No, no es tu cuerpo. | no es tu cuerpo

Recuerdo un día en que Elías estaba en mi vientre, estaba en el punto de compra de vitaminas prenatales que me había recomendado mi doctora, tenía ya unos gloriosos seis meses de embarazo y lucía con mucho orgullo mi pancita. Hacía poco más de un mes que los carnavales habían terminado en la ciudad donde vivo. Mientras esperaba en el mostrador que me despacharan mi pedido, una niña no mayor de 23 años solicitó un medicamento que se quedó grabado -temporalmente- en mi memoria. Y al ver cómo me miraba ella, observando mi pancita con cierto recelo y evitando mi mirada cuando yo volteaba a verla, aún más curiosidad me causó el medicamento que pidió. La atendieron rápidamente, alguien salió por una puerta interna del local, le entregó discretamente una bolsa y ella salió muy rápido y sin mirar atrás. No fue hasta que llegué al carro que busqué en mi celular la composición del medicamento y sus indicaciones… era un “medicamento” para abortar. Esa niña había disfrutado sin precauciones los carnavales y quien iba a pagarlo no tenía la culpa.

Eran las 3am de un día laboral, yo tenía mucho sueño y no había dormido nada bien. Esta barriga cada vez me hace más incómodo el dormir, incluso  he pensado en dormir sentada pero aún no he hecho el primer intento. Y mientras que yo lo que más deseaba era dormir, Elena se mecía feliz en mi panza haciendo de cada posición mía la más incómoda del mundo. MI cuerpo está cansado, MI cuerpo quiere dormir, MI cuerpo necesita dormir, eso quiere MI cuerpo. Pero el cuerpo de mi hija está sin estrenar, SU cuerpo tiene las energías a mil, SU cuerpo está fresco y descansado, SU cuerpo quiere bailar y saltar sin importar que sean las 3am. Son dos cuerpos, no uno solo. No, no es mi cuerpo, es el cuerpo de otra persona formándose en el mío.

No, no es tu cuerpo. Tu cuerpo no tiene dos cabezas, tu cuerpo no tiene cuatro brazos, tu cuerpo no tiene cuatro piernas y si tuviera la mitad del corazón que está formándose, no te defenderías con ese argumento tan vacío y tan soso. Es el cuerpo de un ser puro, inocente, indefenso y vulnerable que está creciendo dentro de ti. Que depende de ti para sobrevivir y que -desafortunadamente- te escogió a ti para venir el mundo. Eres su incubadora y su protectora. Y eso no te da el derecho de acabar con su vida. 

No, no es tu cuerpo. Sólo es tu cuerpo para decidir cuidarte, es tu cuerpo para decidir con quién te quieres acostar, es tu cuerpo para decidir cuántos tatuajes quieres ponerte, es tu cuerpo para decidir qué ponerte y qué no; pero si hablamos de un nuevo cuerpo que apenas comienza a formarse… NO, no es tu cuerpo y tampoco tienes el derecho de decidir sobre su derecho a la vida. Y lo entiendo, créeme, el albergar una nueva vida y contribuir a su formación no es tarea fácil, no hay necesidad de explicárselo a una mujer que tiene un hijo de dos años y ocho meses y que además ya va por más de la mitad de su segundo embarazo.

Hace unos meses una mujer en mi país fue “tan valiente” que se atrevió a hablar de cómo fue su aborto y de porqué lo hizo. Hablaba de que no quería ser madre soltera, que había sido un solo descuido de una noche loca con un susodicho que no se merece mencionar siquiera, que además nunca había querido ser madre y que a sus 38 años (y con un embarazo no deseado a bordo) no iba a cambiar de opinión. Buscó una clínica de abortos, se asesoró de cómo sería el procedimiento y en esa misma clínica una psicóloga amañó sus intenciones para justificar el asesinato bajo la primera de las causales por las que es permitido el aborto en mi país.

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Nos cuenta que ella sufre de una enfermedad muy dolorosa y los medicamentos para controlar el dolor no son compatibles con el embarazo, entonces su vida -o su salud- se vería en riesgo y un solo certificado médico que soportara esta afirmación la respaldaba para matar a su bebé. ¿Que si la justifico y estoy de acuerdo con lo que hizo? No. Ella tenía otras alternativas, podía elegir entre muchas otras opciones, pero decidió -y de forma muy egoísta, a mi parecer- darle prioridad a su propia vida y acabó la pequeña vida que estaba formándose en sus entrañas. Eso no es digno de admirar, ni tampoco aplaudir, sencillamente es una decisión egoísta de uno de los tantos seres egocéntricos que habitan este planeta.

