Destetando ando | destete respetuoso

Hace unos días hablaba con una amiga que está en el proceso del destete de su hija. Ella tiene sentimientos encontramos puesto que no quiere dejar de hacerlo, pero por problemas de salud ya le hace obligatorio. Por supuesto que la niña no lo ha tomado muy bien, y eso le parte más aún el corazón. Mientras se desahogaba conmigo me pidió que escribiera un post del destete, así que Destetando ando es mi regalo para ella.

Mientras ella me hablaba recordé mi propio proceso de destete. El mío fue a los siete meses, mi producción era cada vez menor, puesto que las tomas se habían reducido a una o dos diarias, era lo que mi horario laboral me permitía. Realmente no fue un proceso angustiante, creo que fue algo natural y progresivo. Ya las últimas veces Elías chupaba era de consuelo y de pechiche pues no me volvió a salir más leche.

El caso de mi amiga es bello, su bebé ya tiene año y ocho meses, ¡esta mujer ha hecho una excelente lactancia prolongada! Estoy segura que esto hace el proceso mucho más difícil para ella, pero sé que todas estamos de acuerdo que si ya se trata de un tema de salud, no debería dejarse atormentar por el sentimiento de culpa y que todas la entendemos y la apoyamos.¡Fuerza, amiga!

Me puse entonces a investigar sobre el destete respetuoso y me he encontrado con un mundo completamente desconocido para mi de mamás que – como ella – se han sentido fatal al terminar esta etapa. Se confiesan culpables y malas madres porque tienen que “forzar” a su bebé a dejar el pecho y matarían por seguir viviendo esos momentos hermosos de lactancia que las hacían sentir super conectadísimas con sus bebés. Pero lo cierto es que en algún momento esta etapa debe terminar y muchas de nosotras nunca estaremos preparadas para hacerlo. En estos días  he aprendido mucho del tema, y en Destetando ando les compartiré las cosas que quiero resaltar.

Dos tipos de destete respetuoso.
Natural.
Es uno muy parecido al que yo viví, se da cuando el bebé disminuye las tomas diarias y la producción de leche baja y sigue bajando hasta el punto de ser nada. En mi caso fue por horario,  y Elias se fue acomodando a esto sin mayor trauma. Creo que me ayudó mucho el hecho que mi hijo haya tenido una lactancia mixta. Y ya sea leche de fórmula o leche de mamá, él la tomaba del tetero sin ningún problema.

Este destete también va de la mano con la alimentación complementaria. Hay bebés que al probar la comida “se sienten” mayorcitos y que ya no necesitan la leche de mamá. Y se muestran más interesados en experimentar y probar nuevos sabores y texturas. Esto hace que pierdan un poco el interés en la teta y sean ellos mismos que vayan marcando el paso.

Inducido.
Es ese que tenemos que forzar, ese que iniciamos después de tomar una decisión por cualquier causa. Este proceso se puede hacer de dos maneras: una abrupta e inmediata o una progresiva que intente respetar el ritmo del bebé. La más recomendada es la progresiva. Si se trata de un niño mayor, es posible explicarle y que vaya entendiéndolo. Si la mamita está enferma, podrá decirle que se siente enferma y por esto no puede seguir dándole sus tomas. Y si es un bebé pequeño, es más difícil, pero no imposible, le trataremos con cariño y amor para evitar que lo sienta como un rechazo. Los especialistas recomiendan mantener el mayor tiempo posible -por lo menos- las tomas de la mañana y la noche.

¿Cómo hacerlo?
Un destete respetuoso implica:

– Sustituir las tomas con otros alimentos que le gusten.
¿Cómo? Siempre he hablado de la anticipación como una clave en la crianza, y para mi sorpresa también lo es en el destete. Si ya sabes que se acerca la hora de la toma, empieza una actividad divertida o dale un alimento que le guste para mantenerlo distraído.

– En caso que te pida.
Siempre es fácil distraer a los niños, debemos proponerle otra actividad que sea atractiva para él. La clave es la paciencia para soportar los llantos y la creatividad para inventar las alternativas.

