“¡Ay no! ¡Ojalá sea la niña!”

Eso me han dicho muchas personas que están -aparentemente- más impacientes que yo por saber si lo que hay en mi vientre es un niño o una niña (ahora vendrán los simpatizantes con el enfoque/ideología/teorema/teoría o como se llame de género a pelearme que eso no lo deciden sus genitales sino que blablablabla… En fin) Yo soy -y siempre he sido- una mujer actual que se identifica con muchas cosas de la vieja guardia, aún no sé si Dios me mandó niña o niño, porque si, para mi será niño o niña dependiendo si en la ecografía veo un pipí o una vulva.

¿Que si no tengo afán de saber? Realmente no. Con mi primer hijo si sentía el afán y ya quería tener un nombre con el que llamarle y dirigirme a mi panza, me estresaba hablar del “bebé” en genérico y no podía esperar a la semana que tenía programada la tan esperada ecografía de la semana 17 – 18 que es donde se puede conocer el sexo.

Ese sentimiento ha estado ausente esta vez, no siento afán, no siento estrés de llamarle por ninguna de nuestras dos opciones para nombre y tampoco he tenido la intención de llamar a agendar la cita de la bendita ecografía a pesar de ya encontrarme en mi semana número 17. Mi doctora ya me dio la orden y estoy a una llamada de distancia, incluso me dijo que la programara antes de navidad para que ese fuera mi regalo de este año; pero no, no siento el afán y  espero tener la suficiente fuerza de voluntad para esperar hasta finales de diciembre para tener más certeza del resultado.

Y si uno se impacienta de tantas veces la misma pregunta “¿Y ya sabes qué es?” pues no es nada comparado con una frase horrible, discriminadora, triste y altamente antipática que sigue a continuación la mayoría de las veces: “¡Ay no! ¡Ojalá que sea la niña, porque otro varón…” La verdad nunca les dejo terminar la intervención.

¿Y por qué no otro niño?
A una de las inoportunas que me dijo algo parecido le hice esta pregunta, y me dijo que no le gustaban los varones porque las niñas eran más lindas y tiernas ¡Qué barbaridad! No sé qué tipo de hijos o nietos tuvo esa señora, pero no puedo estar más en desacuerdo con ella. Los niños SI son tiernos. Para mi hijo soy su corazón, me trata como a una princesa, me mira con adoración y cuando me ve adolorida hace lo que sea por ir a abrazarme y me da besitos donde me duele para que se me pase. Si eso no es ternura, entonces no sé qué más podrá ser.

Otro niño significaría un amiguito más idóneo para Elías, un compañerito de juegos bruscos, de tirarse en la tierra, de saltar y de jugar con camiones y carritos. He conocido muchos pares de hermanos varones que se hacen suficiente compañía entre ellos para jugar y entretenerse. Significaría que tendré la oportunidad de criar a un par de hombres que respeten a las mujeres, que sepan ser sensibles, que sean asertivos y que no teman nunca expresar sus sentimientos. Me encargaré de dejarles  buenos valores y ojalá sigan el ejemplo de su papá, hombre a quien admiro más de la cuenta y de quien me siento orgullosa de llamarme su mujer. Además, también significaría que seguiría siendo la reina absoluta de la casa y de mis hombres. 

¿Y la niña?
Indiscutiblemente yo tendría más cosas en común con una niña, sería una muñequita para mí y podría vivir con ella muchas experiencias propias de la mujer. No habrá moñito en el mundo que no le ponga de adorno y me haría muy feliz pensar que en un futuro tendré compañera de compras, de manicura y de locuras. Y si mantiene una relación como la que yo tengo con mi mamá, pues podrá ser mi amiga eterna. Con ella tendré la oportunidad de criar -en lo posible- una mujer fuerte pero delicada al mismo tiempo, que sepa llevar las situaciones de la vida con los pantalones necesarios y que sepa ser sensible y femenina cuando se deba.

Podré compartir con ella muchos sueños infantiles y tontitos que sólo entre las dos entenderemos, poner en práctica todas mis frustaciones con las manualidades, vestirnos iguales (¡Qué emocionante sería!), vestirme de princesa sin que nadie me mire raro porque ella va al lado mío vestida igual, vernos todas esas películas de disney que tanto me gustan y más. Lo único que temo que sea una niña es que va a sufrir -incluso más que yo- de sobreprotección, y no lo digo por mí (solamente)… tengo un marido muy sobreprotector, y me encanta.

Hay muchas mujeres que dicen que pueden sentir y estar segura del sexo de su bebé sin necesidad de ecografía, incluso he conocido muchas que sentían lo opuesto a lo que decía la ecografía y resultaron teniendo la razón; pero yo que nací sin esos súper poderes, me toca esperar. Y venga lo que venga será un bebé al que llenaré de amor y por el que me desviviré para ser la mejor mamá que existe en el mundo.

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