Las siete maravillas de ser mamá de un varoncito 

Soy hija única y no porque no tenga más herman@s sino porque tengo un sólo hermano mayor (bendita sea la Divina Providencia). Siempre fui la princesa de papá que me cuidó como un muñequita de porcelana. También fui la princesita de mi hermano y no dejaba que nadie me mirara. Luego mi novio -hoy esposo- llegó y me ha tratado como su reina desde el principio. Pero hace dos años llegó un hombre que cambiaría todo eso y yo no tenía ni idea. Y soy plenamente consciente que aún no conozco todo el alcance de estos cambios, pero de los que hasta el momento he descubierto, les hablaré de los siete más relevantes.

1. Somos su primer amor
¡Y qué clase de amor! Mi hijo es romántico de nacimiento: me toma de la mano cuando come, se duerme mientras acaricia mi brazo, le encanta jugar con mi cabello (esto también incluye tirones y brusquedades) y su mirada profunda a mis ojos puede derretir la rabia y mejorar el peor de los días. Pero lo más tierno que hace es cuando me mira con unos ojos grandes, abiertos, brillantes y tiernos directamente a los míos con cara de enamorado y dice como en un susurro “mama”, yo voy a la luna y me devuelvo cada vez que hace eso.

Yo  estoy armando poco a poco con mi comportamiento – y tiemblo cada vez que lo pienso-el que será su prototipo de  mujer; espero que sea una mucho mejor que yo. Por ahora, lo que sé es que le gustarán las mujeres con cabello largo y liso.

2. Jugar fútbol cuando no sé ni agarrar el balón.
Ya me imagino las burlas internas de mi esposo cuando hago el intento de jugar fútbol con Elías, todos los goles fallidos y las bolas que no alcanzo a atrapar seguro le causan tanta gracia que apenas si puede disimular, sus ojos y esa sonrisa burlona lo delatan enseguida. Para nadie es un secreto que el fútbol y yo no es que seamos los mejores amigos, pero eso también ha cambiado un poco. Sin embargo, sigo intentando y no voy a dejar de hacerlo. Además de mejorar mi estado físico, hago felices a mis dos hombres al mismo tiempo. Y mientras Elías no sepa jugar, yo seré la mejor compañera de fútbol que tenga, y digo compañera a propósito (en femenino) porque es claro que su papá y sus familiares hombres me llevan por delante.

3. Dormir con ellos es lo máximo porque siempre quieren abrazarte.
Puede que Elías se de más con su papá, ¡pero cuando es la hora de dormir la preferida ¡soy yo! Desde que concilia el sueño mientras acaricia mi brazo, mi cara, mi cuello, etc. hasta que de pronto recuerda en la madrugada y pone mi brazo alrededor de él y se duerme enseguida. Mi hijo ya se entrepierna conmigo, aunque teniendo en cuenta su tamaño, es su piernita (o su cuerpo entero)  que se pone encima mío. También me agarra el brazo con fuera y lo pone alrededor de su cuerpecito, o pone su cabecita en mi hombro y concilia el sueño. No es uno duerma muy bien que digamos, pero su compañía en la cama es un top de amor.

4. Comprarles ropa y vestirlos es MUY fácil. 
Camisas, suéteres, camisetas, jeans, pantalones,  bermudas, medias y zapatos (todos planos). Es una lista corta, ¿cierto?. ¿Y los sccesorios? De pronto unos lentes y una gorra. No es mucho complique y se visten en un dos por tres. Realmente lo único fácil es eso. Aunque, ensucian como por un batallón entero. Nunca, anoten lo que les digo, nunca jamás, la ropa del día anterior les servirá para el siguiente. Así que la compra de nueva ropa está a la orden del día, porque la ropa se les desgasta rapidito y hay muchas que no se pueden salvar.

5. Aprendes que la ternura no sólo viene de las niñas.
Sus abrazos de oso te quitarán el aliento. Sus ojos fijos en los tuyos te derretirán. Cuando te haga una caricia en las mejillas te morirás de amor. Cuando salga corriendo de la nada y te de (además de un cabezazo) un abrazo por ninguna razón aparente, te sentirás en el cielo. Cuando te pida que lo cargues porque no se siente seguro en algún lugar, te sentirás la mujer más fuerte del mundo. Y no podrás describir la sensación de tu cuerpo cuando lo tienes cargado o tomado de la mano y alguien más lo quiere cargar o llevar, y él se resiste y te aprieta con fuerza y dice “mamá” con firmeza.

6. Tienes la oportunidad de hacer de él un buen hombre.
¿Cuántas veces nos hemos quejado que los caballeros no existen? ¿A cuántas amigas consolamos porque un idiota le dañó el corazón, o incluso nosotras mismas? Pues creo que con un hijo varón la vida nos da la oportunidad de hacer un buen hombre. Está claro que él tendrá la última palabra, pero tendrás todas las oportunidades de enseñarle a respetar a las mujeres, a ser caballero, a conocer y no avergonzarse de sus sentimientos… En resumen, tienes una oportunidad de hacer un caballero (de verdad) en tus manos.

7. Sabes que tienes y tendrás un caballero para toda la vida. Y si tienes un esposo como el mío, tendrás dos.
Cuando vamos a salir y papá le dice a Elías que lo acompañe a llamar al ascensor, él se devuelve gritando “mamáááááá” y cuando me encuentra me toma de la mano y me lleva hasta la puerta, no se va sin mí, me espera. Esto aplica para todas las veces que vamos salir en las que yo soy la última en estar lista (esto sólo me pasa a mi, estoy segura)

Y entonces fue así como una princesita de papá se ha convertido en una mamá todo terreno, dispuesta a ensuciarse y con una resistencia de oro.

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