La vida no se respeta, y es que un bebé en formación no es vida, porque son un montón de células sin alma y sin sentimientos. ¿Seguro? Estoy segura que tiene mejor alma, más pureza y mucho más potencial que cualquiera de nosotros. Pero si encontraran vida en marte, incluso un “insignificante” organismo unicelular sería todo un descubrimiento. Pero un bebé recién concebido no es tan importante. No, no es tu cuerpo, déjalo vivir, y si no quieres ser responsable de su vida, créeme hay muchas parejas anhelando un ángel que pueden hacerse cargo con toda la felicidad del mundo.

¿Saben qué me dio mucha risa? Mucha gente empezó a endiosar a la susodicha diciendo que era una “berraca” por haberse atrevido a hablar ¿Berraca? ¿En serio? Berraca una mamá soltera que saca adelante a sus hijos sin la ayuda del idiota al que no se le debe decir padre. Berracas todas las que tienen a sus hijos por parto natural. Berraca la que se atreve a llevar un embarazo de alto riesgo y que lo lleva a feliz término. Berraca la mujer que puede criar a más de uno al tiempo sin volverse loca. Berraca ella misma si hubiera sido capaz de llevar su embarazo, aún con su dolor, eso lo hubiera hecho una berraca… abortar fue la salida fácil. Si, fácil, porque superar la “tristeza” que sientes después de asesinar a tu bebé no se compara con la fuerza y la tenacidad que implica criarlo.

Seis ventajas de estar embarazada

Eran las 330pm, la hora más cruel entre el almuerzo y la cena, o debería decir, la salida del trabajo. Había bostezado unas quince veces desde que llegué de mi casa y no tenía la más mínima motivación de trabajar. Realmente no era capaz de decidir si lo que sentía era más sueño que hambre, pero estaba completamente segura que las dos habían hecho metástasis en mi. Y el mensaje llegó como enviado de Dios: “¿Quieres sushi? Baja a la cafetería.”  Y era ella,  ya ha aprendido a conocerme y sabe que a cualquier hora estoy dispuesta a comer; y estando embarazada ha sido mi cómplice, alcahueta y también víctima de mis antojos. Entonces bajé y me comí tres deliciosos bocados de sushi. Se me quitó la ansiedad de hambre y por la caminada también se esfumó el sueño.

Esa tarde pensé que estar embarazada si tiene sus ventajas. Es difícil encontrarlas entre el dolor de espalda, los senos inflamados, las náuseas de los primeros meses, los dolores frecuentes de cabeza, el estreñimiento, los cambios de humor, etc… Pero no hay duda que si hay algunas ventajas que podemos rescatar, por ejemplo, que una buena amiga te alimente un viernes en el trabajo a las 330pm.

La primera: Tus antojos son justificados.
Así es, todos y cada uno de ellos, sin excepción, sin juzgar por cantidades, sin regaños por la frecuencia. En este segundo embarazo no he tenido muchos, pero cuando los tengo me los como sin el menor remordimiento de conciencia. En mi primer embarazo me cuidé mucho y sólo subí 8 kilos y medio, en el actual, como no me ha provocado mucho comer apenas en cuatro meses y medio llevo un kilo. Si tu caso es que has subido mucho de peso, hacer una lactancia abundante y prolongada es muy buena idea.

La segunda: El cabello, el hermoso cabello.
Bien podrían contratarme para un comercial de una prestigiosa marca de productos de cabello. El mío está radiante, lleno de vida, sin frizz, liso, suave… Lo adoro en estos meses, no se me cae casi. Benditas sean las hormonas ¿La paga? En un año se me va a caer todo lo acumulado que no se me ha caído durante estos meses.

La tercera: Te ves linda incluso con una panzota.
Así te pongas un vestido que ya no te gusta (pero es de los pocos que te quedan), unos leggins llenos de motas, el cabello en un moño alto, cero maquillaje, cara de sueño, etc. Tus hormonas se encargarán que tu piel luzca como la porcelana, tu cabello brille cual diamante… siempre lucirás hermosa. Y la gente mirará tu pancita con ternura y te repetirá una y otra vez “¡Estás radiante!”

