Y sí que vamos a extrañar ESTOS días

Un día cuando nuestros hijos crezcan y nosotros nos hagamos viejos, vamos a recordar estos días con nostalgia y vamos a querer vivir todos estos momentos que hoy en día nos parecen estresantes. Estaremos seguros que estos son los tiempos en que más los disfrutamos a ellos y nunca aceptaremos en voz alta que la vida era más sencilla en sus primeros años.

Quizás un día mientras estemos mirando por el balcón de aquel hotel la hermosa bahía de mykonos, y mientras nos tomamos un par de cocteles y hablemos de todo y nada, de la vida, de los años, de ese lindo lugar que conocimos el día anterior, de la rumba que nos pegamos la noche pasada, del guayabo que nos no deja salir esa mañana o de la siesta que nos espera después del almuerzo en el Compass, entenderemos que los primeros años de nuestros hijos no fueron tan malos después de todo. Todo será tan tranquilo y sereno que vamos a extrañar el caos propio de esos días, y sentiremos que estamos desperdiciando -¡y de qué manera tan fabulosa!- el tiempo estando tan pasivos.

Casi que no mencionaríamos la decepción que nos causó que Elias y su herman@ (?) no hayan querido ir porque prefirieron estar con sus amigos antes que ir a un aburrido tour por Europa con sus papás. Por más que les insistimos se negaron y nos tuvimos que resignar a ir solos, todos nuestros planes de vacaciones familiares se fueron al suelo. Nunca admitiremos que vamos a extrañar esos tiempos en que sólo era empacar su ropa (y el resto de las cuarenta maletas de un niño) y salir a montarnos en un avión. Así. Sin protestas, sin negaciones y sin opiniones en contra.

El otro día estaba leyendo un artículo que me llegó al alma. Una mamá contaba de su día de playa. Estaba con su esposo y sus dos hijos: el mayor de 2 años y un bebé de 4 meses. El niño de 4 meses estaba ya fastidiado llorando y el de 2 años quería seguir jugando en la playa. El mayorcito reclamaba la atención de su mamá, pero ella estaba amamantado al bebé y no podía jugar. El niño se puso  bastante fastidioso y  señor berrinche apareció. Su esposo estaba bastante irritado y decidieron irse, lo que causó un berrinche aún más grande. Les tocó recoger las toallas, los bloqueadores, la piscina portátil, los juguetes (que cierto niño se negó a llevar), la comida, las pelotas, los teteros, los pañitos, las botellas de agua y todos los parapetos que uno carga cuando es papá. Ella era consciente que estaban escenificando un espectáculo completamente caótico y se dio cuenta que una pareja de ancianos los miraba. Ella miró apenada al anciano, pero quedó aterrada cuando el señor le dijo a su esposa con una voz llena de nostalgia y con una gran sonrisa “Mira, Juanita esos son lo mejores días.”

¡¿MEJORES DÍAS?! ¿Y cómo se atreve a decirlo con nostalgia? Esta mujer estaba desconcertada, esa escena era el mejor ejemplo de una vida caótica y no se imaginaba que alguien pudiera añorar eso . En el camino a casa no dejó de preguntarse por qué esa pareja extrañaba ese caos estando tan tranquilos cada uno leyendo su libro y REALMENTE disfrutando la playa. ¿Por qué desearían ellos estar el mi lugar?

Yo no tengo la respuesta a la pregunta de esta mujer, pero este escrito generó una serie de sentimientos en mí que sé que puedo compartir con cualquier madre y padre que me lea.

Un día de playa normalmente se relaciona con tranquilidad y descanso, e incluso para algunos meditación. Pero la playa con hijos es otra cosa. En realidad son MUCHAS cosas. Significa juegos, ensuciarse hasta las orejas con tierra, hacer castillos, tomar agua con arena, correr bajo el inclemente sol, untar naricitas y caritas con bloqueador cada treinta minutos, poner el grito en el cielo cuando ves una cantidad mortal de arena en la boca de cierto personaje, etc. Nunca, y quiero decir, NUNCA significa descanso. Al menos no para nosotros. Es tanto el desgaste que si vamos a playa, necesariamente tiene que ser un festivo o un sábado, para tener un día de recuperación antes de volver al trabajo.

Y así como ese día de playa, es cada día de la vida con un niño pequeño. Estamos siempre agotados por que la exigencia mental, física y emocional es enorme. Añoramos espacios solos y de descanso para podernos recuperar, pero estos espacios son muy cortos y muy pocos. Y creo que es precisamente eso lo que hace que pasen tan rápido, ya mi hijo casi tiene dos años y medio y yo no me lo terminoAl fin y al cabo, esos tiempos son muy cortos, y antes que nos demos cuenta los niños se hacen independientes: caminan solos, comen solos, van al baño solos y cuando menos lo esperas te dicen que se van a pasar la tarde con un amigo en su casa. Y como por arte de magia recuperamos ese espacio y ese tiempo que tanto aclamábamos necesitar.

