El primer apagón de Elías… despierto.

Claro que hemos vivido apagones con Elías, pero todos ellos han sido en horas de la madrugada cuando ya el está dormido, y como mi hijo – gracias al cielo- duerme como una roca, el que no hubiera fluído eléctrico no ha significado trasnochadas fuertes ni nada por el estilo.

Esta vez empezó a las 4pm, de un hermoso lunes en el que tuve que salir más temprano del trabajo para poder cuidarlo a él. Justo cuando abrí la puerta y puse un pie en mi hermoso hogar, todo se apagó, lo que me dejó a merced de mi imaginación para pasar el resto de las horas jugando y distrayendo a Elías hasta la hora de dormir.

Papá salió al trabajo y dejó a un Elías dormido en nuestra cama (si, tuvimos que turnarnos la tarde para cuidarlo) y yo que soñaba con una siesta vi como mis anhelos quedaron reducidos a eso, anhelos. Intenté, en vano, por más de 15 minutos despertar a mi gordito pero el sueño lo vencía cada vez que abría sus ojos. Por fin logré mi objetivo y un Elías gruñón se despertó malacaroso y malgeniado. Una paquete de galletas fueron mis aliadas para quitarle lo gruñón y entonces me dispuse a adelantar tareas que me mandó “la miss” del colegio.

13 de febrero.
5:00pm.
Empezó la maratón. “Elías, tenemos tareas que hacer” y ante un Elías negado a hacer tareas, mamá tomó sus crayones, las hojas y empezó a pintar. A medida que avanzaba el tiempo en mi simulación, atraje la atención de mi hijo y pintó cerca de unos 33 segundos a mi lado con el crayón rojo. Justo cuando perdí su atención, logré recuperarla sin querer mientras se quedaba sorprendido mirándome untar arequipe a mi galleta y comérmela con sabrosura (me encantan las galletas saladas con arequipe) me la arrebató de la boca, la probó para luego escupirla mientras mi corazón se partía en mil pedazos… “¿Por qué me la cogiste si la ibas a botar? ¡Eso no se hace, hijo!” No tuve más opción que abrir otro paquete, seguir untándole arequipe sin que él viera y comérmelas en la cocina fuera de su alcance.

5:30pm
¿Apenas media hora? Pues si. Resulta que el tiempo pasa lento cuando le da la gana y cuando uno no tiene luz, es peor. Después de mi fallido intento de hacer tareas, nos pusimos a mirar por el ventanal los carros que pasan por la calle. Yo aprovecho esas ocasiones para enseñarle los números y también los colores, debo confesar que son espacios muy tiernos y especiales que comparto con mi hijo. Hay que aprovechar cada cosa para hacer lazos más fuertes.

6:00pm
Nada de noticias que indicaran el fin del apagón, y la oscuridad ya no nos permitía visibilidad dentro de nuestra casa, y como buena casa del siglo XXI no teníamos ni una sola vela. Bendito sea el que se inventó los servicios a domicilios de las tiendas de barrio en mi ciudad, pedí unas velas para poder ver algo mientras se hacía la cena y otras actividades. Me imaginé que iba a ser toda una novedad para Elías, puesto que nunca había visto una vela sino en los cumpleaños, pero creo que me quedé corta.

6:30pm -> LA VELA
Y entonces las horas fueron pasando más rápido en medio de la oscuridad, sonó el timbre y Elías gritó muy emocionado “¡Papá!” pero era el señor de la tienda con las velas. Le anticipé el artilugio a mi hijo y le conté que la vela era un fueguito que nos iba a alumbrar hasta que “la luz del techo” volviera. Jamás pude haberme imaginado su cara cuando vio la vela encendida en el mesón de la cocina, se sorprendió, se rió solo, me preguntaba el nombre de aquel novedoso artefacto y lo repitió en su idioma “Eta! eta! mamá, eta!” y por los próximos 45 esas fueron todas las palabras que salieron de su boca.

7:00pm -> La cena con LA VELA
Y entonces cuando lo llamé a comer me preguntó por su película favorita y le dije que si no había “luz del techo” tampoco había televisión, cosa que poco le importó cuando la empleada puso la vela más cerca para que yo pudiera ver el plato de Elías y su contenido. La comida fue un juego, jugamos a las sombras que comían todo y así logré que el plato quedara limpio. La sombra de mamá comió, la sombra de la nana comió, -para mi felicidad- la sombra de Elías fue la que más comió, luego llegó papá y también su sombra se comió todo.

8:30pm -> Hora de dormir.
Después de la rutina de aseo, dientes y pijama iluminada -por seguridad- con la linterna del celular, la vela se apagó cuando abrimos la ventana para que entrara brisa, ya que ni modo de aire o ventilador. Tuvimos que consolar a un Elías descorazonado y le explicamos que la vela también tenía que irse a dormir. Afortunadamente su día tan ajetreado nos había dejado a un manso y calmado Elías que no tomó más de 20 minutos en quedarse dormido.

Claro está, que el día ajetreado aplicó para todos y a los segundos que cayera Elías también lo hicieron sus papás. Y gracias a la brisa fresca y propia de Febrero en mi ciudad, fue un sueño fresco de principio a fin.

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