La cuarta: Adiós a al período (y sus dolores) por un buen rato.
Cada 28 – 30 días la misma historia. El dolor de senos de preaviso, los cólicos, la hinchazón, la cambiadera de toallas (o tampones), el no poderte acostar con tranquilidad, el revisarte cada vez que te levantas de una silla, la descarga que sientes cuando te pones de pie… todo eso queda en pausa por un buen rato. ¡1000 puntos para el embarazo!

La quinta (que no aplica en mi): El aumento del tamaño de los pechos.
Y digo que no aplica para mí porque estoy bastante satisfecha con su tamaño real, inclusive pienso hacerme una reducción en algún momento de mi vida. Pero si es verdad que muchas mamitas se ponen muy felices cuando ven cómo les crecen sus pechos. Tengo una amiga que incluso le cuestionaban si se había puesto implantes, ella no cabía de la felicidad. Yo no, me pesan más, me duele más la espalda y ningún bra me queda, estoy usando esos de maternidad que no son nada bonitos pero si muy cómodos.

La sexta:(cuando tienes otro hijo): Tu esposo te deja descansar más de la cuenta.
Son las 630am. Domingo. Mi hijo  se despierta con muchas ganas de jugar, insiste en levantarnos y nosotros no podemos con el sueño. Mi esposo -ese ángel personal que Dios me mandó- hace el sacrificio, se levanta y se va a jugar con él. Mientras tanto, me regala 30 o 40 preciados y necesitados minutos de sueño. Si el niño está cansado, él lo carga. Si sale corriendo, el corre detrás de él, le da la comida mientras yo levanto los pies después de cocinar, lo baña y lo viste… ¿Ya les había dicho que es un ángel?

¿Se les ocurre alguna otra?

 

Seis consejos para viajar embarazada

¿De vacaciones? Por fin lega diciembre y es la época en la que muchos deciden viajar. Si estás embarazada, ten en cuenta estos consejos para que la pases mejor.

1. Dile NO a las actividades extremas.
Ya sabemos que quieres aventurar en tus vacaciones, pero recuerda que hay una vida en formación en tu vientre, muy delicada. Consulta con tu médico qué es lo que puedes y no puedes hacer. Todos los cuidados que debes tener, la comida que tienes permitido comer y asegúrate que el lugar al que vas tiene todas las condiciones dispuestas para tu comodidad.

2. Lleva el estrés a su mínima expresión.
Es irónico pero inevitable estresarse cuando uno se va de vacaciones. El motivo más frecuente son los retrasos, ¿cierto que si?
¿Qué puedes hacer para reducirlo un poco? Planifica. Así aprovechas mejor el tiempo y no andas corriendo a última hora. Reserva desde antes el mejor asiento del avión, el hotel, el carro (sin van a alquilar) y todo eso que es indispensable a la hora de viajar. Lleva un bolso de mano lo suficientemente grande para que te quepan todos los esenciales:
– Meriendas sanas.
– Pañitos húmedos.
– Documentos de id.
– Lapiceros, bolígrafos, papel para escribir.
– Un buen libro (o tu kindle)

3. Cuidado con las infecciones vaginales.
¿Vas a la playa? ¿A la piscina? Evita estar mucho tiempo con prendas húmedas, ya sabes que eso propicia las infecciones. Recuerda que todas tus defensas bajan durante el embarazo, así que tienes que ser mucho más prevenida.

4. Acuérdate de tus pies.
Nuestros pies se hinchan mucho cuando estamos esperando, los calambres y los tirones musculares están a la orden del día y los dolores no se hacen esperar. Es mejor prevenir que luego estar lamentándose y no poder continuar con las actividades que tenías programadas.
– Acuéstate y levanta las piernas.
– Lleva calzado muy cómodo, así como la ropa.
– Al volar, mejor hazlo sin zapatos y usa unas medias gruesas si quieres andar por el avión.
– No te olvides de llevar curitas en caso de alguna rozadura del zapato.

5. Ahorra energía.
Ya sabes que cuando estamos embarazadas nos cansamos más. Nuestro cuerpo está en continuo esfuerzo incluso si estamos acostadas, formar una nueva vida no es trabajo fácil. No debes forzarte el mismo ritmo que llevarías si no estuvieras embarazada. Un bañito, una tranquila velada con tu novio/esposo, servicio a la habitación… te puede ayudar a recuperarte y a conservar un buen nivel de energía todo el viaje.

