Aquel martes 14 de octubre (de 2013)

Era un martes de octubre cualquiera. Un martes de labores y de tareas habituales, pero ese martes quedaría marcado en mi memoria para siempre.

Lo normal era llegar a la casa, descansar un rato e ir adelantando la cena mientras esperaba que mi esposo llegara del trabajo. Pero, ese día el descanso se prolongó un poco más de tiempo.
Mi sueño fue interrumpido cuando él llegó y me despertó, la pesadez era enorme y no daba para levantarme de la cama; la cena no estaba hecha y -como siempre, atento – él se ofreció a hacerla.

Cenamos en silencio -ya se irán enterando de lo conversadora que soy- y después de eso, nos acostamos a ver un rato de televisión, pero… yo caí dormida, así, hasta el día siguiente justo a la hora de alistarse para ir trabajar otra vez.

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