de lo que ud está creyendo. Aquí le van.

Seré fime y pondré límites claros.  ¿Yo, blanda? Eso jamás. Si Elías me pide televisión para que pueda comer me mantendré firme y le pongo Mickey en volumen bajito para que no se de cuenta. Así el come y yo feliz que lo haga. Eso es ser muy coherente, ¿verdad?

Voy a tener mucha paciencia y jamás gritaré a mi hijo. ¿Perder la paciencia? ¿Qué es eso? Yo jamás he gritado a Elías después que ha llegado sorpresivamente y me ha mordido en la cadera mientras estoy picando tomate. En esos momento sólo respiré profundo, conté hasta diez y le dije “¡Oye, niñito! ¿Quién te dijo que yo soy perita de morder? ¡Quieto!” 

Me pondré en sus zapatos y recordaré cómo era ser un niño. Claro que debe ser una etapa muy confusa para ellos. Ya se ha dado cuenta de todo lo que físicamente es capaz de hacer, y debe ser muy frustrante que llegue un adulto a decirte que no puedes tirarte de cabeza por el resbaladero porque seguramente te vas a descalabrar. Si, es muy difícil ser un niño.

Le enseñaré otros nombres a mi hijo para que nunca sepa el suyo.  Rabia, ira, enojo, frustración, etc. Cualquiera menos el suyo, no lo voy a enseñar jamás a aceptarlo. Las emociones humanas son reales y hay que aprender a manejarlas, de eso me encargaré de enseñarle.

Música. Hemos descubierto que nuestro hijo ama la música. Recientemente descubrimos (gracias a su manía de jugar con el radio del carro) que le encanta la música de Emisora Atlántico, todas esas salsas y porros viejitos hacen que mueva su cuerpecito y que ESA sonrisa aflore. Hacer que “toque” un instrumento musical o ponerle música bailable a Elías mejora su estado de ánimo enseguida. Jaque mate.

Y si nada de esto funciona, algún día van a ver a una berrinchosa y joven señora gritando y llorando en el piso del centro comercial, mientras que su hijo de dos años la mira atónito y con la boca abierta. Bulla + Bulla = Silencio.

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