 

 

Estamos de acuerdo en que me quedé corta en este tema, pero llevo casi 1000 palabras y no los quiero aburrir. En mi próxima entrega le daré el final que se merece. Esto continuará…

 

 

 

Las siete maravillas de ser mamá de un varoncito 

Soy hija única y no porque no tenga más herman@s sino porque tengo un sólo hermano mayor (bendita sea la Divina Providencia). Siempre fui la princesa de papá que me cuidó como un muñequita de porcelana. También fui la princesita de mi hermano y no dejaba que nadie me mirara. Luego mi novio -hoy esposo- llegó y me ha tratado como su reina desde el principio. Pero hace dos años llegó un hombre que cambiaría todo eso y yo no tenía ni idea. Y soy plenamente consciente que aún no conozco todo el alcance de estos cambios, pero de los que hasta el momento he descubierto, les hablaré de los siete más relevantes.

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¡Bienvenida a la maternidad!

Todas creemos que la bienvenida a la maternidad está entre dos momentos claves: el momento en que te enteras que vas a ser mamá y/o cuando nace tu bebé y lo sostienes en tus brazos. Pero, mis queridas amigas, estábamos muy equivocadas.

Lo anterior sería cierto si la maternidad se tratara de un camino lineal, constante y equilibrado a través del tiempo. Pero poco a poco mientras te adentras en este mundo, vas descubriendo que la maternidad es todo menos eso, y llegas a sentirte agradecida porque la aburrida rutina no es parte del menú y siempre habrán cosas nuevas que aprender y conocer. Cierto que en la maternidad todo es hermoso, los días pasan como saltando entre nubes, es todo felicidad y alegría y NUNCA te cansas de nada, ¿cierto? Si tu respuesta es “si” es porque aún te falta tiempo, y si tu respuesta es “no”  entonces ya has tenido una ¡Bienvenida a la maternidad! Continue reading “¡Bienvenida a la maternidad!”

¡Estamos estrenando dominio!

Hola a todos!

Este es un post informativo para anunciarles con toda la felicidad de mi corazón que hemos avanzado y ahora contamos con nuestro propio dominio para seguir compartiendo aventuras, locuras y todas estas  nuevas experiencias que tenemos cuando somos madres.

El nuevo dominio es blog.sosmamaporprimeravez.co.

Les pido a todos de corazón para que no se pierdan nada nadita nada que se suscriban al blog. ¡Es muy fácil, sólo deben dejar tu correo en una casillita que está en la barra lateral del sitio!

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¡Gracias infinitas!

Mamá bloguera y las redes sociales

Las redes sociales nos brindan beneficios como reencuentro con conocidos, oportunidad de integrarse a Flashmobs (reuniones de diseño breves vía online con fines lúdicos y de entretenimiento con el propósito de movilizar a miles de personas) excelentes para contactos afectivos nuevos como: búsqueda de pareja, amistad o compartir intereses sin fines de lucro, compartir  momentos con personas especiales, diluyen fronteras geográficas y sirven para conectar gente sin importar la distancia Son perfectas para establecer conexiones con el mundo profesional, tener información actualizada acerca de temas de interés, además permiten acudir a eventos, participar en actos y conferencias, bastante dinámicas para producir contenido en Internet y mucho mas.

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Hola, señor berrinche.

*Imagen de cabecera tomada de internet porque no tengo fotos de un Elías berrinchoso.

No es que sea un gusto saludarle pero ya que llegó, siéntese y hablemos un rato. Ya sabía que llegaría pero no tan pronto, según lo que me contaron aún faltarían unos quince días para su fastidiosa llegada, pero si se adelantó no tengo más remedio que lidiar con ud.

Antes de su llegada mi hijo era todo paz y risas. Ahora es un ciclo impredecible de llanto, risas y rabias. Ahorita está feliz jugando a las cosquillas con su papá y al minuto lo veo tirado en el piso llorando porque no le dejamos tomarse el agua del inodoro. Es algo incomprensible ud, déjeme decirle. Pero soy una mamá moderna, de esas conscientes que no nos las sabemos todas y que escuchamos y reflexionamos cuando nos dicen algo nuevo. Pero, dejemos de hablar de mi,  cuénteme de ud, vamos a hacernos amigos. De pronto así no nos llevamos tan mal y -decepcionado- decida irse.

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