“¡Ay no! ¡Ojalá sea la niña!”

Eso me han dicho muchas personas que están -aparentemente- más impacientes que yo por saber si lo que hay en mi vientre es un niño o una niña (ahora vendrán los simpatizantes con el enfoque/ideología/teorema/teoría o como se llame de género a pelearme que eso no lo deciden sus genitales sino que blablablabla… En fin) Yo soy -y siempre he sido- una mujer actual que se identifica con muchas cosas de la vieja guardia, aún no sé si Dios me mandó niña o niño, porque si, para mi será niño o niña dependiendo si en la ecografía veo un pipí o una vulva.

¿Que si no tengo afán de saber? Realmente no. Con mi primer hijo si sentía el afán y ya quería tener un nombre con el que llamarle y dirigirme a mi panza, me estresaba hablar del “bebé” en genérico y no podía esperar a la semana que tenía programada la tan esperada ecografía de la semana 17 – 18 que es donde se puede conocer el sexo.

Ese sentimiento ha estado ausente esta vez, no siento afán, no siento estrés de llamarle por ninguna de nuestras dos opciones para nombre y tampoco he tenido la intención de llamar a agendar la cita de la bendita ecografía a pesar de ya encontrarme en mi semana número 17. Mi doctora ya me dio la orden y estoy a una llamada de distancia, incluso me dijo que la programara antes de navidad para que ese fuera mi regalo de este año; pero no, no siento el afán y  espero tener la suficiente fuerza de voluntad para esperar hasta finales de diciembre para tener más certeza del resultado.

Y si uno se impacienta de tantas veces la misma pregunta “¿Y ya sabes qué es?” pues no es nada comparado con una frase horrible, discriminadora, triste y altamente antipática que sigue a continuación la mayoría de las veces: “¡Ay no! ¡Ojalá que sea la niña, porque otro varón…” La verdad nunca les dejo terminar la intervención.

¿Y por qué no otro niño?
A una de las inoportunas que me dijo algo parecido le hice esta pregunta, y me dijo que no le gustaban los varones porque las niñas eran más lindas y tiernas ¡Qué barbaridad! No sé qué tipo de hijos o nietos tuvo esa señora, pero no puedo estar más en desacuerdo con ella. Los niños SI son tiernos. Para mi hijo soy su corazón, me trata como a una princesa, me mira con adoración y cuando me ve adolorida hace lo que sea por ir a abrazarme y me da besitos donde me duele para que se me pase. Si eso no es ternura, entonces no sé qué más podrá ser.

Otro niño significaría un amiguito más idóneo para Elías, un compañerito de juegos bruscos, de tirarse en la tierra, de saltar y de jugar con camiones y carritos. He conocido muchos pares de hermanos varones que se hacen suficiente compañía entre ellos para jugar y entretenerse. Significaría que tendré la oportunidad de criar a un par de hombres que respeten a las mujeres, que sepan ser sensibles, que sean asertivos y que no teman nunca expresar sus sentimientos. Me encargaré de dejarles  buenos valores y ojalá sigan el ejemplo de su papá, hombre a quien admiro más de la cuenta y de quien me siento orgullosa de llamarme su mujer. Además, también significaría que seguiría siendo la reina absoluta de la casa y de mis hombres. 

¿Y la niña?
Indiscutiblemente yo tendría más cosas en común con una niña, sería una muñequita para mí y podría vivir con ella muchas experiencias propias de la mujer. No habrá moñito en el mundo que no le ponga de adorno y me haría muy feliz pensar que en un futuro tendré compañera de compras, de manicura y de locuras. Y si mantiene una relación como la que yo tengo con mi mamá, pues podrá ser mi amiga eterna. Con ella tendré la oportunidad de criar -en lo posible- una mujer fuerte pero delicada al mismo tiempo, que sepa llevar las situaciones de la vida con los pantalones necesarios y que sepa ser sensible y femenina cuando se deba.

