Un nombre para el bebé

“Durante mi embarazo no podía sacarme de la cabeza la canción de Lady Gaga ‘Alejandro’ y ese fue el nombre que elegimos.”
Claudia.

“Desde niña soñaba con una hija y quería ponerle Valeria, cuando supimos que era una niña, le dije el nombre a mi esposo y estuvo encantado.”
Laura.

“Hasta hace poco lo decidimos con mi esposo y cuando lo anunciamos todos empezaron a preguntar: ‘¿Por qué ese nombre? Así se llama yo no sé quién, o ahhhh eso es por el Tio tal…’ Nosotros tenemos nuestras razones propias que solo nos interesan a nosotros y ya.”
Paola

“Cuando anunciamos el nombre de nuestro hijo primera expresión fue ‘Qué horror! Qué nombre tan feo! Yo no le voy a llamar así’  Yo sólo me contuve a decirles ‘pues a nosotros si’. La gente tiene la mala costumbre de opinar sin respetar que la decisión es exclusivamente de los papás.”
Angela.

El milagro de la vida. La felicidad que trae un nuevo miembro para la familia. Un cambio total a la vida de sus padres. Abuelos ansiosos y expectantes, llenos de amor y con los brazos abiertos para recibir al bebé. Tíos felices porque van a poder tener un bebé sin tener que encargarse de la parte más difícil… Todo es paz, armonía y felicidad hasta que no hay un acuerdo en el nombre que le van a poner al nuevo bebé.

En lo que todos los papás nos ponemos de acuerdo es que la decisión es única y exclusivamente nuestra y que el nombre que hayamos decidido tiene un significado importante y muy valioso para nosotros. Eso debería ser suficiente para que todos respeten y no den opiniones que no hemos pedido pero, ya sabemos que siempre estará el inconforme que no es capaz de reservarse su opinión.

Nosotros estamos a las puertas de descubrir si estamos esperando niño o niña, los nombres ya los tenemos claros (si son detallistas, podrían identificarlos en la imagen de cabecera) sólo estamos esperando saber para empezarle a llamar por su  nombre y también para empezar comprarle cositas. Así es, aún no hemos comprado nada, ya uno con el segundo hijo sabe cuál es el momento apropiado para comprar, y una de las condiciones más importantes cuando es el segundo es saber el sexo, para ver cuáles cosas podremos reutilizar y cuáles no.

El tema es claro: eligen los papás. Pero si los papás están un poco indecisos -y en plenas conversaciones antes de tomar una decisión- aprovecharé nuestra experiencia reciente en ese debate/discusión; aquí les dejo algunas recomendaciones importantes para decidir el nombre de su hij@.

Tengan en cuenta sus apellidos.
Si sus apellido son bastante criollitos mezclados con indígena y un poco de español, entonces procuren un nombre parecido. Hay personas que no tienen problemas con poner un nombre extranjero con un apellido local y siguiendo la idea de este post, si a ellos les gusta está más que bien. Sin embargo, a los que somos más del español, les recomiendo utilizar nombres consecuentes con un López, Cantillo, Castro, Nieto, Mendoza, Cuello y semejantes.

¿Único nombre o con segundo nombre?
Este es un tema un poco borrascoso para mí, puesto que mi esposo es inamovible con el tema de único nombre. A mi me parece que hay nombres que se merecen un segundo, pero si no hay acuerdo y es niño, él tendrá la última palabra -claramente, si es niña, la tendré yo. En cualquier caso, de acuerdo a sus propias experiencias y opiniones, podrán determinar si quieren o no poner un segundo nombre a su bebé.

Conocer el significado del nombre.
Porque si, hay nombre que tienen unos significados muy feos y estoy segura que ninguno de ustedes querrá esas características en uno de sus descendientes. Hay muchos portales en internet sobre el significado de los nombres, así que no hay excusa para decir en unos años que no tenían idea que el nombre de su hija significa -según la Real Academia Española- ‘excremento humano’.

