Los retos de criar a una niña

Estaba en el parque sentada viendo cómo Elías jugaba y saltaba en la zona de niños pequeños. Él jugaba con su papá y con otros niños y se le veía muy feliz. Mi carita de idiota en ese momento – y siempre-  terminaría siendo ganadora de todas las caras de idiota que han visto en su vida, verlo divertirse es aún más satisfactorio para mi que comer sushi.

De repente, me pasa por el frente una niña. Llevaba un leggin rosa con puntos blancos, con una camisa de Minnie Mouse que tenía un faldellín rosa de puntos blancos, sus zapatos eran plateados con rosa y usaba medias moraditas con rosado y en su cabeza llevaba una hermosa y elaborada trenza. De esas que empiezan en la parte superior de la cabeza, que ya sabemos que son muy complejas de hacer. A la niña se le soltó un poco su trenza al saltar y le pidió a su mamá que se la arreglara, la mamá -muy hábil, por cierto- hizo un mágico movimiento con su mano y la trenza volvió a su lugar y la niña siguió jugando con su grupo.

Fue ese momento, Elena me dio una patada y me vino ese momento de iluminación que todas las madres experimentamos en algún momento “¡Voy a tener que aprender a peinar a otra persona! ¡Voy a tener que aprender a peinar a una niña!” Y es que si hablamos de peinados, lo más elaborado que hago conmigo es peinarme a medio lado y hacerme una trenza, eso si, desde el cuello hacia abajo. Para mi peinarse consiste en pasarme una peinilla, o hacerme un pony tail, o un tomate descomplicado o bien, dejármelo suelto con o sin cintillo. ¿Cómo carajos voy a hacer para peinar a una niña?

Y entonces me puse a observar con más detalle a las niñas y a los niños del parque, todas sus diferencias -cual Pandora abriendo su extraña caja- se me revelaban como secretos escondidos. Mientras que los niños iban vestidos con suéter, camiseta y tenis; las niñas llevaban aretes, ganchos, moñitas, pinzas, trenzas elaboradas, vinchas, cintillos, pulseras, faldas con leggins, tutús, etc. Realmente me sentí abrumada y fue en ese momento que comprendí que el cambio que me viene no sólo implica el tener que dividir multiplicar el tiempo, el amor y la paciencia para criar dos hijos, sino todas las diferencias que se me vienen porque Elena es mujer, es una niña.

¿Cuáles son los retos para una mamá primeriza de una niña?
1. Limpieza de sus partes íntimas al cambiar el pañal.
Supongo que si pasan más de 60 segundos después de hacer popis, corremos el riesgo que alguna sucieza llegue a su vulva, cosa que nadie quiere. Así que tendré que estar muy, muy pendiente de cuando esto pase para evitar cualquier infección urinaria. Debo recordar siempre limpiar de delante hacia atrás, los pliegues… Nada sencillo comparado a cuando lavo el pipí de mi niño. Y si, se supone que mi experiencia como mujer debería ayudar, pero no es lo mismo; es una bebé, en fin, ya me volveré experta en la materia.

2. Tengo que aprender a peinar a otra persona.
Ya les conté lo que significa para mí peinarme. No sé cómo voy a hacer para aprender a hacer bonitos peinados o trenzas desde la parte de arriba de la cabeza, y por favor no me aconsejen que la lleve a la peluquería. Sin duda tengo que empezar a prepararme; y de no saber nada, pasaré a ser aquella mamá a la que otras mamitas le piden el favor de peinar a sus hijas, ya verán.

3. Combinar la ropa supone habilidades superiores a vestir a un niño.
No es lo mismo que poner una camiseta blanca, bermuda azul y zapatos grises, por ejemplo. Tengo que cuidar que los colores en general -porque la gama de colores aumenta por ser mujer- combinen bien: el cintillo, la blusita, el pantalón/falda/leggin/short, el vestido, las medias, los zapatos, etc. Tener muy en cuenta de no ponerle colores de vieja, de vestirla como una niña, porque qué pereza esas niñas que parecen mujercitas con tallas más pequeñas. Las niñas deben vestirse como niñas, punto final.

4. ¿Cómo rayos hago en un baño público mientras la estoy entrenando a dejar el pañal?
Si ya es un reto para mí mantener el equilibrio mientras tengo el bolso colgado del cuello o de los dientes, porque los diseñadores de baños son hombres y no se les ocurre poner un gancho para el bolso, mientras que intento hacer pis, no me imagino cómo poner a una niña de dos años en una situación similar.
He hablado con mamás de niña y me dicen que ponen una capa de papel para que ellas se sienten. Este es un tema que me causa terror, aún falta para que llegue ese momento, espero que exista alguna tecnología que me ayude en el proceso.

5. ¿Aretes? ¡¿Y yo cómo voy a hacer sufrir a una bebé para ponerle aretes?!
Que al nacer, que a los tres meses, que al tercer día, que ponerle un hilito mientras tanto, que con pistolita, que con el mismo arete, que primero les ponen unos aretes hipoalergénicos, que eso no duele, que les untan lidocaína, que les ponen hielo para adormecerles la zona, que es peor esperar, que ellas no se acuerdan de eso, etc. Escuchar todos esos consejos hace que me duela el corazón de pensar en causarle dolor, pero tampoco quiero que sea una niña sin aretes. Aún no he tomado una decisión al respecto, y resulta que la decisión es sólo mía porque el papá me dejó la entera responsabilidad a mi.

6. Ella es mi princesa, pero no la quiero criar como princesa. Quiero que sea fuerte.
Quiero que sea fuerte, decidida, independiente, que se sienta capaz de conseguir lo que quiere, que se haga su camino, que no busque a un hombre para que sea su salvador sino que busque un compañero que de verdad le ayude en su vida, que arme un equipo exitoso con él. Quiero que sea mejor que yo, en todos los aspectos, que no tenga los mismos miedos que yo y que logre conquistar lo que yo no pude hacer.

Los niños no implican estos retos, ¿verdad? Y vuelve a cumplirse esa linda ley de la maternidad que dice: Justo cuando empieces a acomodarte en una etapa, va a llegar otra que te ponga de nuevo el mundo patas pa’ arriba.

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