Podré compartir con ella muchos sueños infantiles y tontitos que sólo entre las dos entenderemos, poner en práctica todas mis frustaciones con las manualidades, vestirnos iguales (¡Qué emocionante sería!), vestirme de princesa sin que nadie me mire raro porque ella va al lado mío vestida igual, vernos todas esas películas de disney que tanto me gustan y más. Lo único que temo que sea una niña es que va a sufrir -incluso más que yo- de sobreprotección, y no lo digo por mí (solamente)… tengo un marido muy sobreprotector, y me encanta.

Hay muchas mujeres que dicen que pueden sentir y estar segura del sexo de su bebé sin necesidad de ecografía, incluso he conocido muchas que sentían lo opuesto a lo que decía la ecografía y resultaron teniendo la razón; pero yo que nací sin esos súper poderes, me toca esperar. Y venga lo que venga será un bebé al que llenaré de amor y por el que me desviviré para ser la mejor mamá que existe en el mundo.

Y el segundo, ¿pa’ cuándo?

Si estás soltera, “¿Y el novio pa’ cuándo?”
Si estás de novia, “¿Y el matri pa’ cuándo?”
Si estás casada, “¿Y el bebé pa’ cuándo?”
Cuando tu primer bebé tiene dos horas de nacido, “¿Y el segundo pa’ cuándo?”
Si tienes dos varones, “¿Y la niña pa’ cuándo?”
Si tienes dos niñas, “¿Y el niño pa’ cuándo?”

El punto es que la gente pregunta lo que no debe, se mete en lo que no le importa, vive inconforme con tu vida y a ti no te debe importar menos. Tu proyecto de vida es tuyo y no tienes porqué andar repartiendo explicaciones de lo que haces y de lo que no a todo el mundo. Ya tu sabes a quiénes le importas de verdad y sólo a ellos vas a querer compartirles tus cosas y darles, de vez en cuando, una explicación.

Casi todos los papás hemos tenido esos incómodos momentos en los que uno no sabe qué responder para no ofender al chismoso. Pero ya hablando en serio, cuándo es el momento ideal de encargar hermanito? Más de una pareja en este momento debe preguntarse lo mismo, nosotros hemos tenido varias etapas, desde “cómo carajos decidí ser padre?” Hasta “Awww ya Elías está grande, vamos a hacer otro bebé.”

El punto es que la gente pregunta lo que no debe, se mete en lo que no le importa, pareciera que estuviera inconforme con nuestras vida, ¡Y a nosotros no debería importarnos menos! Nuestro proyecto de vida es nuestro y no tenemos que andar repartiendo explicaciones de lo que hacemos y de lo que no a todo el mundo. A estas alturas ya sabemos a quiénes le importamos de verdad y sólo a ellos le compartirnos nuestras cosas y les damos, muy de vez en cuando, una explicación. Casi todos hemos tenido esos incómodos momentos en los que uno no sabe qué responder para no ofender al chismoso, a veces nos limitamos a dar una sonrisa que no parezca tan hipócrita y guardamos silencio.

Pero… hablando de la segunda paternidad, ¿cuándo es el momento ideal de encargar hermanito? Acaso hay alguna señal que nos indica que ya estamos listos? ¿Acaso vamos a dejar de sentir miedo algún día? ¿O será que todos encargan A PESAR del miedo? La respuesta de esas preguntas las tenemos nosotros mismos, sino que nos da aún más temor encontrarlas. Nadie puede decirte cuándo es el momento indicado, tú y yu pareja son los únicos responsables de eso. Nosotros hemos tenido varias etapas: desde “cómo carajos decidí ser padre?” Hasta “Awww ya Elías está grande, vamos a hacer otro bebé.”

¡¿Otro bebé?! Hay quienes piensan que un hijo único no es problema alguno y que jamás va a sentir la ausencia de un hermanito. Los que tenemos hermanos incluso podríamos pensar que estamos haciéndoles un favor. Pero ¿quién tiene la última palabra? En realidad, como casi todas las decisiones transcendentales de la vida, son decisiones personales y/o de familia.