6. No postergues las idas al baño.
Ya sabes que tu vejiga está apretujada y no puede almacenar mucho líquido, es bueno que identifiques en todo lugar dónde están los baños para que no tengas que aguantar mucho tiempo sin ir. Lleva siempre tu propio papel higiénico y jabón antibacterial. ¿Emergencia? Te puedes valer de una botella de cuello ancho con muy buen cierre. También recuerda elegir asientos cercanos al baño en los aviones.

Y ante todo y sobre todo mantén siempre tu buen humor, ya sabes que el vuelo siempre puede retrasarse.

 

¿El embarazo es contagioso? | el embarazo es contagioso

El día que anuncié mi embarazo en el trabajo recibí una hermosa reacción por parte de mis jefes y mis compañeros más cercanos, de verdad que fue muy lindo recibir todo ese afecto y ver que mi hijo también iba a ser bien recibido en mi ambiente laboral. Pero como nada es color de rosa al 100%, recibí un comentario cargado de negativismo que aún recuerdo perfectamente: “¡Ay, otra embarazada! ¡Ya Alicia cayó en la epidemia de embarazos!”

El personaje de la obra, con ese grosero y mal intencionado comentario, tenía en parte la razón: El embarazo es contagioso.

Y no es que lo diga yo ni mucho menos, hay mucha evidencia al respecto y estoy segura que más de uno sonrió al leerme. Si un amigo o un conocido cercano, queda en estado de embarazo nos hace cuestionarnos y muy dentro de nosotros empieza a crecer ese deseo de ser madres/padres lo más pronto posible. ¿Qué puede ser más motivador que tener un bebé tiernito y pequeñito en los brazos? ¡Claro que vas a querer uno para ti! Está claro que tener un hijo no es una decisión compulsiva y no vamos a salir corriendo a quedarnos embarazadas, pero nuestro corazón queda tocado y pasa un buen rato hasta que se nos quita la idea de la cabeza.

¿Que si a mí me pasó? ¡Soy culpable! En mi caso fue mi mejor amiga, cuando me dijo que estaba esperando bebé me antojé enseguida. Pero no fue sino hasta unos ocho o nueve meses después que nos decidimos, puesto que nuestro proyecto de vida estaba pensado de ese modo. Sin embargo, hoy en día es muy lindo ver jugar a nuestros hijos juntos y que no se lleven ni un año de edad. Además que los dos son niños así que son compañeritos ideales a la hora de jugar.

Y no sólo me antojé sino que también antojé a otros. Y digo otros a propósito porque se trató de hombres. En mis tiempos de estudiante en un grupo de 30 o 40, sólo 3 o 4 éramos mujeres. Ahorita en mi trabajo, en el equipo de TI soy la única mujer. Por lo tanto, a quienes antojé fue a dos de mis compañeros hombres y sus esposas quedaron embarazadas muy cerquita de mí. Entonces nuestros hijos se llevan uno y seis meses. Ni hablar de mi cuñada, quien sin saberlo se puso de acuerdo conmigo para tener bebé y nuestros hijos se llevan sólo 15 días.

En algún lado leí de la sincronización de los ciclos menstruales entre las mujeres que tenían lazos muy fuertes, entre ella y yo se dio ese raro fenómeno y nuestros ciclos se fueron moviendo hasta ser casi idénticos. Hasta el punto que nuestros hijos casi, casi nacen el mismo día.

 

¿Cuáles son las razones del contagio?
1. Influencia social. 
El otro días estaba viendo un video de un experimento social en el que demostraban que los seres humanos somos ovejas fácilmente programables y que tendemos a seguir lo que hace la gente a nuestro alrededor, eso no es nada nuevo y también aplica para los embarazos. El ver a nuestros amigos convertirse en padres -aunque lo neguemos- despierta en nosotros cierta admiración, podemos notar cómo maduran como personas y los vemos adoptar una nueva actitud en su vida: mucho más positiva y motivada. Por supuesto, vamos a querer sentir todo eso en carne propia.