Sean originales.
Si bien hay nombres que se ponen de moda y que nos ahorran el trabajo de algunas neuronas al pensar en un nombre, es muy aburrido y algo abrumador que estés en un parque y grites el  nombre de tu hijo y más de 10 niños te respondan. Yo confieso que si me da mucha impresión cuando encuentro otros niños que se llaman Elías en la calle, yo pensé que era bicho raro por poner ese nombre, pero resulta que hay más bichos raros como yo por el mundo nombrando a sus hijos.

Permite que tu hij@ se pueda enorgullecer de su nombre con el paso de los años.
¿Cuántos amigos de facebook tienes que no se ponen su primer sino su segundo nombre en su perfil? Tengo varios. Pero es que si te llamas Mikaleidys Vanessa López Martínez, te sentirás mejor -y menos avergonzada- llamándote Vanessa López en tus redes sociales. Por favor padres, no pongan nombres que afanen más a sus hijos de cumplir los 18 para ir a una notaría a cambiárselos.

 

 

Y el segundo, ¿pa’ cuándo?

Si estás soltera, “¿Y el novio pa’ cuándo?”
Si estás de novia, “¿Y el matri pa’ cuándo?”
Si estás casada, “¿Y el bebé pa’ cuándo?”
Cuando tu primer bebé tiene dos horas de nacido, “¿Y el segundo pa’ cuándo?”
Si tienes dos varones, “¿Y la niña pa’ cuándo?”
Si tienes dos niñas, “¿Y el niño pa’ cuándo?”

El punto es que la gente pregunta lo que no debe, se mete en lo que no le importa, vive inconforme con tu vida y a ti no te debe importar menos. Tu proyecto de vida es tuyo y no tienes porqué andar repartiendo explicaciones de lo que haces y de lo que no a todo el mundo. Ya tu sabes a quiénes le importas de verdad y sólo a ellos vas a querer compartirles tus cosas y darles, de vez en cuando, una explicación.

Casi todos los papás hemos tenido esos incómodos momentos en los que uno no sabe qué responder para no ofender al chismoso. Pero ya hablando en serio, cuándo es el momento ideal de encargar hermanito? Más de una pareja en este momento debe preguntarse lo mismo, nosotros hemos tenido varias etapas, desde “cómo carajos decidí ser padre?” Hasta “Awww ya Elías está grande, vamos a hacer otro bebé.”

El punto es que la gente pregunta lo que no debe, se mete en lo que no le importa, pareciera que estuviera inconforme con nuestras vida, ¡Y a nosotros no debería importarnos menos! Nuestro proyecto de vida es nuestro y no tenemos que andar repartiendo explicaciones de lo que hacemos y de lo que no a todo el mundo. A estas alturas ya sabemos a quiénes le importamos de verdad y sólo a ellos le compartirnos nuestras cosas y les damos, muy de vez en cuando, una explicación. Casi todos hemos tenido esos incómodos momentos en los que uno no sabe qué responder para no ofender al chismoso, a veces nos limitamos a dar una sonrisa que no parezca tan hipócrita y guardamos silencio.

Pero… hablando de la segunda paternidad, ¿cuándo es el momento ideal de encargar hermanito? Acaso hay alguna señal que nos indica que ya estamos listos? ¿Acaso vamos a dejar de sentir miedo algún día? ¿O será que todos encargan A PESAR del miedo? La respuesta de esas preguntas las tenemos nosotros mismos, sino que nos da aún más temor encontrarlas. Nadie puede decirte cuándo es el momento indicado, tú y yu pareja son los únicos responsables de eso. Nosotros hemos tenido varias etapas: desde “cómo carajos decidí ser padre?” Hasta “Awww ya Elías está grande, vamos a hacer otro bebé.”

¡¿Otro bebé?! Hay quienes piensan que un hijo único no es problema alguno y que jamás va a sentir la ausencia de un hermanito. Los que tenemos hermanos incluso podríamos pensar que estamos haciéndoles un favor. Pero ¿quién tiene la última palabra? En realidad, como casi todas las decisiones transcendentales de la vida, son decisiones personales y/o de familia.