Pero si ya la tienes clara y sabes que quieres al menos dos hijos, por aquí te voy a dejar algunas señales que ya están listos para encargarlo:

1. Están estables económicamente.
Cualquiera puede saber – o al menos imaginarse- que un hijo es una gran inversión, y no sólo de tiempo sino de dinero. Con el segundo hijo ya tienes un estimado más real de todos los gastos que se vienen: desde los costosos complementos prenatales, exámenes médicos, el parto, los pañales, etc. hasta la universidad. Es muy buena idea ir haciendo el almacén de pañales, cremas antipañalitis y pañitos desde muy temprano.

2. Has perdido el peso del primer  embarazo.
Si ya es difícil bajar el peso de UN embarazo, aún debe ser más difícil bajarlo de dos. El cuerpo ya ha sufrido bastantes cambios durante tu primer hijo, tu piel no es la misma que la primera vez, tus músculos ya se han estirado bastante. Por lo que es muy recomendable esperar recuperarte de tu primer embarazo antes de quedar otra vez.

3. Has podido recuperar tu relación de pareja después del caos de los primeros meses.
Ya sabemos que es muy difícil volver a ser la pareja que eran antes de ser papás, pero si han podido recuperar su intimidad, tienen tiempo para estar solos y disfrutarse, han podido escaparse durante más de un día y sienten que a pesar de todo siguen siendo esos novios que casaron hace unos años; es un momento bueno para encargar. No lo hagan mientras aún viven en el caos, pues será muchísimo más difícil y agotador.

4. Tu primer hijo ya duerme toda la noche.
El descanso es muy importante, lo mejor es que ya puedas hacerlo tranquilamente y que tu hijo mayor tenga una rutina ordenada de su día. Será muy duro volver a empezar las trasnochadas pero al menos no serán dobles.

5. Tu primer hijo ya tiene más de dos años.
Este es un punto muy personal y de decisión de cada familia. Para mí que se lleven tres años es una buena edad para ayudar al compañerismo entre hermanos y también permite que hayamos podido disfrutar al primero. Sin embargo, habrán muchas familias que piensen que es mucho tiempo y otras que piensen que es muy poquito. Ya esto es mejor dejarlo a decisión personal.

Pero lo que si es regla general, es que un segundo hijo multiplica el amor y nos hará el doble de felices; sin mencionar el doble de estresados, pero todo valdrá la pena. No estoy de acuerdo con dejar a mi hijo como único, ya vendrá el momento de tener su hermanito.

En otro post les comentaré cómo preparar al hijo mayor para la llegada del hermano menor.

 

 

Una respuesta a Alexandra

Este post es muy especial porque es una respuesta a una de nuestras mamitas que me escribió el día de ayer contándome de su maternidad. Su nombre es Alexandra, pero no me dijo cuál era su correo ni en cuál lugar se encuentra. Ale, aquí está tu respuesta, linda.

Entiendo perfectamente como te sientes, por favor no creas que estás sola, me atrevo a asegurar que más de la mitad que me lee ha sentido lo mismo que tu. Pero no todas sacamos la valentía de decirlo en voz alta por miedo a que nos juzguen, ¿qué he dicho? ¿por miedo? ¡Claro que nos van a juzgar! Estos sentimientos feos de la maternidad no son bien recibidos por nadie y seguro que si los compartimos demasiado, vienen y nos echan a Protección Infantil.

Sin embargo, si lees mi post anterior ¡Quiero ser mamá y no puedo! seguro te convencerás que en primer lugar embarazarse es un milagro y es un regalo de Dios. Hay muchas mujeres que matarían por estar en nuestro lugar y que lloran y sufren día y noche porque no logran quedar en embarazo. Entonces, primero que nada: ¡Felicidades por haber tenido la bendición de crear vida en tu cuerpo y convertirte en madre!

Claro,  todo esto nos da mucho miedo e inseguridad, pero no hay duda que los hijos son el mejor regalo que podemos recibir. Acerca de la lactancia, hay para todos los gustos. Y en definitiva, hay mujeres que no van a poder hacerlo por infinitas razones y de eso no hay discusión. Estoy segura que tan sólo con que lo intentes y sientas el deseo de ser capaz de alimentar a tu hijo con tu pecho, incluso sacrificando tu propio bienestar y soportando dolor en muchas ocasiones, eso te hace una excelente madre.