– Si el bebé busca la teta y no es por hambre sino por mimos y afecto.
Entonces es el momento de pechichar. Muchos abrazos, besos, arrullos, dar un masaje relajante (a mi hijo le encantan los masajes de espalda), dar un paseo al parque que más le guste, etc.

Busca ayuda.
Nunca está de más buscar ayuda profesional, o quizás de algún libro de la materia. He encontrado algunas referencias que me parecen útiles en este caso:
– Destetar sin lágrimas, un libro para dejar la lactancia sin sufrir, de Pilar Martinez.
– De la teta al plato, de Lucio Piermarini.

 

 

 

De las mamitas que me leen que ya hicieron destete, ¿tienen algún consejo que puedan darle a mi amiga?

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La nueva paternidad | la nueva paternidad

El otro día pasamos por un parque y vi un hombre joven, a quien se le notaba mucho el gimnasio, con barba muy larga (hecha en barbería), una pinta muy descomplicada y juvenil. Me llamó la atención porque estaba en la zona de niños pequeños y cuál fue mi sorpresa cuando lo vi corriendo y jugando con una niña pequeña que se arrojaba a sus brazos. Me di cuenta al rato que lo miraba con una sonrisa en los labios, y en mi mente se dibujaba una imagen parecida a la de la cabecera de este post. Enseguida pensé, esa es la nueva paternidad.

¿Se acuerdan de sus papás jugando con uds a la barbie?
¿Aquella vez que se vistió de princesa para ir con uds a pedir dulces?
¿O quizás ese día que se sentó a jugar chocoritos contigo?
¿O todas las veces que te dio la comida?
¿Recuerdas a tu papá ir a verte a todos tus partidos de fútbol?
¿Acaso te ensenó a jugar basket?
¿Era capaz de prepararte el desayuno? ¿La cena?
¿Alguna vez lo viste ayudando a tu mamá con las tareas del hogar?
¿Quizás tu mamá te ha contado todas las noches que la acompañó en vela mientras tu llorabas y las incontables veces que te cambió el pañal?

Si tus respuestas todas son “No”, entonces tu también eres hij@ de una generación de padres que -creo yo- ya pasó a la historia. Yo recuerdo a mi papá sentado viendo televisión, mientras mi mamá ordenaba la casa, nos ayudaba con las tareas, hacía las comidas, también nos daba la comida, preparaba la lonchera, etc. Mi papá se involucraba muy poco en los detalles más minuciosos de nuestra crianza, no era ajeno, pero quien hacía todo el trabajo “sucio” era mi mamá.

La nueva paternidad implica padres más empoderados de la crianza de sus hijos y que son capaces de hacer todo lo que hace una mamá, a excepción de amamantar. Aunque estoy segura que si fuera posible, también lo harían. Estos nuevos papás no ayudan a sus mujeres, sino que están convencidos que es un trabajo en equipo y están más que felices de hacer su parte.¡Las mujeres de estos hombres estamos felices! Podemos tomar tiempo para nosotras sin pensarlo mucho y nos sentimos confiadas en que nuestros hijos estarán igual de atendidos como si estuviéramos presentes.

¿Cómo saber que tenemos un esposo –o que eres miembro– de la nueva paternidad? Es muy fácil, aquí les dejo algunas características claves.

Involucrados en los mínimos detalles.
Estos papás se involucran en todo. Se trasnochan igual que nosotras, nos acompañan (así sea babeando) en las tomas nocturnas, saben cambiar pañales y también son capaces de darle la comida a los niños. De las cosas más hermosas de mi esposo es que a pesar de tener un sueño muy pesado, es el primero en sentir a nuestro hijo cuando se despierta en la madrugada buscando la compañía de sus papás.

SABEN cuidar a los niños.
A ellos no les queda grande nada. Saben bañar a los niños, escogerles la ropa y por supuesto también ponérsela. Preparan el desayuno mientras mamá descansa un rato más y también los cuidan cuando necesitamos un poco de tiempo para nosotras. Y lo mejor es que no quedamos preocupadas cuando quedan a su cuidado.

