La lactancia no es pa’ pudientes

El otro día estaba en un cumpleaños con mi hijo en un parque de diversiones, las paredes de dicho parque son de vidrio y se ve todo desde y hacia afuera. Mientras mi hijo y otros niños comían merienda, jugaban en toda clase de atracciones, se reían y saltaban, vi a dos niñas que estabas sentadas en un bordillo frente a las paredes de vidrio observando con mucha tristeza la misma escena que yo estaba viendo. Eran las hijas de una habitante de la calle que por supuesto jamás podría pagarles la entrada a dicho lugar. Ver sus ojitos me partió el alma. 

Sin embargo, no fueron las niñas quienes más conmovieron mi corazón. La señora tenía un tercer hijo, un bebé, a quien tenía en brazos y le estaba dando pecho. Ella estaba visiblemente desnutrida y los huesitos de la parte de arriba de sus costillas sobresalían de su pecho desnudo. En ese momento le di gracias a Dios la calidad de la leche materna no depende (tanto) del estado de la madre; el cuerpo produce la leche de lo mejor que tiene la madre y la ventaja que tenemos nosotras es que podemos reponer con creces esos nutrientes pero esa señora quedará aún más desnutrida. A pesar de saber esto, me sentí un poco tranquila al ver que ese niño estaba siendo muy bien alimentado q internamente felicité a esa mamá por darle lo mejor. 

Cuando ya mi corazón no resistió ver más esas tristes imágenes me decidí mirar a mi hijo y disfrutar con él ese momento divertido. Entre los muchos invitados también habían varios bebés de brazos, muchos de ellos cargados por nanas mientras sus mamás estaban haciendo otras cosas, algunas de ellas pendientes de sus otros hijos. Uno de los bebés empezó a llorar y la nana con toda hizo toda clase de maniobras para sacar el polvo de la leche de fórmula y disolverlos con agua en un tetero y ponerlo en la boca del bebé , quien se lo tomó todo de muy buena gana y se quedó dormido.

Un día hablaba con una mamá recién estrenada y por alguna razón le empecé a hablar de unos bras de lactancia que encontré en amazon que me encantan, porque además de ser cómodos y discretos, siguen siendo modernos para los que yo había conocido. Ella me respondió que esos bras eran de las razones que tenía para no amamantar porque son horribles y ella es incapaz de salir con “una cosa de esas” de su casa y mucho menos andar pelando teta en la calle. Ella prefiere la fórmula “que es hasta mejor” (¡Válgame Dios!) y a ella no le falta dinero para comprarla. La miré realmente sorprendida, pues les estoy hablando de una mujer con buenos estudios, con muy buenos recursos y también muy inteligente; pero al parecer la inteligencia no le sirvió para amamantar. 

Entonces lo entendí: Dar fórmula se hizo parte de la eterna lucha de las clases sociales. Entre más cara sea tu fórmula demuestras más estatus, poder económico y puedes alardear de que tus hijos serán mas sanos, inteligentes y activos que todos los demás. Todo porque le puedes COMPRAR el mejor alimento disponible en el mercado para él o ella. He oído comentarios en los que se ponen a comparar los precios de los potes y cuánto se gastan al mes en “leche” y se nota a leguas que lo hacen por competencia. Pero pocas veces se oyen a mamás lactantes haciendo lo mismo, me pregunto si será porque la leche materna es gratis y nada (o casi nada) gratis es bueno. Y, además, qué boleta se ve uno pelando teta en público, en eso no hay nada lujoso, mientras que con fórmula puedes lucir el tetero de última tecnología de 50USD que compraste.  

En la fiesta que les hablaba al principio no había una sola mamá amamantando, he salido con mi hija varias veces y sólo he visto a una mujer más además de mí alimentando a su bebé con pecho. El resto de mujeres les dan teteros y miran a uno de reojo. Es increíble lo materialistas que nos hemos vuelto, ahora hasta esto lo quieren traducir en dinero. No sé si es un problema exclusivo de mi ciudad pero si se fijan bien, y a pesar de todos los esfuerzos y campañas prolactancia, cada vez somos menos las mamás que nos atrevemos a hacerlo en público. Hay muchas que dicen que les da pena, ¡a mí también me da pena! Yo utilizo una manta para cubrirme, y no porque me critiquen sino porque me da pena.

Justamente hoy alimentando a mi hija en un centro comercial se me acercó una muchacha a preguntarme cómo me estaba yendo con la lactancia, y a ofrecerme su número de teléfono para hacer parte de un grupo de apoyo de lactancia al que pertenece. Le dí muchas gracias y le dije que me parecía genial que hiciera eso, que ya llevo 3 meses y medio de lactancia exclusiva y que eso me tiene súper contenta. Después de eso vio que estaba bien informada y ya no me ofreció ayuda pero sí conversamos un poco del tema. Ojalá se le siga acercando a más mujeres y sobre todo a las que vea con teteros. Y es que a pesar que uno lee todos los días y a cada rato en las redes sociales artículos sobre la importancia de la lactancia, es evidente que aún faltan muchos esfuerzos para sensibilizar a mujeres como las que le mencioné de que la mejor leche no es la que más cuesta sino la que produce su propio cuerpo.

Si eres mamá o papá, o vas a serlo, y tienes dudas sobre la lactancia, no dudes en escribirme y haré todo lo posible por ayudarte en este hermoso camino.