Es cierto que la soledad es terrible, creo que es la primera causa que genera la depresión. Y hay que reconocer, aunque suene muy feo, que los bebés en sus primeras semanas de vida no son la compañía ideal ¡jajaja! Siempre necesitamos alguien con quien hablar, que nos ayude y que nos haga el respaldo con el bebé mientras tomamos un poco de tiempo para nosotras. Lamento que tu esposo no pueda estar contigo tanto tiempo, pero también puedo decirte que no eres la única que vive esa situación, y todas esas mujeres que han llorado y han sufrido solitas en casa han encontrado un consuelo y han salido adelante con sus hijos, así que ¡ánimo! y no dejes que la soledad sea mayor que ti. Seguro que puedes encontrar una solución.

Si cuentas con una de esas sillitas/columpio para bebé que se colocan en el piso y muchas veces hasta vienen con sonidos y vibraciones, puedes encontrar una aliada para esos momentos en que tu hijo llorar por estar separado de ti. En ella te lo puedes llevar a todos lados, incluso al baño, ya sé que estamos acostumbradas a ir al baño solas, pero los hijos nos voltean la vida por completo, y en este post te hablo precisamente de eso.

Ya sabemos que ser madre no es fácil, es muy difícil. Para mí, es lo más difícil, duro y agotador que he hecho en mi vida. Sin embargo, hoy puedo decirte que todo mejora. Los primeros meses son tenaces, nosotras cambiamos mucho, no somos las mismas mujeres que entramos a la clínica con una barrigota. Al mismo tiempo que nace nuestro bebé, nosotras nacemos de nuevo y nos toca vivir el proceso de aprendizaje más tenaz de nuestras vidas. Tenaz porque estamos cansadas, adoloridas, confundidas, tristes, felices, aturdidas, ojerosas, hambrientas o con cero apetito, etc. Podemos estar por el piso, pero eso no importa. Lo que importa es el bebé y su bienestar, ¿cierto? No hay tiempo para nosotras, y eso es lo que mata. Pero ánimo que entre más oscura la noche, es porque va a amanecer. Y ya llegará el día en que lo recuerdes hasta con una sonrisa. Ahorita estás en medio de la tormenta y no ves que tenga un final, pero seguro está más cerca de lo que crees y cuando salgas, te vas a sentir victoriosa y orgullosa que diste todo de ti. Y con tus mismos ojos vas a ver la guerrera que hay en ti y que salió con heridas, pero conquistó su batalla.

Entiendo que el cansancio llega a límites insufribles, y muchas veces sentimos que no damos más. Fíjate que a mi, del estrés, me daban ganas de vomitar en las madrugadas cuando mi hijo se despertaba muchas veces. Los pensamientos negativos no son nada raro, las dudas de si tomaste la decisión correcta serán una frecuente visita, yo lo viví. Es terrible, porque el amor y la alegría que sientes se ven empañados por estos nubarrones grises que se niegan a ir. Los míos se fueron de la forma más escalofriante. Mi hijo se había tomado su leche y estaba muy lleno, y ya era hora del almuerzo, todos se fueron a la mesa y yo (como nunca) decidí quedarme y almorzar después. Me quedé medio dormida en la mecedora, aprovechando los pocos minutos de descanso que mi hijo me permitía, él estaba acostado en su cuna. De repente, escucho un sonido de espanto, un sonido de ahogo. Entonces salté de la silla y vi que leche salía de su nariz y de su boca. Grité con todas mis fuerzas por ayuda, y afortunadamente mi papá supo manejar la situación y mi bebé salió bien librado. Cuando ya la situación se normalizó, me encerré a llorar en el baño, di gracias a Dios que no estaba sola y que sólo fue un susto.