Entienden y alientan la profesión de su pareja.
En la mayoría de las familias actuales se hace necesario que trabajen los dos. Estos papás entienden esto y no truncan la labor de su esposa. Y si acaso necesita cumplir con alguna obligación adicional a su horario, se presta con gusto a quedarse con los niños mientras que ella se ausenta.

Rompen moldes y barreras del viejo modelo de papá.
Se llenan de amor por sus hijos y no temen demostrarlo. La felicidad se dibuja en sus rostros apenas los ven y los abrazan con fuerza. Son hombres dedicados que viven enamorados de sus familia. Juegan, corren, bailan y se disfrazan para tener tiempo de calidad con sus hijos.

No les da pena mostrarse sensibles.
Se olvidaron de ese “No pechiche tanto al niño que lo vuelve amanerado” y llenan de besos, mimos, abrazos y pechiches a sus hijos varones. Sabiendo que esto los hará hombres más confiados y seguros de sí mismos, que verán en su papá el modelo a seguir. No temen sentarse a jugar a la casita o a la muñeca, y hasta los veo pasearse orgullosos vestidos de princesas con sus hijas.

Son “amigos” de sus hijos.
Comparten sus actividades favoritas, les enseñan a jugar fútbol, a correr, a saltar, a bailar, a tocar algún instrumento. Enseñan con sus palabras y con sus actos. Mantienen una relación cercana pero al mismo tiempo se hacen ver y respetar como autoridad que son. Infunden en sus hijos respeto, admiración y seguridad.

Y sin saberlo estos padres están haciendo la más importante tarea que asumimos al traer a una personita al mundo: con su comportamiento, están siendo un ejemplo e inspiración para nuestros hijos para que entiendan que si vale la pena ser una buena persona y cuando decidan ser padres, sean mejores que nosotros.

Para cerrar con broche de oro, por aquí les comparto este video que me hizo chillar de la emoción.

 

5 cosas que debes saber sobre la cicatriz de la cesárea

La cicatriz de mi cesárea dibuja una linda sonrisita en mi pancita. Cada vez que la veo recuerdo el milagro que se formó en mi vientre y que ahora anda corrinchando y jugando por toda mi casa.

Algo curioso de ella es que tengo poca o cero sensibilidad en la piel que queda alrededor, y hasta hace unos meses (ya mi hijo tiene dos años) sentía alguna comezón en la zona. Hay cierto temor a esta cicatriz, pero con algunos cuidados y precauciones seguro no va a presentar mayor problema y con lo abajito que las hacen, no será impedimento para que luzcas ese lindo vestido de baño.

1. ¿Qué tamaño tendrá?
Lo normal es que mida entre 10 a 15 cms. La mía mide un poquito más de 10, lo suficiente para que haya salido mi hijo y que no quede una línea demasiado grande.

2. ¿Cómo debo cuidarla?
Muy importante, los primeros seis meses es mejor que no tomes el sol en la zona.

3. Mantenla siempre muy limpia.
Antes y después que retiren los puntos, mantenla muy limpia. Lávala con agua y con jabón y sécala muy bien.

4. La hidratación es clave para que cicatrice bien.
Puedes seguir utilizando la crema antiestrías, te ayudarán a cicatrizar y al mismo tiempo podrás evitar que aparezcan las estrías postparto. Si, cuando la pancita está flojita por todo el exceso de piel, pueden salir más estrías.

5. ¡Fájate!
En cuanto puedas soportarla, usa una faja. Éstas te ayudan a sujetar toda la piel y los músculos y propician que se ubique todo en su lugar rápidamente.

Sobretodo no te avergüences, esta hermosa cicatriz es una señal inequívoca del milagro de vida que estuvo dentro de tu vientre.

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¡Yo no soy una vaca lechera! | lactancia materna

Le contesté groseramente a mi papá cuando Elías tenía menos de una semana de nacido y me demandaba HORAS sentada/acostada dándole teta. Yo me quejaba de todo el tiempo que me quitaba la lactancia y a él no se le ocurrió un consuelo mejor que decirme que las vacas le daban leche a sus terneros todo el tiempo que los pequeños lo necesitaban. Mi papá -pediatra de corazón y de profesión- fue capaz de decirme eso con su insufrible mirada de suficiencia, esa que pone cuando sabe que tiene la razón en algo. Ese día yo era rabia, frustración y cansancio. Una Alicia así jamás se iba a imaginar que a pesar de sus duros comienzos, un día le daría la razón al abuelo pediatra: me convertí en una mamá vaca.

