Carta a mi hijo mayor

No existen palabras para describir lo que sentí la primera vez que te vi. Tú fuiste la primera persona que pudo escuchar mi corazón desde dentro y te adueñaste de él aún cuando no sabía tu nombre. Has sido el maestro que Dios me envió para enseñarme el amor eterno, incondicional, puro y abnegado. Quiero decirte que voy a estar enamorada de ti toda mi vida.

Recuerdo como si fuera ayer el día que me enteré que llegabas, lloré de la emoción cuando vi el resultado de la prueba, no paré de agradecerle a Dios el regalo tan grande que me había enviado y ese día no alcancé a imaginarme cuánto llegaría a amarte.

Tu fuiste el primero.
Fuiste el primero en escuchar mi corazón desde adentro, seguro sentías cuando se aceleraba de la emoción de escuchar el tuyo en una ecografía, sentías mis emociones como tuyas propias y fuiste la razón para calmarme durante esos nueve meses.
Fuiste el primer recién nacido que tuve en mis brazos. A pesar de ser el primero no tuve miedo de cargarte, eras mío y mi cuerpo se sentía ya preparado para protegerte.
Fuiste el primer ser humano a quien bañé, el primer pañal que cambié fue el tuyo.
Fuiste ese instrumento que Dios me dió para entender a mis propios padres.
Fuiste el primer ser que amé sin conocerlo y ese amor no ha hecho sino crecer durante estos tres años.
Fuiste quien me puso mi nuevo nombre, “mamá”, y me hace sentir orgullosa de llevarlo.
Fuiste mi único corazón externo durante tres años y me hiciste conocer el miedo de perderlo.
Fuiste la razón por la que mi vida cambió y no te puedo estar más agradecida.

Gracias.
Gracias por enseñarme el amor.
Gracias por hacerme una mejor persona.
Gracias por ayudarme a entender el amor de Dios.
Gracias por mirarme y por hacerme olvidar de cualquier tristeza o rabia que esté sintiendo.
Gracias por confiar en mi y haberme escogido como tu mamá.
Gracias por entregarme tu vida y darle un nuevo significado a la mía.
Gracias por ser un eterno enamorado de mi, sin importar que esté en el baño, tus abrazos nunca serán inoportunos.
Gracias por amar a tu hermana como no me imaginé que ibas a hacerlo.
Gracias por seguirme buscando y anhelando mientras atiendo a tu hermanita.
Gracias por apiñarte a mi lado cuando dormimos.
Gracias por agarrarme la mano cuando vamos en el carro.
Gracias por esos “Te amo, mamá” que sé que te salen del alma.
Gracias por comprender que ahorita no soy excluxivamente tuya.

Perdóname.
Porque algunas veces olvido que sigues siendo un niño y que te comportas como tal.
Por las veces que pierdo la paciencia y me enojo contigo.
Porque no puedo dedicarte ni la mitad del tiempo que te dedicaba antes.
Por olvidar firmar tu agenda del colegio y por olvidar alguna vez los deberes que allá te ponen.
Por no pasar contigo esas horas interminables de juegos y desorden.
Por no poder cargarte todas las veces que me pides que lo haga.

Siempre vas a ser el primero, siempre serás mi primer gran amor, y aunque ahora le dedique más tiempo a tu hermanita, quiero que sepas que gracias a ti me estrené una parte de mi corazón que no había conocido jamás, y esa parte SIEMPRE será tuya.

Te amo y nunca nadie te amará de la forma en que te amo yo.

Sé que ahora no lo entenderías, pero en cuanto aprendas a leer, te pondré a practicar con esta carta para que entiendas mejor todo el amor que siento por ti.

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