¡Bienvenida a la maternidad!

Todas creemos que la bienvenida a la maternidad está entre dos momentos claves: el momento en que te enteras que vas a ser mamá y/o cuando nace tu bebé y lo sostienes en tus brazos. Pero, mis queridas amigas, estábamos muy equivocadas.

Lo anterior sería cierto si la maternidad se tratara de un camino lineal, constante y equilibrado a través del tiempo. Pero poco a poco mientras te adentras en este mundo, vas descubriendo que la maternidad es todo menos eso, y llegas a sentirte agradecida porque la aburrida rutina no es parte del menú y siempre habrán cosas nuevas que aprender y conocer. Cierto que en la maternidad todo es hermoso, los días pasan como saltando entre nubes, es todo felicidad y alegría y NUNCA te cansas de nada, ¿cierto? Si tu respuesta es “si” es porque aún te falta tiempo, y si tu respuesta es “no”  entonces ya has tenido una ¡Bienvenida a la maternidad!

Todo lo contrario a lo que pensamos al enterarnos que había una vida creciendo en nuestro vientre por primera vez, la maternidad nos ofrece un menú no siempre exquisito pero si muy nutritivo y enriquecedor. Nuestra querida madre naturaleza -la más de todas las mamás- siempre utiliza ingredientes muy variados y se asegura que tengamos platos diferentes cada día, todos ellos coloridos y con mucho contenido.

Sin embargo, aunque variados, hay un ingrediente que jamás falta en esos platos. ¿Cuál? La incertidumbre. Esa bendita sensación de no saber qué hacer ante las situaciones cotidianas que todas las madres conocemos muy bien. Y son precisamente esas situaciones las que día tras día nos dan la bienvenida a la maternidad; esa etapa de la vida en la que todas entramos sin saber nada, vivimos sin saber cómo y de la que nunca vamos a salir (así es, nunca) De manera milagrosa e increíblemente rápida un día esos chiquitines se hacen grandes y nos dan la recompensa -no merecida- más grande de todas: “mami, tú eres la mejor mamá del mundo” y mientras una lagrimita de felicidad recorre nuestra mejilla, nos acordamos de todas la veces que lo hicimos mal y que nos regañamos duramente. Pero algo debimos haber hecho bien si ese ser divino nos ve con esa cara y nos dice semejantes palabras.

Mi hijo está estrenando colmillos y los quiere usar a como de lugar. Un día estábamos de visita donde mis cuñados y Elías jugaba con su primo, de repente un grito “¡Elías! ¡No me muerdas!” Mi reacción de madre fue regañarlo y explicarle que esta muy mal morder a las personas, ¿su reacción? Poner cara picarona y reírse. Y lo volvió a hacer, y esta vez además de regañarlo le di una palmadita en la boca, pero el lo tomó como un juego. Y allí fue que descubrí que las mamás tenemos un lenguaje secreto en la mirada que las otras entienden perfecto. Llena de dudas sobre qué hacer, miré hacia un lado y me encontré con los ojos de mi cuñada que me dijo “Bienvenida a esos momentos en la maternidad en los que uno no sabe qué hacer” y nos reímos juntas.

Con la comida es otro cuento, si el viernes se comió dos platos de carne con champiñones, puede que el lunes le haga guácala cuando apenas le estás sirviendo el plato. Darle de comer a un niño pequeño es una rueda de la fortuna, lo único seguro es que tendrá la reacción que menos te esperas. Pero, ¿cómo obligas a un niño a comer? Yo personalmente no soy partidaria de eso. Gracias a Dios que me conoce y me mandó un niño de buen comer, porque yo lo hubiera malacostumbrado. El día que Elías se le da por no comer algo, yo no peleo ni lo obligo, sencillamente le busco alternativas SALUDABLES que sé que le gustan y se las come sin chistar (santo remedio). Estoy segura que no hay felicidad más grande cuando uno es papá que el ver comer a los hijos, es como ese sentimiento que te daba cuando estabas a punto de tirarte una materia en la u y veías la mágica transformación 2.95 ≈3.00  ¡Bendito sea el señor! *Acabo de releer este párrafo y pareciera que tengo el tema de la alimentación resuelto, pero no, hay días que definitivamente no sé qué hacer y si quiere comer plastilina con arena, pues que se la coma.* 

Así que, tranquilas, aquí nadie sabe lo que hace, improvisamos y aprendemos en el camino. Por eso nuestras mamás nos dicen que el primero paga todas las novatadas, afortunadamente nos tenemos en comunidad para ayudarnos y algunas veces sólo para desahogarnos. Pero no perdamos el ánimo ni la fe, el camino se hace al andar y seguramente saldremos victoriosas de esto. Ahorita mismo hay más teorías de maternidad que mamás en el mundo: montessori, crianza con apego, crianza natural, Hoffman, Baumrind, etc. ¿Que cuál usamos nosotros? Pues el de los papás de Elías. ¿Nuestras bases? Naturalmente muchas aprendidas de nuestros padres, otras que no queremos repetir y otras que hemos aprendido por ahí leyendo o escuchando. Pero en todas hay un factor común que nunca debe dejarse de aplicar en un niño: EL AMOR.

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