El fenómeno del Niño… de dos años

Yo no sé en qué momento pasó tanto tiempo y el pasado viernes mi hijito cumplió sus dos primeros años de vida. Han sido realmente dos años hermosos y bastante agitados, aunque poco a poco uno va acostumbrándose al nuevo trote;  ojo que acostumbrase no significa que no te canses, sólo que ya te estresas menos y empiezas a saber qué esperarte en la mayoría de las situaciones. Pero -en la maternidad como en la vida misma- cuando empiezas a acostumbrarte a algo, te viene un cambio inesperado. Bien me dijo una amiga el día del cumple de Elías “Bienvenida a los dos años”

Un niño de dos años es un vaivén errático e impredecible de emociones, aventuras, deseos, frustraciones, energía, canciones, juegos y del amor más incondicional perfecto y puro que existe. Es un adolescente pequeñito que apenas descubre su independencia y que pondrá a prueba -más de una vez- tu caracter, tu temple y tu disciplina. Ya puede (y quiere) tomar algunas decisiones y te reta a una de las tareas más difíciles de ser madre y que quizás no hayas visto venir: enseñar obediencia.

¿Y uno cómo carajos enseña obediencia? Yo era una convencida que eso venía de fábrica, pero resulta que ellos vienen con todo lo contrario: programados para querer hacer lo que se les da la gana e ignorar lo que la mamá indica. Así que es una tarea para nada fácil, y una que hay que hacer cada día, cada noche y cada rato. Y creo que nunca termina porque mi mamá -a pesar de mis años y que ya la hice abuela- sigue regañándome e intentando que haga lo que ella diga y no lo que se me da la gana a mí, batallas perdidas todas.

Y batallas son el plato del día con Elías, en algunas de ellas me toca agachar la cabeza resignada porque no logro que se calme de un berrinche o que haga lo que yo le indiqué. El truco es perder la menor cantidad de batallas posibles, todo con el fin que en un futuro esos pequeñines sean gente de bien que sirva a la sociedad y que ayuden -de una vez por todas- a hacer de éste un mundo mejor para vivir. Y no es palabrería barata, en verdad que todo padre desea dejar huellas (no está de más decir que hablo de cosas positivas) en este mundo y a través de nuestros hijos tenemos otra oportunidad de hacerlo.

Creo que una de las claves para evitar al señor berrinche, personaje inevitable de esta edad, es la anticipación. ¿Cierto que aún siendo adultos nos gusta  tener una idea de lo que vamos a hacer a continuación? Si nosotros no toleramos bien la incertidumbre y los cambios repentinos inesperados, ¿por qué esperamos que un niñito de dos años sí? Además de doble moral, estamos siendo hipócritas al esperar algo que ni siquiera nosotros podemos lograr. ¿Qué hacer entonces? Hablarles. Es en verdad sencillo, los niños son muy rutinarios y chochos, por decirlo de alguna manera. Ellos se acostumbran muy rápido a la secuencia de las cosas, son rutinarios innatos. Si está jugando y ya sabes que se acerca la hora de bañarse, ve diciéndole unos minutos antes “hij@, ahorita nos vamos a bañar, es mejor que vayas recogiendo los juguetes”. Estoy segura que su reacción será mucho mejor a que l@ levantes y l@ metas en la ducha sin decir más.

A los dos años se creen grandes, hay que dejarlos que lo crean, porque en verdad hay muchas cosas que ya pueden ir haciendo por sus propios medios. Por ejemplo: recoger sus juguetes, quitarse la camiseta o las medias, guardar cosas en las gavetas, ayudar con alguna bolsita pequeña del mercado o escoger qué fruta quiere comer en su comida. Incluso el mío ha escogido una que otra vez la camisa que se quiere poner. Son pasos pequeños pero muy importantes para ellos. Así verá que lo tratas como “grande” y aceptará tu ayuda en otras cosas para las que aún no está preparado para hacer.

La manera de hablarles es clave. Hay que evitar hablarles en negativo “no puedes hacer eso”, “no seas desordenado”,“no dejes comida en el plato”. Hay otras formas de decirlo y que se oyen mucho mejor: “intenta esta otra cosa”,“coloca tus juguetes en su lugar” o “cómete toda la comida” Verás que su reacción también es positiva y -la mayoría de la veces- conseguirás que haga lo que debe hacer y no lo que le da la gana.

Al ser la mamá de un niño y escuchar eso de “los hombres no lloran” y cosas así de estúpidas me  hacen rabiar. Los hombres SI lloran y tienen todo el derecho a hacerlo. Antes de aprenden a leer, a reconocer colores o a contar hasta cinco; nosotros como padres tenemos que preocuparnos por enseñarle a reconocer y a manejar sus emociones. Ellos sienten rabia y hay que enseñarles que es normal, pero debemos conducirlos a la forma correcta de manifestarla y ésta no incluye -por supuesto- tirar juguetes y dar manotazos a su antojo. Así como la tristeza o la alegría, hay que decirles el nombre de las emociones y formas positivas de canalizarlas (Si me dan muchos likes, me pongo a investigar y les cuento las dichosas formas =) )

Mi consejo #1: Respira. Apenas empezamos en esto, no perdamos energía que necesitaremos luego. Recuerda que tu bebé está aprendiendo a ser un niño, hay que tenerle mucha paciencia y no hay nada que con amor no se pueda corregir.

¡Bienvenid@s a los dos años!

 

One thought on “El fenómeno del Niño… de dos años

  1. Bienvenida al terrible two!!

    Quieren empezar a hacer las cosas solos, adquieren autonomía, les gusta hacer cosas más complejas, quieren aprender sin parar.

    Los berrinches irán desapareciendo, evitando el no, despistando, cambiando de tema y como dices, diciendo las cosas de manera positiva.

    Mucho ánimo!!

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