¿Cómo preparo a mi hijo para recibir a su hermanita? | Preparar al hijo mayor

Preparar al hijo mayor para la llegada de un hermano no es tarea fácil, yo aún no lo vivo pero no necesito vivirlo para saberlo. Los celos de herman@ mayor son algo inevitable, algunos lo sufren en menor medida que otros pero al final ninguno de ellos tiene inmunidad absoluta y terminan haciendo cualquier pataleta para recuperar la atención que perdieron.

Nuestro papel como padres en la aceptación de nuestros hijos mayores a su hermano menor es tratar de mitigar los celos en la mayor medida, si es que es posible. He visto casos extremos en que el hermano mayor ha tenido que hacer terapias muy intensas y profesionales para superar el hecho de tener que compartir a sus padres con su nuevo hermano; y aún esas terapias resultan insuficientes porque el niño sigue rebelde, casos extremos en los que llega a maltratar al nuevo bebé y los padres no hayan qué hacer. Hay casos opuestos e ideales en los que el hermano mayor está más que complacido y en lugar de pelear la atención -ahora compartida- de sus padres, es feliz atendiendo a su nuevo bebé. La pregunta del millón es ¿cómo lograr que nuestr@ hij@ pueda ubicarse en ese selecto grupo o por al  menos en un punto medio en el que no se afecte demasiado?

Por supuesto que hay miles de artículos en internet que les pueden dar muchos consejos y tips para esta tarea, más de una decena de buenos libros que dan consejos de cómo hacerlo y muchas personas alrededor que han vivido la misma situación y de seguro que pueden usar uno que otro consejo que les den. Pero si me están leyendo es porque 1. Les llamó la atención el título y 2. Están buscando más información; aquí les voy a compartir lo que yo, con mi experiencia en cero, he probado con mi hijo.

Mi hijo es pequeño pero al parecer ha entendido el complejo concepto que de alguna manera un bebé se metió en la barriga de mamá y que va a ser su hermanita. Ya entendió que es una nena y ahora le llama “Ena” a mi panza. En verdad nosotros no tuvimos en poco su corta edad y empezamos a prepararlo desde hace mucho tiempo; incluso antes de quedar embarazados aprovechábamos cuando veíamos a un bebé pequeño en la calle -y como a Elías le encantan- le preguntaba si él quería uno para él. Pregunta nunca respondida, pero ya le llegó. ¿Que cuáles son los trucos que he utilizado? Aquí les van.

Elías fue el primero en enterarse.
Si, ni mi esposo lo sabía aún. Esa mañana de viernes me hice la prueba de embarazo casera. Y como soy como Dios me hizo, para sentirme verdaderamente segura, tuve que hacerme la prueba de sangre. Así que  viernes, como andaba de vacaciones aproveché unos minutos y me escapé al laboratorio para tomarme la muestra. El examen me lo hice a las 10am y ya a las 4pm sabía el resultado: POSITIVO. Recuerdo que abracé a Elías y le dije “Mira, mi amor, aquí en la barriga de mamá hay un bebé. Es tu hermanito o hermanita, ya no vas a estar más solito sino que vas a estar acompañado como tus primitos. Te llegó un compañerito, mi amor.” No les puedo explicar la sorpresa de su rostro, creo que ese día empezó a entender lo que le venía.

“Elías, vamos a untarle crema a Elena
Una noche estaba untándome mi crema de estrías y a Elías le llamó mucho la atención el proceso, se me ocurrió compartir esa actividad con él y aprovechar el contacto piel con piel entre la pancita y él… ¡Y ha sido todo un éxito! En ocasiones él mismo busca la crema y me llama “¡Mamá, ‘Ena’!”  Y es lo más tierno verlo destapar la crema, espicharla, ponerla en mi panza y esparcirla. Sin contar el hecho que pinta la ‘i’ y la ‘o’ que son las vocales que ya sabe ‘escribir’. Tanto le gusta la actividad que invita a su papá o a sus Titos a que también le unten crema a su hermanita ‘Ena’.