Pero si ya la tienes clara y sabes que quieres al menos dos hijos, por aquí te voy a dejar algunas señales que ya están listos para encargarlo:

1. Están estables económicamente.
Cualquiera puede saber – o al menos imaginarse- que un hijo es una gran inversión, y no sólo de tiempo sino de dinero. Con el segundo hijo ya tienes un estimado más real de todos los gastos que se vienen: desde los costosos complementos prenatales, exámenes médicos, el parto, los pañales, etc. hasta la universidad. Es muy buena idea ir haciendo el almacén de pañales, cremas antipañalitis y pañitos desde muy temprano.

2. Has perdido el peso del primer  embarazo.
Si ya es difícil bajar el peso de UN embarazo, aún debe ser más difícil bajarlo de dos. El cuerpo ya ha sufrido bastantes cambios durante tu primer hijo, tu piel no es la misma que la primera vez, tus músculos ya se han estirado bastante. Por lo que es muy recomendable esperar recuperarte de tu primer embarazo antes de quedar otra vez.

3. Has podido recuperar tu relación de pareja después del caos de los primeros meses.
Ya sabemos que es muy difícil volver a ser la pareja que eran antes de ser papás, pero si han podido recuperar su intimidad, tienen tiempo para estar solos y disfrutarse, han podido escaparse durante más de un día y sienten que a pesar de todo siguen siendo esos novios que casaron hace unos años; es un momento bueno para encargar. No lo hagan mientras aún viven en el caos, pues será muchísimo más difícil y agotador.

4. Tu primer hijo ya duerme toda la noche.
El descanso es muy importante, lo mejor es que ya puedas hacerlo tranquilamente y que tu hijo mayor tenga una rutina ordenada de su día. Será muy duro volver a empezar las trasnochadas pero al menos no serán dobles.

5. Tu primer hijo ya tiene más de dos años.
Este es un punto muy personal y de decisión de cada familia. Para mí que se lleven tres años es una buena edad para ayudar al compañerismo entre hermanos y también permite que hayamos podido disfrutar al primero. Sin embargo, habrán muchas familias que piensen que es mucho tiempo y otras que piensen que es muy poquito. Ya esto es mejor dejarlo a decisión personal.

Pero lo que si es regla general, es que un segundo hijo multiplica el amor y nos hará el doble de felices; sin mencionar el doble de estresados, pero todo valdrá la pena. No estoy de acuerdo con dejar a mi hijo como único, ya vendrá el momento de tener su hermanito.

En otro post les comentaré cómo preparar al hijo mayor para la llegada del hermano menor.

 

 

Mi hijo ha pegado a otros niños, ¿qué debo hacer?

Mi hijo a veces pega, a veces hasta pellizca y yo no les puedo explicar la pena que me da cuando esto pasa. Son de esas situaciones de la maternidad de las que uno no se puede salvar, no sabe ni qué cara poner ni mucho menos sabe qué hacer para disculparse con los papás del otro niño. Ni para qué decir lo horrible que se siente ver a un niño llorando, nos parte el alma, y el sentimiento es peor si el motivo es nuestro niño.

Aunque la mayoría de las veces me he encontrado con que los papás del otro niño reaccionan muy tranquilamente y me dicen “no hay problema, es normal, son niños”, también me he encontrado a papás que se llevan a su hijo sin decir una sola palabra, sin escuchar mis disculpas y encima miran feo al mi niño. Y otros personajes, la gran mayoría animadoras/maestras/mujeres jóvenes que manejan niños en cantidades, se lucen y hacen comentarios que generan en mí todo tipo de sentimientos asesinos que me veo obligada a reprimir.

Investigando sobre el tema me he indignado todavía más con todas las razones que dan algunas personas en sus artículos, razones muy parecidas a las de esas mujeres de las que les hablé en el párrafo anterior. Barbaridades como:

– El niño imita lo que ve, seguro ve manifestaciones de violencia en su casa.
– El niño está falto de amor y esa es su forma de expresarlo.
– Seguro que le pegan y por eso el pega a otros niños.
– El niño es violento y hay que llevarlo al psicólogo cuanto antes.
– ¿Es hijo único? Ahhh eso es que le falta un hermanito para que aprenda a compartir la atención.