¡Yo no soy una vaca lechera! | lactancia materna

Le contesté groseramente a mi papá cuando Elías tenía menos de una semana de nacido y me demandaba HORAS sentada/acostada dándole teta. Yo me quejaba de todo el tiempo que me quitaba la lactancia y a él no se le ocurrió un consuelo mejor que decirme que las vacas le daban leche a sus terneros todo el tiempo que los pequeños lo necesitaban. Mi papá -pediatra de corazón y de profesión- fue capaz de decirme eso con su insufrible mirada de suficiencia, esa que pone cuando sabe que tiene la razón en algo. Ese día yo era rabia, frustración y cansancio. Una Alicia así jamás se iba a imaginar que a pesar de sus duros comienzos, un día le daría la razón al abuelo pediatra: me convertí en una mamá vaca.

 

Cuando estaba embarazada, mi mejor amiga ya tenía a su bebé de meses, ella fue -principalmente- mi guía en muchas cosas de mis inicios en la maternidad. No pueden imaginarse el terror que me hice de la lactancia al escuchar cómo ella me hablaba de su experiencia y de sus terribles dolores, pezones agrietados y demás. Me decía que si ella (quien había tenido un embarazo de ensueño) había tenido tan mala experiencia lactando, pues peor me iba a ir a mí. Y así -mas o menos- fue.

Las dos primeras semanas fueron terribles. Mis pezones se agrietaron, cuando mi hijo lloraba para pedir teta, yo también lo hacía. Aún así me lo pegaba y sufría el dolor en silencio mientras lo alimentaba. Recuerdo mis lágrimas mudas mientras esperaba que el dolor menguara un poco. Eran dos horas -y más- allí sin hacer nada más que contemplarlo atontada haciendo caso omiso al dolor que me gritaban mis pezones. En mis tiempos “libres” hablaba con mi amiga, me desahogaba y lloraba, ella me daba todas las técnicas que le habían funcionado para que yo las practicara. Pero yo no quería alternativas, yo quería amamantar. Me había aprendido la lección completa, aprendí como se debía poner el pezón en la boca del bebé, leí libros y asistí a cursos donde te daban todos los tips para  hacer una “mejor” lactancia. Pero luego aprendí la lactancia se aprende en la práctica, con tu bebé, buscando la posición más cómoda para los dos, intentado poner su boca varias veces hasta lograr un buen agarre. Es un proceso de aprendizaje. ¿Y sabes quién es el maestro? Si, tu hij@.

La lactancia materna está llena de mitos, miedos, preguntas, inseguridades, inventos, burlas y creencias. Pero la verdad es que la lactancia es la experiencia más personal e íntima que puede tener una mujer. Seguro que puedes vencerlos todos. Hay que tener fe. Yo me volví muy espiritual en ese tiempo. Recuerdo un día mientras lloraba le pedí a Dios, más bien le rogué, que me ayudara, que quería darle teta a mi hijo sin dolor. Le decía que no me iba a rendir, pero que me diera fuerzas y me ayudara a disminuir el dolor. Mi oración resultó. A partir de ese día, todo fue mejorando, y entonces disfruté al 100% mis sesiones con Elías y me sentí de nuevo que todo encajaba. Me sentía una mamá vaca.

Las “mamás vaca” somos esas mamás que creemos en la lactancia a libre demanda, así nos cueste un ojo de la cara. Una lactancia sin restricciones de tiempo ni de lugar. Una lactancia que hace que nos neguemos a nosotras mismas si es necesario. Estamos convencidas que ésta es la manera correcta de hacerlo y nos negamos a creer en ese “cada tres horas debes darle el pecho. Veinte minutos una teta, sacas gases, veinte minutos la otra teta y sacas gases otra vez”. Mi hijo no se conformaba con cuarenta minutos, él quería más. Yo -equivocadamente- pensaba que quería más leche, que seguía con hambre, que no salía suficiente alimento de mi, y eso me llevó a ceder a darle fórmula. (¡Gran error!)

Hoy, dos años después de mis terribles inicios, puedo decir con orgullo, llena de alegría y muy a pesar que la mía fue una lactancia mixta: ¡Yo fui una mamá vaca! Di teta a demanda, hasta que ya no podía con mi vida, sufrí el dolor sin que eso me detuviera, me fundía en una sola persona cuando mi bebé tomaba de mi leche, me sentía en el cielo cuando calmaba su llanto sólo con mi teta y en esas horas sentía que mi lugar en el mundo tenía mucho más sentido y propósito. No puedo describir lo satisfactorio que es cuando tu hijo se despierta en la madrugada a llorar, y luego de dos segundos de teta se duerme, así sin más. La teta tiene un poder infinito, y hoy entiendo que no sólo sirve para alimentar.

La teta consuela, arrulla, mima, acaricia, calma, relaja y sobretodo se convierte en la primera manifestación de ese amor negado, incondicional y eterno que le damos a nuestros hijos. Es lo más cercano que tu bebé te siente después de haber salido del útero. De haber sabido esto dos años atrás, no le hubiera dado leche de fórmula a mi hijo, pensando erróneamente que seguía con hambre y que ya no salía leche de mi. Pero ya habrá tiempo de reinvindicarme con el segundo(?) La teta es el lenguaje de amor por excelencia. Es un te amo que un recién nacido puede entender apenas sale de su mamá.

¿Lactancia en público? ¡Claro que si! Ya les hablaré largo y tendido del tema.