Elena ha mandado varios regalos.
Desde un mes después que supimos que estábamos esperando, le compré un juguete a Elías que sabía que le iba a gustar mucho y le dije que era de parte del hermanito. Para navidad le dimos otro regalo, también de su hermano, y le agradeció a la panza. Y ahora que nos enteramos que es Elena, entonces dice que ‘Ena’ le ha dado todos esos regalos, y a mi me encanta verlo jugar con ellos.

Hablarle, hablarle, hablarle y hablarle.
La palabra ‘Elena’ suena unas 33 mil veces al día a su alrededor. Ustedes no se alcanzan a imaginar mi felicidad cuando llego a la casa y Elías mirando mi panza me dice “Ena”, me levanta la blusa y empieza a “jugar” con su hermanita. A veces juega a cogerle los cachetes  (léase los gorditos de mi panza) y se ríe, le canta y grita emocionado. Anoche jugamos a que le contara su día en el colegio y en el parque. Incluso le mostramos los videos de las ecografías y ya él solito cuando los encuentra en el celular nos llama, nos señala la imagen y dice ‘¡Ena!’.

Evitarle otros cambios grandes al mismo tiempo.
Así es como Elías, a quien iba a meter al colegio a los 3 años, terminó empezando el colegio a sus dos años y medio. Allí vamos en el proceso de adaptación, recopilando material para comentarles cómo me ha ido y sufriendo un poco sus lloradas con él. Con un poquito de ganas de no mandarlo más pero ahí vamos. Lo metí ahora porque no quería que sintiera que el nacimiento de un nuevo bebé iba a desplazarlo y preferí adelantarle el ingreso al colegio. Se nota que le gusta su colegio, lo malo es que quiere que nosotros nos quedemos con él.

Cabe aclarar que yo estoy en modo experimento, porque aún no he confirmado la efectividad de mis métodos. Pero los resultados que llevo hasta ahora me tienen satisfecha y más de una persona externa se ha sorprendido cuando ven la reacción de Elías ante ‘Ena’.

 

 

¿Cómo hago para que deje el pañal?

No crean que este post tiene una fórmula mágica para que los niños dejen el pañal, de hecho, no creo que la tal fórmula exista. Pero en internet hay un sin número de posts al respecto que te hacen una guía básica de 10, 20 o 30 pasos que aseguran que tu hij@ dejará el pañal incluso en un solo día. ¿Un solo día? Ok, allí si me río porque el dejar el pañal es un proceso de aprendizaje que toma tiempo y no exactamente 24 horas.

Y si, resulta que andamos en ese proceso de enseñarle a Elías a dejar el pañal y no les miento, ha sido un proceso difícil. Cuando creo que hemos avanzado, pasa algo que no me espero y siento que volvemos a empezar. El consejo más frecuente de todos los artículos es que hay que tener paciencia y manejar la frustración, pero en realidad no es SU frustración, es la MÍA.

Y entonces lo primero que te recomiendan es tener paciencia ¿Paciencia? Si, y mucha. Y no paciencia para evitar que regañes a tu hijo y que -de pronto- llegues a hacerlo sentir mal (porque voy a asumir que ninguno de uds llegaría a ese punto) sino con uno mismo, como mamá/papá. Muchas veces podemos sentir que no somos capaces de enseñarles, que hemos agotado recursos, que ya no sabemos ni qué más inventar y hasta nos preguntamos cómo pudimos aprender NOSOTROS mismos a ir al baño, ¡qué gran trabajo tuvo que haber hecho nuestra mamá! Pero ánimo, que no haya bajón que nos aparte de la meta.

Y como todo tiene su lado bueno (y divertido, si está relacionado con niños) otra recomendación es andar encueros. Si, encueros ¿Y qué es más divertido que ver a tu hijo corriendo por la casa libremente sin nada encima? Su risa contagia hasta el vecino y resulta un juego muy entretenido perseguirlos por la casa, es muy jocoso verlos sentirse tan libres y desinhibidos. Pero si, es claro que hace mucho más fácil la tarea, no hay tanta ropa que quitar del medio, teniendo en cuenta que el tiempo apremia cuando un pequeñito dice “pipí”. Hasta ahora lo había intentado sólo en bóxer y ya tenía pensado comprar de esos pañales de entrenamiento, pero voy a seguir el consejo, Elías andará encuero y ya les contaré de su efectividad.

