El fenómeno del Niño… de dos años

Yo no sé en qué momento pasó tanto tiempo y el pasado viernes mi hijito cumplió sus dos primeros años de vida. Han sido realmente dos años hermosos y bastante agitados, aunque poco a poco uno va acostumbrándose al nuevo trote;  ojo que acostumbrase no significa que no te canses, sólo que ya te estresas menos y empiezas a saber qué esperarte en la mayoría de las situaciones. Pero -en la maternidad como en la vida misma- cuando empiezas a acostumbrarte a algo, te viene un cambio inesperado. Bien me dijo una amiga el día del cumple de Elías “Bienvenida a los dos años”

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Las siete maravillas de ser mamá de un varoncito 

Soy hija única y no porque no tenga más herman@s sino porque tengo un sólo hermano mayor (bendita sea la Divina Providencia). Siempre fui la princesa de papá que me cuidó como un muñequita de porcelana. También fui la princesita de mi hermano y no dejaba que nadie me mirara. Luego mi novio -hoy esposo- llegó y me ha tratado como su reina desde el principio. Pero hace dos años llegó un hombre que cambiaría todo eso y yo no tenía ni idea. Y soy plenamente consciente que aún no conozco todo el alcance de estos cambios, pero de los que hasta el momento he descubierto, les hablaré de los siete más relevantes.

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Hola, señor berrinche.

*Imagen de cabecera tomada de internet porque no tengo fotos de un Elías berrinchoso.

No es que sea un gusto saludarle pero ya que llegó, siéntese y hablemos un rato. Ya sabía que llegaría pero no tan pronto, según lo que me contaron aún faltarían unos quince días para su fastidiosa llegada, pero si se adelantó no tengo más remedio que lidiar con ud.

Antes de su llegada mi hijo era todo paz y risas. Ahora es un ciclo impredecible de llanto, risas y rabias. Ahorita está feliz jugando a las cosquillas con su papá y al minuto lo veo tirado en el piso llorando porque no le dejamos tomarse el agua del inodoro. Es algo incomprensible ud, déjeme decirle. Pero soy una mamá moderna, de esas conscientes que no nos las sabemos todas y que escuchamos y reflexionamos cuando nos dicen algo nuevo. Pero, dejemos de hablar de mi,  cuénteme de ud, vamos a hacernos amigos. De pronto así no nos llevamos tan mal y -decepcionado- decida irse.

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