Y fue en ese momento, cansada, agotada a morir, sin comer nada (porque mi apetito estaba por el piso), llena de dudas de si debía ser madre o no, llena de nubarrones grises, con el corazón roto, las emociones desgarradas, el cuerpo deforme, los ojos llenos de ojeras y la mente llena de inseguridades pude ver el sol. Entendí que aunque era la etapa más dura y difícil que había vivido nunca, que jamás me había sentido tan abatida, derrotada y desanimada, había algo alguien que ya no estaba dispuesta a perder: mi bebé.

El sacrificio puede superarnos temporalmente, pero seguro que saldremos victoriosas. Yo estaba segura que valdría la pena y estoy segura que tu también lo estás. Como te dije, estás en medio de la tormenta, en unos meses recordarás esto y ya no lo verás tan grave como lo ves hoy. A mi me pasó igual.

Sin importar en lo que creas, cada día que pase bendice a tu hijo, habla sobre él palabras positivas y dilas con fe, inclusivo declara que va a dormir juicioso y que ese cólico se le va quitar, ya verás cómo funciona de bien. Dale gracias a la vida por su vida, y por habértela encomendado a ti. Por favor, no dudes en escribirme, y no te olvides de dejar el correo para contestarte.

Me preguntaste sobre post de depresión, hasta ahora llevo dos La depresión postparto. La bipolaridad se descubrió durante una licencia de maternidad. Cuando tengas chance léelos, espero que te hagan sentir mejor.

¿Hijos perfectos? ¡Yo los prefiero felices!

A medida que vamos creciendo, también crecen nuestros estándares de lo que nos produce felicidad y lo que no. A un niño, por el contrario, casi cualquier cosa podría hacerlo feliz. Es sorprendente -y al parecer inagotable- el listado de cosas que les levantan el ánimo, les acaban las pataletas y les sacan sonrisas, risas y carcajadas. Desde una caja vacía hasta un puñado de lentejas que pueden usar para contar.

Gracias a esto, las mamás no necesitamos un grado en psicología o en comportamiento humano ni mucho menos expertas en felicidad humana para hacer felices a nuestros niños. Sólo es necesario tener paciencia y ser flexibles para establecer las bases de una vida feliz para tu hijo.

Sin embargo, si podemos aprender algunas nociones básicas para que podamos crear un ambiente propicio para su felicidad, estas son cosas que bien podemos aprender en el camino, o si son ansiosas curiosas -como yo- buscarán un buen documento al respecto.

Los expertos proponen aspectos fundamentales a tener en cuenta, y si lees bien ninguno de ellos incluye niños superdotados, que se porten bien el 100% del tiempo, que caminaron antes de los 10 meses, que reconocen los colores al año de edad, que dijo sus primeras palabras a los 11 meses o que dice todas las capitales de sur américa con apenas tres años de edad. Aquí les van:

1. Aprender a leer las emociones de nuestros niños. 

Los  niños no son difíciles de leer, su felicidad la demuestran con saltos, gritos, risas, ojos iluminados y energía desorbitada. Son los mejores para expresar sus sentimientos. Puede brincar de felicidad porque pudo armar su juguete él solito o llorar desconsolado porque mordió la jirafa inflable y ahora está toda deshecha.

 

También puedes notar su carita de asustado cuando algo le ha producido miedo, cuando sale corriendo buscando refugio en tus brazos, en ese momento dale confianza e indícale que a tu lado se puede sentir seguro. O esa cara de desagradado que pone cuando no le gusta algo, incluso hace señas con la nariz que algo huele mal. El enojo es quizás el más común y frecuente, debes saber que cuando un niño arroja sus juguetes con rabia es porque está sintiendo un nivel de angustia más allá de su tolerancia. Hay que sentarles, hablarles con calma y enseñarles entonces que esa angustia se debe canalizar de otra forma y siempre buscar una solución.

¿Ya sabes cómo tu hijo te expresa que se siente mal? ¿Quizás cuando esta triste o enfermo? El mío tiene una forma muy particular, se acerca a mis piernas y pone su cabecita para que lo acaricie y luego busca que lo cargue y se queda allí quieto un rato. Y es particular porque nunca se está quieto.

