¿Hijos perfectos? ¡Yo los prefiero felices!

A medida que vamos creciendo, también crecen nuestros estándares de lo que nos produce felicidad y lo que no. A un niño, por el contrario, casi cualquier cosa podría hacerlo feliz. Es sorprendente -y al parecer inagotable- el listado de cosas que les levantan el ánimo, les acaban las pataletas y les sacan sonrisas, risas y carcajadas. Desde una caja vacía hasta un puñado de lentejas que pueden usar para contar.

Gracias a esto, las mamás no necesitamos un grado en psicología o en comportamiento humano ni mucho menos expertas en felicidad humana para hacer felices a nuestros niños. Sólo es necesario tener paciencia y ser flexibles para establecer las bases de una vida feliz para tu hijo.

Sin embargo, si podemos aprender algunas nociones básicas para que podamos crear un ambiente propicio para su felicidad, estas son cosas que bien podemos aprender en el camino, o si son ansiosas curiosas -como yo- buscarán un buen documento al respecto.

Los expertos proponen aspectos fundamentales a tener en cuenta, y si lees bien ninguno de ellos incluye niños superdotados, que se porten bien el 100% del tiempo, que caminaron antes de los 10 meses, que reconocen los colores al año de edad, que dijo sus primeras palabras a los 11 meses o que dice todas las capitales de sur américa con apenas tres años de edad. Aquí les van:

1. Aprender a leer las emociones de nuestros niños. 

Los  niños no son difíciles de leer, su felicidad la demuestran con saltos, gritos, risas, ojos iluminados y energía desorbitada. Son los mejores para expresar sus sentimientos. Puede brincar de felicidad porque pudo armar su juguete él solito o llorar desconsolado porque mordió la jirafa inflable y ahora está toda deshecha.

 

También puedes notar su carita de asustado cuando algo le ha producido miedo, cuando sale corriendo buscando refugio en tus brazos, en ese momento dale confianza e indícale que a tu lado se puede sentir seguro. O esa cara de desagradado que pone cuando no le gusta algo, incluso hace señas con la nariz que algo huele mal. El enojo es quizás el más común y frecuente, debes saber que cuando un niño arroja sus juguetes con rabia es porque está sintiendo un nivel de angustia más allá de su tolerancia. Hay que sentarles, hablarles con calma y enseñarles entonces que esa angustia se debe canalizar de otra forma y siempre buscar una solución.

¿Ya sabes cómo tu hijo te expresa que se siente mal? ¿Quizás cuando esta triste o enfermo? El mío tiene una forma muy particular, se acerca a mis piernas y pone su cabecita para que lo acaricie y luego busca que lo cargue y se queda allí quieto un rato. Y es particular porque nunca se está quieto.

 

2. Enséñales buenas (y sanas) costumbres.

  • Una rutina de sueño (con las horas necesarias para su edad)
  • Ejercicio. Esto no hay que pedírselos demasiado, más bien rogarles que se estén quietos un rato.
  • Comer saludable.
  • Enséñale orden. Esa canción “a guardar y recoger, todas las cosas en su lugar” es mi mejor aliada cuando le enseño orden.
  • Permitirles arreglar problemas (de su alcance) solitos. Quizás una pieza de un juguete suelta o alcanzar algo alto para lo que deben estirarse un poco más. Bien dice esa canción de Daniel Tigre: “Trata de arreglarlo tu solo y estarás muy orgulloso”
  • No reacciones inmediatamente a su frustración, deja que viva esa experiencia de aprendizaje. Aprender a lidiar con las inevitables frustraciones de la vida es crítico para la felicidad de tu hijo en el futuro.

3. Enséñale cómo usar y mejorar sus habilidades.

¿Le gusta apilar bloques, tocar instrumentos y/o hacer dibujos? ¡Excelente! Incentiva esa actividad y deja que crezca a su ritmo.

Hallowell* dice que “las personas felices son a menudo aquellas que dominan una habilidad” Practicar una habilidad exige disciplina, paciencia y muchos intentos. Estas cosas le enseñarán a tu hijo de la perseverancia hasta conseguir un objetivo y también del reconocimiento cuando lo consiguen. Además, esto le ayuda a descubrir que tiene control sobre su vida. Y ese sentimiento de control que se experimenta a través de dominar algo es un factor importante que determina la felicidad, incluso en los adultos.

Ellos necesitan seguir sus propios intereses y metas, y al cumplirlas, sienten esa misma satisfacción que tu sientes.

4. Juega con ellos.

¿Qué es lo que realmente hace feliz a tu niño? ¿No lo sabes? Te doy una pista: fue lo primero que vio cuando nació. Sí, eres tú y su papá. Nosotros somos su mejor juguete y lo que ellos más desean disfrutar. Dice Hallowell*: “Relaciónate con ellos, juega con ellos. Si tú te estás divirtiendo con ellos, ellos se están divirtiendo. Si creas lo que llamo una ‘niñez conectada´, darás el mejor paso para garantizar que tu hijo será feliz”.

¿Necesitan alguna razón más? ¡Vamos a jugar! Y no tiene que ser un juego muy elaborado ni avanzado. Mi hijo me entrega uno de sus carritos, él se queda con otro y los rodamos por toda la casa. El nivel de risas en ese momento podría dar energía a todo mi conjunto por un mes completo (Referencia: Monsters Inc.)

 

5. Está bien sentirse triste a veces.

Si lo regañas, y se va a hacer pucheros o rabietas, déjalo lidiar con ello. Cuando se calme, le hablarás con calma y le ayudarás a entender qué hizo mal y cómo debe evitarlo. Mientras esté enojado/triste no lo obligues a hacer cosas que no quiere. Ellos  necesitan aprender que ese sentimiento es natural y normal, es parte de nuestras vidas. Evitarles la tristeza no los hará felices, los hará más vulnerables y quebradizos ya no puedas controlarlo y no hayan aprendido a lidiar con ella.

Ponle nombres a los sentimientos (incluso si tu hijo no habla mucho): contento, enojado, triste, feliz, etc. Todas las emociones tienen una forma de expresarse, puedes enseñarle imágenes con cada una para que las identifique y se familiarice con ellas.

Dile que si está triste porque se rompió un juguete, puede intentar arreglarlos o jugar con otra cosa. Enséñale de respiración lenta para relajarse o “cantar” una canción que los anime. Hay muchas formas de superar la tristeza, debemos enseñarles.

 

La más importante: Siempre, siempre hazle sentir amado.

El rechazo o el desamor son destructivos, ya vemos muchos adultos dañados por una fea infancia, no repitamos esas historia. Ámalos y hazles sentirse amados, ¿cómo?

  • Haz importantes para ti las cosas que son importantes para él.
  • Crea una rutina de amor y pechiches antes de dormir.
  • Despiértalo con un beso.
  • Cántale canciones tiernas. Incluso desde la panza.
  • Sonríele mucho. Hazle muecas y sé su payaso personal
  • Nunca pierdas el contacto piel con piel. Abrazos largos, masajes, besos, hacer siesta juntos, etc.
  • Dedícale tu tiempo. Y que sea de calidad.
  • Háblale con la verdad y cumple tus promesas. Tendemos a mentirles a los pequeños para calmarlos, es un gran error.
  • No lo compares con nadie.

* Edward Hallowell, psiquiatra y autor de The Childhood Roots of Adult Happiness (Las raíces infantiles de la felicidad adulta)

 

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