Mi hijo ha pegado a otros niños, ¿qué debo hacer?

Mi hijo a veces pega, a veces hasta pellizca y yo no les puedo explicar la pena que me da cuando esto pasa. Son de esas situaciones de la maternidad de las que uno no se puede salvar, no sabe ni qué cara poner ni mucho menos sabe qué hacer para disculparse con los papás del otro niño. Ni para qué decir lo horrible que se siente ver a un niño llorando, nos parte el alma, y el sentimiento es peor si el motivo es nuestro niño.

Aunque la mayoría de las veces me he encontrado con que los papás del otro niño reaccionan muy tranquilamente y me dicen “no hay problema, es normal, son niños”, también me he encontrado a papás que se llevan a su hijo sin decir una sola palabra, sin escuchar mis disculpas y encima miran feo al mi niño. Y otros personajes, la gran mayoría animadoras/maestras/mujeres jóvenes que manejan niños en cantidades, se lucen y hacen comentarios que generan en mí todo tipo de sentimientos asesinos que me veo obligada a reprimir.

Investigando sobre el tema me he indignado todavía más con todas las razones que dan algunas personas en sus artículos, razones muy parecidas a las de esas mujeres de las que les hablé en el párrafo anterior. Barbaridades como:

– El niño imita lo que ve, seguro ve manifestaciones de violencia en su casa.
– El niño está falto de amor y esa es su forma de expresarlo.
– Seguro que le pegan y por eso el pega a otros niños.
– El niño es violento y hay que llevarlo al psicólogo cuanto antes.
– ¿Es hijo único? Ahhh eso es que le falta un hermanito para que aprenda a compartir la atención.

Entonces me propuse estudiar y aprender a encaminar a mi hijo para que aprenda a dejar esta conducta y que entienda que hay otras maneras de expresarse. Encontré muy buenos consejos, los compartí con mi esposo y con mis papás (que son los cuidadores de mi hijo) y hemos empezado a seguirlos. Me gustaría decir que hemos tenido éxito, pero apenas iniciamos la misión así que aún no hay avances que mencionar, sin embargo, los consejos han sido tan buenos y caí en cuenta que más de una mamita debe estar viviendo lo que yo y quise compartirlos.

Primero se trata de entender porqué lo hace. Encontré una relación muy estrecha entre el hecho que mi hijo aún no habla muy fluido y su motivación a pegar. La mayoría de los adultos expresamos con palabras cuando nos sentimos decepcionados, impotentes o cuando nos sentimos frustrados. Entonces entendí que un golpe o un pellizco puede significar “suelta ese juguete que es mío” o “No grites cerca de mí porque me asusto” o “quítate que no me dejas ver” o “no quiero jugar contigo, ¡permiso!”. Cualquier cosa que le cause una frustración, resulta un motivo para ese comportamient

Al leer entendí muchas cosas y también me tocó reconocer que mi hijo puede ser un niño con una tolerancia a la frustración muy bajita. Y eso también lo puedo notar cuando -por ejemplo-intenta armar un juguete y si no le sale bien, lo tira lejos con rabia. Mi hijo está aprendiendo a que no todo es fácil en la vida y que no todo sale a la primera, y esto  algo difícil de asimilar, ¿cierto? Y si, también tuve que aprender que el hecho que él sea el único centro de atención en su familia, no le ayuda a entender y interiorizar que las demás personas también tienen necesidades y que pueden estar primero que las suyas.

¿Qué hacer entonces cuando pase? Y no, nuestra reacción no es nada fácil de intuir o adivinar. La respuesta puede parecer obvia, pero les aseguro que esa no es la mejor. Primero hay que saber lo que NO debemos hacer.

Pegarle. Creo que la respuesta natural es darle una palmada pero, ¿cómo le enseñas que no pegue si le pegas? Es contradictorio, ¿verdad? Esa no es una opción. No se imaginan mi cara de terror cuando leí en algún lado “pégale de vuelta para que vea que hace daño”  No, definitivamente no.

Castigarlo con un “nos vamos para la casa”. Un niño pequeño no tiene mucha noción del tiempo, para él pueden ser horas de diversión en el columpio mientras que nosotros sabemos que sólo pasaron 10 minutos. No le vas a enseñar nada si te lo llevas a la fuerza.

Gritarle. Otro comportamiento violento, así que no.

Ignorarlo/Reírse/No darle importancia. Nunca, no podemos dejar pasar ni una sola vez. Debemos ser consistentes y corregir cada vez que pase. Muchísimo menos debemos reírnos porque lo tomará a chiste  a gracia, y seguro lo va a repetir. No debemos permitir que un niño pegue sin que sea corregido.

Entonces, ¿Qué es lo que SI podemos hacer?

Asegurarnos que no se han hecho daño. Tanto el niño golpeado como el que golpea se pueden lastimar. Debemos confirmar que estén bien y llevarnos al niño que golpeó lejos del lugar para evitar una repetición.

Serenos pero firmes. Una vez el niño esté solo con nosotros, le hablaremos de forma calmada pero muy firme. Le diremos lo que hizo mal y que no se debe repetir. Siempre mirándole a los ojos para asegurarnos que está prestando atención.

Decirle que enfadarse está bien. Hablarle de sus sentimientos, del enfado, y de cómo lidiar con él. Hay que enseñarles el nombre de los sentimientos, decirles que también nosotros nos enfadamos pero que que no hay que pegar ni hacer daño a nadie.

Dale cariño. Dale un abrazo y déjale sentir que lo amas, que el que los corrijamos no quiere decir lo contrario.

Que repare el daño causado. Los niños pequeños pueden no entender el acto de pedir perdón. Pero si puede tener una atención con el niño afectado: un besito, un abrazo, si tenemos una curita podemos decirle que se la entregue al niño lastimado, ponerle hielo, etc. Cualquier gesto de cariño hacia el otro niño le enseñará a tener en cuenta los sentimientos de los demás.

Siempre hay que tener presente que los niños no son malos, que ellos siguen sus instintos más naturales y que nosotros estamos precisamente para enseñarles a canalizar bien sus energías. Debemos tener presente todas las cosas positivas que los caracterizan y no cegarnos por las negativas. A mi hijo le reconozco que no es el 100% del tiempo que actúa así. Muchas veces ha pasado que estando en un parque, se queda quieto cuando llega a un juego y hay un niño utilizándolo, entonces nos mira y le explicamos que debe esperar que el niño termine, y su reacción es irse a otro juego que esté disponible; y también ha pasado que lleva dos carritos al parque y lo comparte con otro niño para que jueguen juntos. Sin embargo, tengo que llamarle la atención cuando no lo hace porque como papás tenemos el deber de educarles y de enseñarles las cosas correctas e incorrectas.

¿Alguna vez les ha pasado? ¿Cómo reaccionaron? ¿Su hijo lo volvió a hacer?

 

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