 

2. Enséñales buenas (y sanas) costumbres.

  • Una rutina de sueño (con las horas necesarias para su edad)
  • Ejercicio. Esto no hay que pedírselos demasiado, más bien rogarles que se estén quietos un rato.
  • Comer saludable.
  • Enséñale orden. Esa canción “a guardar y recoger, todas las cosas en su lugar” es mi mejor aliada cuando le enseño orden.
  • Permitirles arreglar problemas (de su alcance) solitos. Quizás una pieza de un juguete suelta o alcanzar algo alto para lo que deben estirarse un poco más. Bien dice esa canción de Daniel Tigre: “Trata de arreglarlo tu solo y estarás muy orgulloso”
  • No reacciones inmediatamente a su frustración, deja que viva esa experiencia de aprendizaje. Aprender a lidiar con las inevitables frustraciones de la vida es crítico para la felicidad de tu hijo en el futuro.

3. Enséñale cómo usar y mejorar sus habilidades.

¿Le gusta apilar bloques, tocar instrumentos y/o hacer dibujos? ¡Excelente! Incentiva esa actividad y deja que crezca a su ritmo.

Hallowell* dice que “las personas felices son a menudo aquellas que dominan una habilidad” Practicar una habilidad exige disciplina, paciencia y muchos intentos. Estas cosas le enseñarán a tu hijo de la perseverancia hasta conseguir un objetivo y también del reconocimiento cuando lo consiguen. Además, esto le ayuda a descubrir que tiene control sobre su vida. Y ese sentimiento de control que se experimenta a través de dominar algo es un factor importante que determina la felicidad, incluso en los adultos.

Ellos necesitan seguir sus propios intereses y metas, y al cumplirlas, sienten esa misma satisfacción que tu sientes.

4. Juega con ellos.

¿Qué es lo que realmente hace feliz a tu niño? ¿No lo sabes? Te doy una pista: fue lo primero que vio cuando nació. Sí, eres tú y su papá. Nosotros somos su mejor juguete y lo que ellos más desean disfrutar. Dice Hallowell*: “Relaciónate con ellos, juega con ellos. Si tú te estás divirtiendo con ellos, ellos se están divirtiendo. Si creas lo que llamo una ‘niñez conectada´, darás el mejor paso para garantizar que tu hijo será feliz”.

¿Necesitan alguna razón más? ¡Vamos a jugar! Y no tiene que ser un juego muy elaborado ni avanzado. Mi hijo me entrega uno de sus carritos, él se queda con otro y los rodamos por toda la casa. El nivel de risas en ese momento podría dar energía a todo mi conjunto por un mes completo (Referencia: Monsters Inc.)

 

5. Está bien sentirse triste a veces.

Si lo regañas, y se va a hacer pucheros o rabietas, déjalo lidiar con ello. Cuando se calme, le hablarás con calma y le ayudarás a entender qué hizo mal y cómo debe evitarlo. Mientras esté enojado/triste no lo obligues a hacer cosas que no quiere. Ellos  necesitan aprender que ese sentimiento es natural y normal, es parte de nuestras vidas. Evitarles la tristeza no los hará felices, los hará más vulnerables y quebradizos ya no puedas controlarlo y no hayan aprendido a lidiar con ella.

Ponle nombres a los sentimientos (incluso si tu hijo no habla mucho): contento, enojado, triste, feliz, etc. Todas las emociones tienen una forma de expresarse, puedes enseñarle imágenes con cada una para que las identifique y se familiarice con ellas.

Dile que si está triste porque se rompió un juguete, puede intentar arreglarlos o jugar con otra cosa. Enséñale de respiración lenta para relajarse o “cantar” una canción que los anime. Hay muchas formas de superar la tristeza, debemos enseñarles.

 

La más importante: Siempre, siempre hazle sentir amado.

El rechazo o el desamor son destructivos, ya vemos muchos adultos dañados por una fea infancia, no repitamos esas historia. Ámalos y hazles sentirse amados, ¿cómo?

