Los ocho “yo nunca” que todas las mamás terminamos haciendo

El sábado estábamos en una fiestecita de cumpleaños de un amiguito de Elías y un grupo de mamitas tenían una conversación tan amena que llamó mi atención. Y aunque no participé, me reí de sus comentarios porque también había vivido todas esas situaciones. Ellas se reían de sí mismas cuando estaban embarazadas y se juraban una y otra vez que iban a hacer todo al pie de la letra, que no iban a consentir caprichos, que iban a ser muy estrictas con la alimentación y que jamás iban a ceder ante una pataleta de sus hijos. ¡Cuánta ingenuidad!

Y es que cuando apenas vamos a ser mamás nos creemos “las súper”, criticamos las actuaciones de las mamás que vemos por la calle, juramos que lo vamos a hacer mejor que ellas y hasta sentimos ganas de ir a enseñarles todas esas teorías que tanto hemos leído en esos libros tan buenos que nos compramos. Ellas mismas leerán este post, se reafirmarán en sus compromisos iniciales y pensarán que soy una de esas mamás a las que pueden re-educar.

Es así como se me ocurrió hacer este post donde pregono abiertamente todos los “yo nunca” que hoy en día me enorgullezco de ignorar.

1. Yo nunca ignoraría a mi hijo cuando me llame. 
Antes: ¡Madres desnaturalizadas que ignoran a su hijo! ¿Cómo así que no responden cuando las llaman? Tan bonito que debe ser cuando ya me diga “Mamá”, ¡sueño con ese momento!
Ahora: Has escuchado “Mamá” unas 44 veces al día, por todo, para todo, por nada, para nada. La número 45 te haces la dormida a ver si se distrae con otra cosa.

2. Yo nunca lo dejaría jugar con el celular.
Antes: Los niños se malacostumbran, esos aparatos les dañan los ojos desde pequeños. Esta era como la regla de oro para mí ¡Elías utilizaría el celular sólo hasta los dos años! Me indignaba cada vez que veía a un niño comer mirando el celular.
Ahora: Tenemos videos clasificados de acuerdo al nivel de la necesidad.
– Apetito alto: Paw patrol.
– Apetito medio: Mickey Mouse ClubHouse.
– Apetito bajo: Fiestasaurious Rex.

3. Yo nunca le daré de comer chucherías si no se quiere comer la comida.
Antes: Papas fritas con o sin salsa de tomate, nuggets, jugos no naturales, helado, deditos fritos, pastelitos, etc. Nada de eso estaba permitido en mi lista
Ahora:  Están clasificados en nuestra pirámide de alimentación. Por ejemplo, la salsa de tomate aplica como ensalada (es tomate).

4. Yo nunca lo pasaría a mi cama para que duerma.
Antes: Es que los niños tienen que dormir en su cama, uno nos los puede malacostumbrar a la cama de los papás, no es saludable para ellos, cada uno en su espacio, se pierde la intimidad de la pareja.
Ahora: Tan rico que es que me abrace y se acurruque en mi costilla. La cama es grande, aquí cabemos todos ¿Que se pierde la intimidad? ¡Ni que el único lugar para hacerlo fuera la cama, vamos a ponernos creativos!

5. Yo nunca dejaría que viera televisión.
Antes: Durante ese tiempo puedo enseñarle muchas cosas, no van a perder valiosos minutos de compartir por estar embobados viendo la pantalla.
Después: Día infernal en el trabajo, llegaste y quería correr y jugar, dio lata para comer, quedaste cero ganas de moverte… ¡Bendita sea la televisión y el tiempo que nos da para relajarnos un rato!

6. Yo nunca le compraré juguetes inútiles que no sean educativos.
Antes: ¿Tantos muñecos para qué? Es mejor darles cosas que los eduquen, libros, juguetes didácticos, cosas así.
Ahora: *En la juguetería* Pasamos por la sección de Paw Patrol y Elías grita “Teis! Tei!” Y salimos con un lindo perrito con accesorios como los de la serie.

7. Yo nunca le daría lo que quiere para calmar un berrinche.
Antes: Lo único que se consigue al darle lo que quiere es que se acostumbre a que llorando consigue todo y eso no es así. Hay que ser fuertes y dejarlos llorar hasta que se calmen. Luego ya calmado se le habla y el niño entiende.
Ahora: *Llora porque quiere andar con el pie descalzo por la casa* Después de explicarle 33 veces que no se puede porque el piso está frío y se puede enfermar, finalmente accedemos a que ande como el quiera, igual es su casa.

8. Yo nunca voy a ser cantaletosa como mi mamá.
Antes: ¡Lo peor! Igual uno con la cantaleta se aburre, eso no enseña. No lo voy a repetir con mis hijos.
Ahora: Si no entiende a la primera, nos volvemos loras mojadas. Cada vez que repite lo que le corregimos le explicamos toda la cartilla de por qué no se debe hacer hasta el cansancio. No importa si mientras hablamos él se distrae jugando con los carritos, allí estamos como loras mojadas explicando lo mínimo.

Si ya tu hijo anda por el mundo, te reíste y seguro puede añadir unos cuantos más. Y si aún estás embarazada (de tu primer hijo) y haciendo la lista de todas las cosas que no vas a hacer, en algunos meses entrarás aquí y tacharás una que otra de mi lista.

Advertencia: No faltará quien me critique y piense que estoy estamos malcriando a mi hijo. Pero cualquier papá o mamá que haya vivido la situación, nos entenderá. No todo el tiempo estamos dispuestos a “pelear” con ellos, a veces queremos ratos de descanso y de no hacer nada. En esos momentos, la única alternativa que nos queda es CEDER un poco. Eso no quita todos los sacrificios que hacemos por educarlos bien, todas las veces que somos estrictos y endurecemos un poquito el corazón. Nuestra misión es crear personas de bien que aporten algo valioso a este mundo, pero incluso esas personas también ceden algunas veces.

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