Cuando tienes hijos tu percepción del tiempo cambia. Puedes durar horas viendo cómo una hormiguitas llevan su comida y te parece el tiempo mejor invertido del mundo. Con los niños, el tiempo se traspone y lo importante es disfrutarlo. Así que un fin de semana encerrados en casa haciendo entrenamiento de ir al baño NO es un malgasto, es una inversión. Ellos tienen su propio tiempo y nosotros debemos respetarlo, porque el hijo de tu amiga haya dejado el pañal al año, no quiere decir que el tuyo también lo hará. Quizás le tome un poco o mucho más tiempo, ¿y qué? Y a las personas que ya te presionan insistiendo que “ya es hora”, sólo ignóralos. Ni que fuera su bolsillo desangrándose a favor de Huggies, Winny o Pequeñín.

Una palabra muy importante: motivación. No se trata de dar regalos cada vez que avisen o que logren ir solitos. Se trata de reconocer su esfuerzo y de animarlos a continuar. Así como también animarlos cuando fallen y ponerles claro que todos podemos equivocarnos, que no hay nada de malo en eso y afirmarles que es posible intentar tantas veces sea necesario. Siempre podemos lavar un pantalón, secar el piso, cambiar la ropita mojada, limpiar una silla y seguir alentando a nuestr@ niñ@ grande. “Estamos juntos en esto pequeñ@, mi bolsillo es el primer interesado, creéme.”

Un personaje muy famoso e inteligente dijo alguna vez “la mejor forma de enseñar no es el ejemplo… es la única” Y teniendo en cuenta que este señor se ganó un nobel con toda la parafarnalia, pues hay que seguir el consejo. Una idea es gritar a los cuatro vientos que tienes chichí , hacer que tu hij@ lo note y en lo posible te siga (y te acompañe DENTRO del baño, por supuesto) irás despertando su curiosidad y como ellos imitan TODO, será una manera muy efectiva de enseñarles. Piensa que la extravagancia de ahora tener público hasta en el baño se traducirá en cientos de miles de pesos ahorrados y la sencillez de no tener que estar cambiando pañales a cada rato. No está de más decir que si es un niño, es preferible que sea su papá quien lo haga, y si el papá no está presente no importa, las mamás-papás son lo más sorprendente que hay en esta tierra.

En resumen: paciencia, andar encueros, dedicarle tiempo (mucho tiempo), motivación y ejemplo. No es una fórmula mágica pero si son buenas herramientas en esto de dejar de pagarle los viajes, las mozas, los apartamentos en miami y las finquitas a los honorables miembros del cartel de los pañales.

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Hola, señor berrinche.

*Imagen de cabecera tomada de internet porque no tengo fotos de un Elías berrinchoso.

No es que sea un gusto saludarle pero ya que llegó, siéntese y hablemos un rato. Ya sabía que llegaría pero no tan pronto, según lo que me contaron aún faltarían unos quince días para su fastidiosa llegada, pero si se adelantó no tengo más remedio que lidiar con ud.

Antes de su llegada mi hijo era todo paz y risas. Ahora es un ciclo impredecible de llanto, risas y rabias. Ahorita está feliz jugando a las cosquillas con su papá y al minuto lo veo tirado en el piso llorando porque no le dejamos tomarse el agua del inodoro. Es algo incomprensible ud, déjeme decirle. Pero soy una mamá moderna, de esas conscientes que no nos las sabemos todas y que escuchamos y reflexionamos cuando nos dicen algo nuevo. Pero, dejemos de hablar de mi,  cuénteme de ud, vamos a hacernos amigos. De pronto así no nos llevamos tan mal y -decepcionado- decida irse.

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