Los niños juegan de cartón

Estábamos comiendo-aunque ese día Elías estaba en huelga de hambre- en un restaurante, mi esposo y yo nos sentamos frente a frente y Elías en una silla de niños a un extremo de la mesa. En un momento yo estaba distraída mirando hacia otro lado y escucho a mi esposo decir con su voz de MUY pocos amigos.

– Por lo menos discúlpese, sabemos que fue sin intención, pero pida disculpas por el niño.

Cuando él pone esa voz, sé que está muy molesto y para no echar más leña al fuego, mejor le hablo pausada y delicadamente. Yo miré hacia Elías y era evidente que su silla se había corrido bastante. El tipo contesta de mala gana:

– Sí señor, qué pena, disculpe, pero no fue con intención.
– Le dije que sé que fue sin intención, sólo le estoy pidiendo que se disculpe porque le pateó la silla al niño y hace como si nada.
– Sí, señor. Disculpe.
– Muchas gracias, es lo menos que puede hacer.

La esposa del tipo le preguntó a su esposo qué había pasado y yo sumergí al mío en otro tema para calmar las aguas.

Cuando yo era niña y jugábamos en un grupo grande y había un niño más pequeño que nosotros que quería jugar, lo dejábamos y le seguíamos la corriente pero siempre hacíamos la aclaración “Juanito juega de cartón.” Como quien dice que juega de mentiritas pero no le hagan el desplante de sacarlo porque pobrecito. Hoy en día la gente vive como si los niños jugaran de cartón en todo y todo el tiempo, pero no debería ser así. De hecho, sus derechos deberían ser prioridad en cualquier contexto. Ese irrespeto a los más pequeños se ha convertido en una tendencia general. Y yo me imagino que se debe a que la gente sólo respeta cuando el afectado se puede quejar, más bien por miedo a una reacción, pero como un niño no reacciona y no habla entonces a aprovecharse de él se dijo; al pequeño, caerle.

Después del episodio del tipo que golpeó la silla de mi hijo me puse a pensar cuántas veces los adultos se creen con derechos por encima de los niños y no les dan la prioridad que merecen. Los casos van desde aberrantes abusos hasta cosas tan sencillas como tocarle la cabeza a un niño ajeno sólo porque les parece muy lindo. Y no es sólo cosas de adultos, los jóvenes también aplican lo mismo con los más pequeños; un día que Elías “jugaba” en una maquinita llegó una jovencita y lo ignoró por completo y se disponía a jugar. Lo que ella no contaba era que la mamá de Elías lo iba a defender y la dejé esperando hasta que Elías terminó.

En los centros comerciales hay un comportamiento común. Uno va con coche, carrito de compra, pañalera y bebé a cuestas, llama al ascensor y cuando llega hay una partida de flojos buenos y sanos que bien pudieron haber tomado las escaleras eléctricas. Uno se queda como pasmado mirando la escena, intercambiamos miradas de rechazo y lo peor es que NADIE es capaz de darle espacio al niño, se limitan a decir “no cabe” y las puertas se cierran con una partida de cerdos incultos adentro.

Nadie es consciente de eso hasta que lo vive. Hasta que está en un lugar público y un extraño le aprieta los cachetes al hijo y uno -como ya no le importa pasar pena- le dice que no lo haga que es de mal gusto so pena de recibir miradas matadoras. O que una persona pase y tropiece a tu hijo y no sea capaz de disculparse porque es un niño. Una vez en salón de belleza una señora insinuó que la atendieran primero a ella porque el siguiente turno era una niña y podía esperar. ¿En qué rayos estaba pensando? Ella ya estaba allí, le tocaba su turno y así su próxima actividad fuera ir a jugar con sus muñecas (para la señora no tan importante como su importante cita) era su espacio y había que respetarlo.

Día a día en la calle veo miles de conductores insensibles que van muy cómodos y sentados en su carro con aire acondicionado, y no son capaces de darles la vía a unos peatones. Entre ellos una mamá con su bebé en brazos, en coche o agarrado de la mano bajo el inclemente sol de esta ciudad, sudando a chorros y evidentemente agotados. Yo he dejado a más de uno detrás de mí pitando y lanzándome improperios soy capaz de detener el tráfico para darle paso a ellos, los más importantes.

Es un comportamiento triste y primitivo, y creo que como padres deberíamos SIEMPRE resistirnos a él. Si bien nuestros hijos aún no hablan y no pueden defenderse, nos tienen a nosotros que hablamos y nos sabemos quejar muy muy bien. No permitamos que atropellen sus derechos sin hacer sentir al cerdo inculto como lo que es. Quizás algún día los niños de verdad sean prioridad en este país; me obligo a creer que la ley de la primera infancia nos va a ayudar a lograrlo. Mientras tanto, podemos aportar un grano de arena al cuidar a nuestros hijos y otros niños cercanos cuando alguien quiera venir a vulnerar sus derechos.

firma

 

 

2 thoughts on “Los niños juegan de cartón

  1. Lo que más rabia me da que lo veo siempre en los centros comerciales es lo del ascensor, repleto de gente que puede ir por las escaleras automáticas o no, pero que cogen el ascensor y dejan esperando a quienes van con carros y varios niños. Se hace pesado

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