Entonces me propuse estudiar y aprender a encaminar a mi hijo para que aprenda a dejar esta conducta y que entienda que hay otras maneras de expresarse. Encontré muy buenos consejos, los compartí con mi esposo y con mis papás (que son los cuidadores de mi hijo) y hemos empezado a seguirlos. Me gustaría decir que hemos tenido éxito, pero apenas iniciamos la misión así que aún no hay avances que mencionar, sin embargo, los consejos han sido tan buenos y caí en cuenta que más de una mamita debe estar viviendo lo que yo y quise compartirlos.

Primero se trata de entender porqué lo hace. Encontré una relación muy estrecha entre el hecho que mi hijo aún no habla muy fluido y su motivación a pegar. La mayoría de los adultos expresamos con palabras cuando nos sentimos decepcionados, impotentes o cuando nos sentimos frustrados. Entonces entendí que un golpe o un pellizco puede significar “suelta ese juguete que es mío” o “No grites cerca de mí porque me asusto” o “quítate que no me dejas ver” o “no quiero jugar contigo, ¡permiso!”. Cualquier cosa que le cause una frustración, resulta un motivo para ese comportamient

Al leer entendí muchas cosas y también me tocó reconocer que mi hijo puede ser un niño con una tolerancia a la frustración muy bajita. Y eso también lo puedo notar cuando -por ejemplo-intenta armar un juguete y si no le sale bien, lo tira lejos con rabia. Mi hijo está aprendiendo a que no todo es fácil en la vida y que no todo sale a la primera, y esto  algo difícil de asimilar, ¿cierto? Y si, también tuve que aprender que el hecho que él sea el único centro de atención en su familia, no le ayuda a entender y interiorizar que las demás personas también tienen necesidades y que pueden estar primero que las suyas.

¿Qué hacer entonces cuando pase? Y no, nuestra reacción no es nada fácil de intuir o adivinar. La respuesta puede parecer obvia, pero les aseguro que esa no es la mejor. Primero hay que saber lo que NO debemos hacer.

Pegarle. Creo que la respuesta natural es darle una palmada pero, ¿cómo le enseñas que no pegue si le pegas? Es contradictorio, ¿verdad? Esa no es una opción. No se imaginan mi cara de terror cuando leí en algún lado “pégale de vuelta para que vea que hace daño”  No, definitivamente no.

Castigarlo con un “nos vamos para la casa”. Un niño pequeño no tiene mucha noción del tiempo, para él pueden ser horas de diversión en el columpio mientras que nosotros sabemos que sólo pasaron 10 minutos. No le vas a enseñar nada si te lo llevas a la fuerza.

Gritarle. Otro comportamiento violento, así que no.

Ignorarlo/Reírse/No darle importancia. Nunca, no podemos dejar pasar ni una sola vez. Debemos ser consistentes y corregir cada vez que pase. Muchísimo menos debemos reírnos porque lo tomará a chiste  a gracia, y seguro lo va a repetir. No debemos permitir que un niño pegue sin que sea corregido.

Entonces, ¿Qué es lo que SI podemos hacer?

Asegurarnos que no se han hecho daño. Tanto el niño golpeado como el que golpea se pueden lastimar. Debemos confirmar que estén bien y llevarnos al niño que golpeó lejos del lugar para evitar una repetición.

Serenos pero firmes. Una vez el niño esté solo con nosotros, le hablaremos de forma calmada pero muy firme. Le diremos lo que hizo mal y que no se debe repetir. Siempre mirándole a los ojos para asegurarnos que está prestando atención.

Decirle que enfadarse está bien. Hablarle de sus sentimientos, del enfado, y de cómo lidiar con él. Hay que enseñarles el nombre de los sentimientos, decirles que también nosotros nos enfadamos pero que que no hay que pegar ni hacer daño a nadie.

Dale cariño. Dale un abrazo y déjale sentir que lo amas, que el que los corrijamos no quiere decir lo contrario.

Que repare el daño causado. Los niños pequeños pueden no entender el acto de pedir perdón. Pero si puede tener una atención con el niño afectado: un besito, un abrazo, si tenemos una curita podemos decirle que se la entregue al niño lastimado, ponerle hielo, etc. Cualquier gesto de cariño hacia el otro niño le enseñará a tener en cuenta los sentimientos de los demás.