  • Haz importantes para ti las cosas que son importantes para él.
  • Crea una rutina de amor y pechiches antes de dormir.
  • Despiértalo con un beso.
  • Cántale canciones tiernas. Incluso desde la panza.
  • Sonríele mucho. Hazle muecas y sé su payaso personal
  • Nunca pierdas el contacto piel con piel. Abrazos largos, masajes, besos, hacer siesta juntos, etc.
  • Dedícale tu tiempo. Y que sea de calidad.
  • Háblale con la verdad y cumple tus promesas. Tendemos a mentirles a los pequeños para calmarlos, es un gran error.
  • No lo compares con nadie.

* Edward Hallowell, psiquiatra y autor de The Childhood Roots of Adult Happiness (Las raíces infantiles de la felicidad adulta)

 

Las 9 cosas que más extrañaré de sus primeros años

Me quedé corta al hablar lo que voy a extrañar de estos primeros años de vida de mi hijo, y no me refiero a cuánto sino a TODO lo que voy a extrañar, es una lista interminable de detalles y de observaciones que son típicas de un bebé y que se van perdiendo con los años. Esas pequeñas cosas que marcan su niñez que quedarán grabadas para siempre en mi corazón, en mi mente y en mi sangre.

No les compartiré la interminable lista, pero si que puedo darles una muestra de nueve:

1. El cómo exige mi presencia en sus actividades. Y entonces me toma de la mano y me lleva a donde está para que lo vea y lo acompañe.

2. La forma como me acaricia la cara, me mira con ojitos tiernos y pronuncia tiernamente “mamá”. Sus ojos abiertos como platos, esa mirada tierna y esa vocecita de pechiche mientras pronuncia mi nombre.

3. Ser su peluche para dormir. Aunque muchas noches me quejo porque mi brazo queda hipersensible de tanta sobadera, sé que extrañaré ser su ayuda para conciliar el sueño. Y extrañaré aún más cuando se despierta dormido, ve que está a nuestro lado y con una cara de alivio se queda dormido enseguida. La seguridad que le transmitimos es inexplicablemente poderosa.

4. Que llore por que nos vamos a otro lugar. No es que me guste que llore, pero esa es su forma de demostrar que nos va a extrañar. Y creo que uno como papá delira cuando sabe que su hijo lo extraña.

5. El “sandwich de Elías”. Papá, Elías y mamá fundidos en un abrazote rompecostilla.

6. La “exigencia” del beso de papás después del abrazo del “sandwich de Elías”. Y entonces el nos toma del rostro y nos acerca para que nos demos un beso.

7. Que nos acompañe a todos lados. Sin pedir opiniones ni preferencias, sólo cargarlo y llevarlo en el carro a donde vayamos.

8. Que me estire sus bracitos para que lo abrace. O para que lo cargue, cuando se quiere comportar con un bebé que no quiere caminar y prefiere mis brazos.

9. La completa dependencia a mi. Alguna vez leí “El trabajo de una madre es enseñarle a su hijo y no necesitarla, y la parte más dura de ese trabajo es aceptar que lo lograste.”

¿Qué cosas extrañan más ustedes?

Y sí que vamos a extrañar ESTOS días

Un día cuando nuestros hijos crezcan y nosotros nos hagamos viejos, vamos a recordar estos días con nostalgia y vamos a querer vivir todos estos momentos que hoy en día nos parecen estresantes. Estaremos seguros que estos son los tiempos en que más los disfrutamos a ellos y nunca aceptaremos en voz alta que la vida era más sencilla en sus primeros años.

Quizás un día mientras estemos mirando por el balcón de aquel hotel la hermosa bahía de mykonos, y mientras nos tomamos un par de cocteles y hablemos de todo y nada, de la vida, de los años, de ese lindo lugar que conocimos el día anterior, de la rumba que nos pegamos la noche pasada, del guayabo que nos no deja salir esa mañana o de la siesta que nos espera después del almuerzo en el Compass, entenderemos que los primeros años de nuestros hijos no fueron tan malos después de todo. Todo será tan tranquilo y sereno que vamos a extrañar el caos propio de esos días, y sentiremos que estamos desperdiciando -¡y de qué manera tan fabulosa!- el tiempo estando tan pasivos.