2. Los amigos como fuente de aprendizaje.
“Y si Juanito se tira de un puente, ¿tu también?” Parece que nunca aprendimos la lección y seguimos haciendo las cosas porque otros las hacen. En estos casos ver a nuestras amigas desempeñando su rol de madre, nos hace ver una nueva parte de ella y aprendemos tips para aplicar con nuestros propios hijos.
¿Lo bueno? Aprovechamos todo lo que ellas van aprendiendo en el camino, y entonces nos sentimos un poco más preparadas al asumir la maternidad porque rememoramos aquella vez que mi amiga le pasó esto e hizo esto otro y le funcionó. El que veamos a una amiga que calmar a un bebé irritado cuando hace algunos pocos meses no era capaz de calmarse a sí misma, nos hace perder el miedo a la maternidad y nos alienta a intentarlo. Además, si sientes alguna duda o confusión en alguna situación, sabes que cuentas con tu amiga la primeriza que tiene un poco más de experiencia que tu.

3. Reducción del estrés.
Tener un hijo (o dos) es de lo más estresante, sobretodo los primeros meses. Al vivir esta nueva experiencia en conjunto, el estrés disminuye porque lo compartimos con nuestros amigos. No les voy a negar que al hablar con mis amigas mamás mientras estaba en la locura de las primeras semanas me hizo sentir muchísimo mejor.

 

¿Y qué dicen los expertos?
“Como la decisión de tener un hijo se toma en medio de una gran incertidumbre, las experiencias del entorno social cobran especial relevancia para las mujeres.”
Para los que no tienen hijos, y tampoco quieren tenerlos, se vuelve aburrido y harto el tener que ver en todas sus redes sociales fotos de bebés y comentarios al respecto. Y resulta que los expertos coinciden en que estas mismas redes son el medio actual por excelencia para hacer comparaciones en las situaciones y los estilos de vida de cada uno.

Otros profesionales afirmar que el embarazo es contagioso porque se vuelve mucho más sencillo compartir con amigos con hijos que con los amigos que aún no los tienen. Y lo decimos por experiencia: ser la única pareja con hijos, inevitablemente, nos ha hecho sentir solos entre nuestros amigos sin hijos. Entre parejas con hijos es más fácil decidirse por un lugar baby-friendly, el horario adecuando de los niños, comidas sanas, etc.

Lo cierto es que convertirse en padre es empezar una aventura de la que no se sabe nada y se vuelve mucho más llevadera y emocionante cuando la puedes compartir con las personas que más te importan.

 

¡Yo no soy una vaca lechera! | lactancia materna

Le contesté groseramente a mi papá cuando Elías tenía menos de una semana de nacido y me demandaba HORAS sentada/acostada dándole teta. Yo me quejaba de todo el tiempo que me quitaba la lactancia y a él no se le ocurrió un consuelo mejor que decirme que las vacas le daban leche a sus terneros todo el tiempo que los pequeños lo necesitaban. Mi papá -pediatra de corazón y de profesión- fue capaz de decirme eso con su insufrible mirada de suficiencia, esa que pone cuando sabe que tiene la razón en algo. Ese día yo era rabia, frustración y cansancio. Una Alicia así jamás se iba a imaginar que a pesar de sus duros comienzos, un día le daría la razón al abuelo pediatra: me convertí en una mamá vaca.

 

Cuando estaba embarazada, mi mejor amiga ya tenía a su bebé de meses, ella fue -principalmente- mi guía en muchas cosas de mis inicios en la maternidad. No pueden imaginarse el terror que me hice de la lactancia al escuchar cómo ella me hablaba de su experiencia y de sus terribles dolores, pezones agrietados y demás. Me decía que si ella (quien había tenido un embarazo de ensueño) había tenido tan mala experiencia lactando, pues peor me iba a ir a mí. Y así -mas o menos- fue.

Las dos primeras semanas fueron terribles. Mis pezones se agrietaron, cuando mi hijo lloraba para pedir teta, yo también lo hacía. Aún así me lo pegaba y sufría el dolor en silencio mientras lo alimentaba. Recuerdo mis lágrimas mudas mientras esperaba que el dolor menguara un poco. Eran dos horas -y más- allí sin hacer nada más que contemplarlo atontada haciendo caso omiso al dolor que me gritaban mis pezones. En mis tiempos “libres” hablaba con mi amiga, me desahogaba y lloraba, ella me daba todas las técnicas que le habían funcionado para que yo las practicara. Pero yo no quería alternativas, yo quería amamantar. Me había aprendido la lección completa, aprendí como se debía poner el pezón en la boca del bebé, leí libros y asistí a cursos donde te daban todos los tips para  hacer una “mejor” lactancia. Pero luego aprendí la lactancia se aprende en la práctica, con tu bebé, buscando la posición más cómoda para los dos, intentado poner su boca varias veces hasta lograr un buen agarre. Es un proceso de aprendizaje. ¿Y sabes quién es el maestro? Si, tu hij@.