Siempre hay que tener presente que los niños no son malos, que ellos siguen sus instintos más naturales y que nosotros estamos precisamente para enseñarles a canalizar bien sus energías. Debemos tener presente todas las cosas positivas que los caracterizan y no cegarnos por las negativas. A mi hijo le reconozco que no es el 100% del tiempo que actúa así. Muchas veces ha pasado que estando en un parque, se queda quieto cuando llega a un juego y hay un niño utilizándolo, entonces nos mira y le explicamos que debe esperar que el niño termine, y su reacción es irse a otro juego que esté disponible; y también ha pasado que lleva dos carritos al parque y lo comparte con otro niño para que jueguen juntos. Sin embargo, tengo que llamarle la atención cuando no lo hace porque como papás tenemos el deber de educarles y de enseñarles las cosas correctas e incorrectas.

¿Alguna vez les ha pasado? ¿Cómo reaccionaron? ¿Su hijo lo volvió a hacer?

 

¿Hijos perfectos? ¡Yo los prefiero felices!

A medida que vamos creciendo, también crecen nuestros estándares de lo que nos produce felicidad y lo que no. A un niño, por el contrario, casi cualquier cosa podría hacerlo feliz. Es sorprendente -y al parecer inagotable- el listado de cosas que les levantan el ánimo, les acaban las pataletas y les sacan sonrisas, risas y carcajadas. Desde una caja vacía hasta un puñado de lentejas que pueden usar para contar.

Gracias a esto, las mamás no necesitamos un grado en psicología o en comportamiento humano ni mucho menos expertas en felicidad humana para hacer felices a nuestros niños. Sólo es necesario tener paciencia y ser flexibles para establecer las bases de una vida feliz para tu hijo.

Sin embargo, si podemos aprender algunas nociones básicas para que podamos crear un ambiente propicio para su felicidad, estas son cosas que bien podemos aprender en el camino, o si son ansiosas curiosas -como yo- buscarán un buen documento al respecto.

Los expertos proponen aspectos fundamentales a tener en cuenta, y si lees bien ninguno de ellos incluye niños superdotados, que se porten bien el 100% del tiempo, que caminaron antes de los 10 meses, que reconocen los colores al año de edad, que dijo sus primeras palabras a los 11 meses o que dice todas las capitales de sur américa con apenas tres años de edad. Aquí les van:

1. Aprender a leer las emociones de nuestros niños. 

Los  niños no son difíciles de leer, su felicidad la demuestran con saltos, gritos, risas, ojos iluminados y energía desorbitada. Son los mejores para expresar sus sentimientos. Puede brincar de felicidad porque pudo armar su juguete él solito o llorar desconsolado porque mordió la jirafa inflable y ahora está toda deshecha.

 

También puedes notar su carita de asustado cuando algo le ha producido miedo, cuando sale corriendo buscando refugio en tus brazos, en ese momento dale confianza e indícale que a tu lado se puede sentir seguro. O esa cara de desagradado que pone cuando no le gusta algo, incluso hace señas con la nariz que algo huele mal. El enojo es quizás el más común y frecuente, debes saber que cuando un niño arroja sus juguetes con rabia es porque está sintiendo un nivel de angustia más allá de su tolerancia. Hay que sentarles, hablarles con calma y enseñarles entonces que esa angustia se debe canalizar de otra forma y siempre buscar una solución.

¿Ya sabes cómo tu hijo te expresa que se siente mal? ¿Quizás cuando esta triste o enfermo? El mío tiene una forma muy particular, se acerca a mis piernas y pone su cabecita para que lo acaricie y luego busca que lo cargue y se queda allí quieto un rato. Y es particular porque nunca se está quieto.

 

2. Enséñales buenas (y sanas) costumbres.

  • Una rutina de sueño (con las horas necesarias para su edad)
  • Ejercicio. Esto no hay que pedírselos demasiado, más bien rogarles que se estén quietos un rato.
  • Comer saludable.
  • Enséñale orden. Esa canción “a guardar y recoger, todas las cosas en su lugar” es mi mejor aliada cuando le enseño orden.
  • Permitirles arreglar problemas (de su alcance) solitos. Quizás una pieza de un juguete suelta o alcanzar algo alto para lo que deben estirarse un poco más. Bien dice esa canción de Daniel Tigre: “Trata de arreglarlo tu solo y estarás muy orgulloso”
  • No reacciones inmediatamente a su frustración, deja que viva esa experiencia de aprendizaje. Aprender a lidiar con las inevitables frustraciones de la vida es crítico para la felicidad de tu hijo en el futuro.