Casi que no mencionaríamos la decepción que nos causó que Elias y su herman@ (?) no hayan querido ir porque prefirieron estar con sus amigos antes que ir a un aburrido tour por Europa con sus papás. Por más que les insistimos se negaron y nos tuvimos que resignar a ir solos, todos nuestros planes de vacaciones familiares se fueron al suelo. Nunca admitiremos que vamos a extrañar esos tiempos en que sólo era empacar su ropa (y el resto de las cuarenta maletas de un niño) y salir a montarnos en un avión. Así. Sin protestas, sin negaciones y sin opiniones en contra.

El otro día estaba leyendo un artículo que me llegó al alma. Una mamá contaba de su día de playa. Estaba con su esposo y sus dos hijos: el mayor de 2 años y un bebé de 4 meses. El niño de 4 meses estaba ya fastidiado llorando y el de 2 años quería seguir jugando en la playa. El mayorcito reclamaba la atención de su mamá, pero ella estaba amamantado al bebé y no podía jugar. El niño se puso  bastante fastidioso y  señor berrinche apareció. Su esposo estaba bastante irritado y decidieron irse, lo que causó un berrinche aún más grande. Les tocó recoger las toallas, los bloqueadores, la piscina portátil, los juguetes (que cierto niño se negó a llevar), la comida, las pelotas, los teteros, los pañitos, las botellas de agua y todos los parapetos que uno carga cuando es papá. Ella era consciente que estaban escenificando un espectáculo completamente caótico y se dio cuenta que una pareja de ancianos los miraba. Ella miró apenada al anciano, pero quedó aterrada cuando el señor le dijo a su esposa con una voz llena de nostalgia y con una gran sonrisa “Mira, Juanita esos son lo mejores días.”

¡¿MEJORES DÍAS?! ¿Y cómo se atreve a decirlo con nostalgia? Esta mujer estaba desconcertada, esa escena era el mejor ejemplo de una vida caótica y no se imaginaba que alguien pudiera añorar eso . En el camino a casa no dejó de preguntarse por qué esa pareja extrañaba ese caos estando tan tranquilos cada uno leyendo su libro y REALMENTE disfrutando la playa. ¿Por qué desearían ellos estar el mi lugar?

Yo no tengo la respuesta a la pregunta de esta mujer, pero este escrito generó una serie de sentimientos en mí que sé que puedo compartir con cualquier madre y padre que me lea.

Un día de playa normalmente se relaciona con tranquilidad y descanso, e incluso para algunos meditación. Pero la playa con hijos es otra cosa. En realidad son MUCHAS cosas. Significa juegos, ensuciarse hasta las orejas con tierra, hacer castillos, tomar agua con arena, correr bajo el inclemente sol, untar naricitas y caritas con bloqueador cada treinta minutos, poner el grito en el cielo cuando ves una cantidad mortal de arena en la boca de cierto personaje, etc. Nunca, y quiero decir, NUNCA significa descanso. Al menos no para nosotros. Es tanto el desgaste que si vamos a playa, necesariamente tiene que ser un festivo o un sábado, para tener un día de recuperación antes de volver al trabajo.

Y así como ese día de playa, es cada día de la vida con un niño pequeño. Estamos siempre agotados por que la exigencia mental, física y emocional es enorme. Añoramos espacios solos y de descanso para podernos recuperar, pero estos espacios son muy cortos y muy pocos. Y creo que es precisamente eso lo que hace que pasen tan rápido, ya mi hijo casi tiene dos años y medio y yo no me lo terminoAl fin y al cabo, esos tiempos son muy cortos, y antes que nos demos cuenta los niños se hacen independientes: caminan solos, comen solos, van al baño solos y cuando menos lo esperas te dicen que se van a pasar la tarde con un amigo en su casa. Y como por arte de magia recuperamos ese espacio y ese tiempo que tanto aclamábamos necesitar.

 

 

Estamos de acuerdo en que me quedé corta en este tema, pero llevo casi 1000 palabras y no los quiero aburrir. En mi próxima entrega le daré el final que se merece. Esto continuará…