La lactancia materna está llena de mitos, miedos, preguntas, inseguridades, inventos, burlas y creencias. Pero la verdad es que la lactancia es la experiencia más personal e íntima que puede tener una mujer. Seguro que puedes vencerlos todos. Hay que tener fe. Yo me volví muy espiritual en ese tiempo. Recuerdo un día mientras lloraba le pedí a Dios, más bien le rogué, que me ayudara, que quería darle teta a mi hijo sin dolor. Le decía que no me iba a rendir, pero que me diera fuerzas y me ayudara a disminuir el dolor. Mi oración resultó. A partir de ese día, todo fue mejorando, y entonces disfruté al 100% mis sesiones con Elías y me sentí de nuevo que todo encajaba. Me sentía una mamá vaca.

Las “mamás vaca” somos esas mamás que creemos en la lactancia a libre demanda, así nos cueste un ojo de la cara. Una lactancia sin restricciones de tiempo ni de lugar. Una lactancia que hace que nos neguemos a nosotras mismas si es necesario. Estamos convencidas que ésta es la manera correcta de hacerlo y nos negamos a creer en ese “cada tres horas debes darle el pecho. Veinte minutos una teta, sacas gases, veinte minutos la otra teta y sacas gases otra vez”. Mi hijo no se conformaba con cuarenta minutos, él quería más. Yo -equivocadamente- pensaba que quería más leche, que seguía con hambre, que no salía suficiente alimento de mi, y eso me llevó a ceder a darle fórmula. (¡Gran error!)

Hoy, dos años después de mis terribles inicios, puedo decir con orgullo, llena de alegría y muy a pesar que la mía fue una lactancia mixta: ¡Yo fui una mamá vaca! Di teta a demanda, hasta que ya no podía con mi vida, sufrí el dolor sin que eso me detuviera, me fundía en una sola persona cuando mi bebé tomaba de mi leche, me sentía en el cielo cuando calmaba su llanto sólo con mi teta y en esas horas sentía que mi lugar en el mundo tenía mucho más sentido y propósito. No puedo describir lo satisfactorio que es cuando tu hijo se despierta en la madrugada a llorar, y luego de dos segundos de teta se duerme, así sin más. La teta tiene un poder infinito, y hoy entiendo que no sólo sirve para alimentar.

La teta consuela, arrulla, mima, acaricia, calma, relaja y sobretodo se convierte en la primera manifestación de ese amor negado, incondicional y eterno que le damos a nuestros hijos. Es lo más cercano que tu bebé te siente después de haber salido del útero. De haber sabido esto dos años atrás, no le hubiera dado leche de fórmula a mi hijo, pensando erróneamente que seguía con hambre y que ya no salía leche de mi. Pero ya habrá tiempo de reinvindicarme con el segundo(?) La teta es el lenguaje de amor por excelencia. Es un te amo que un recién nacido puede entender apenas sale de su mamá.

¿Lactancia en público? ¡Claro que si! Ya les hablaré largo y tendido del tema.

 

 

La primera noche del bebé (y lo que hay que llevar)

Ya les había contado que las contracciones de Elías empezaron un martes a las 2am, de ahí en adelante ninguno de nosotros dos tres pudo dormir más. Y a las 430am estábamos  -los papás- listos, bañados y empingoretados para la cita más hermosa que hemos tenido jamás. Todo para terminar saliendo a las 6:30am porque fue cuando no sentí tanta pena de llamar a la doc y decirle que ya estaba en trabajo de parto.

¿La maleta? Estaba hecha desde que tenía 33 semanas de embarazo, y con todo y eso me hicieron falta cosas porque, mis queridos, así es la vida. La primera noche de Elías en la clínica fue increíble, porque de verdad no estuvo ni cerca de lo que me había imaginado que iba a ser.

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