3. Enséñale cómo usar y mejorar sus habilidades.

¿Le gusta apilar bloques, tocar instrumentos y/o hacer dibujos? ¡Excelente! Incentiva esa actividad y deja que crezca a su ritmo.

Hallowell* dice que “las personas felices son a menudo aquellas que dominan una habilidad” Practicar una habilidad exige disciplina, paciencia y muchos intentos. Estas cosas le enseñarán a tu hijo de la perseverancia hasta conseguir un objetivo y también del reconocimiento cuando lo consiguen. Además, esto le ayuda a descubrir que tiene control sobre su vida. Y ese sentimiento de control que se experimenta a través de dominar algo es un factor importante que determina la felicidad, incluso en los adultos.

Ellos necesitan seguir sus propios intereses y metas, y al cumplirlas, sienten esa misma satisfacción que tu sientes.

4. Juega con ellos.

¿Qué es lo que realmente hace feliz a tu niño? ¿No lo sabes? Te doy una pista: fue lo primero que vio cuando nació. Sí, eres tú y su papá. Nosotros somos su mejor juguete y lo que ellos más desean disfrutar. Dice Hallowell*: “Relaciónate con ellos, juega con ellos. Si tú te estás divirtiendo con ellos, ellos se están divirtiendo. Si creas lo que llamo una ‘niñez conectada´, darás el mejor paso para garantizar que tu hijo será feliz”.

¿Necesitan alguna razón más? ¡Vamos a jugar! Y no tiene que ser un juego muy elaborado ni avanzado. Mi hijo me entrega uno de sus carritos, él se queda con otro y los rodamos por toda la casa. El nivel de risas en ese momento podría dar energía a todo mi conjunto por un mes completo (Referencia: Monsters Inc.)

 

5. Está bien sentirse triste a veces.

Si lo regañas, y se va a hacer pucheros o rabietas, déjalo lidiar con ello. Cuando se calme, le hablarás con calma y le ayudarás a entender qué hizo mal y cómo debe evitarlo. Mientras esté enojado/triste no lo obligues a hacer cosas que no quiere. Ellos  necesitan aprender que ese sentimiento es natural y normal, es parte de nuestras vidas. Evitarles la tristeza no los hará felices, los hará más vulnerables y quebradizos ya no puedas controlarlo y no hayan aprendido a lidiar con ella.

Ponle nombres a los sentimientos (incluso si tu hijo no habla mucho): contento, enojado, triste, feliz, etc. Todas las emociones tienen una forma de expresarse, puedes enseñarle imágenes con cada una para que las identifique y se familiarice con ellas.

Dile que si está triste porque se rompió un juguete, puede intentar arreglarlos o jugar con otra cosa. Enséñale de respiración lenta para relajarse o “cantar” una canción que los anime. Hay muchas formas de superar la tristeza, debemos enseñarles.

 

La más importante: Siempre, siempre hazle sentir amado.

El rechazo o el desamor son destructivos, ya vemos muchos adultos dañados por una fea infancia, no repitamos esas historia. Ámalos y hazles sentirse amados, ¿cómo?

  • Haz importantes para ti las cosas que son importantes para él.
  • Crea una rutina de amor y pechiches antes de dormir.
  • Despiértalo con un beso.
  • Cántale canciones tiernas. Incluso desde la panza.
  • Sonríele mucho. Hazle muecas y sé su payaso personal
  • Nunca pierdas el contacto piel con piel. Abrazos largos, masajes, besos, hacer siesta juntos, etc.
  • Dedícale tu tiempo. Y que sea de calidad.
  • Háblale con la verdad y cumple tus promesas. Tendemos a mentirles a los pequeños para calmarlos, es un gran error.
  • No lo compares con nadie.

* Edward Hallowell, psiquiatra y autor de The Childhood Roots of Adult Happiness (Las raíces infantiles de la felicidad adulta)