 

Cuando estaba embarazada, mi mejor amiga ya tenía a su bebé de meses, ella fue -principalmente- mi guía en muchas cosas de mis inicios en la maternidad. No pueden imaginarse el terror que me hice de la lactancia al escuchar cómo ella me hablaba de su experiencia y de sus terribles dolores, pezones agrietados y demás. Me decía que si ella (quien había tenido un embarazo de ensueño) había tenido tan mala experiencia lactando, pues peor me iba a ir a mí. Y así -mas o menos- fue.

Las dos primeras semanas fueron terribles. Mis pezones se agrietaron, cuando mi hijo lloraba para pedir teta, yo también lo hacía. Aún así me lo pegaba y sufría el dolor en silencio mientras lo alimentaba. Recuerdo mis lágrimas mudas mientras esperaba que el dolor menguara un poco. Eran dos horas -y más- allí sin hacer nada más que contemplarlo atontada haciendo caso omiso al dolor que me gritaban mis pezones. En mis tiempos “libres” hablaba con mi amiga, me desahogaba y lloraba, ella me daba todas las técnicas que le habían funcionado para que yo las practicara. Pero yo no quería alternativas, yo quería amamantar. Me había aprendido la lección completa, aprendí como se debía poner el pezón en la boca del bebé, leí libros y asistí a cursos donde te daban todos los tips para  hacer una “mejor” lactancia. Pero luego aprendí la lactancia se aprende en la práctica, con tu bebé, buscando la posición más cómoda para los dos, intentado poner su boca varias veces hasta lograr un buen agarre. Es un proceso de aprendizaje. ¿Y sabes quién es el maestro? Si, tu hij@.

La lactancia materna está llena de mitos, miedos, preguntas, inseguridades, inventos, burlas y creencias. Pero la verdad es que la lactancia es la experiencia más personal e íntima que puede tener una mujer. Seguro que puedes vencerlos todos. Hay que tener fe. Yo me volví muy espiritual en ese tiempo. Recuerdo un día mientras lloraba le pedí a Dios, más bien le rogué, que me ayudara, que quería darle teta a mi hijo sin dolor. Le decía que no me iba a rendir, pero que me diera fuerzas y me ayudara a disminuir el dolor. Mi oración resultó. A partir de ese día, todo fue mejorando, y entonces disfruté al 100% mis sesiones con Elías y me sentí de nuevo que todo encajaba. Me sentía una mamá vaca.

Las “mamás vaca” somos esas mamás que creemos en la lactancia a libre demanda, así nos cueste un ojo de la cara. Una lactancia sin restricciones de tiempo ni de lugar. Una lactancia que hace que nos neguemos a nosotras mismas si es necesario. Estamos convencidas que ésta es la manera correcta de hacerlo y nos negamos a creer en ese “cada tres horas debes darle el pecho. Veinte minutos una teta, sacas gases, veinte minutos la otra teta y sacas gases otra vez”. Mi hijo no se conformaba con cuarenta minutos, él quería más. Yo -equivocadamente- pensaba que quería más leche, que seguía con hambre, que no salía suficiente alimento de mi, y eso me llevó a ceder a darle fórmula. (¡Gran error!)

Hoy, dos años después de mis terribles inicios, puedo decir con orgullo, llena de alegría y muy a pesar que la mía fue una lactancia mixta: ¡Yo fui una mamá vaca! Di teta a demanda, hasta que ya no podía con mi vida, sufrí el dolor sin que eso me detuviera, me fundía en una sola persona cuando mi bebé tomaba de mi leche, me sentía en el cielo cuando calmaba su llanto sólo con mi teta y en esas horas sentía que mi lugar en el mundo tenía mucho más sentido y propósito. No puedo describir lo satisfactorio que es cuando tu hijo se despierta en la madrugada a llorar, y luego de dos segundos de teta se duerme, así sin más. La teta tiene un poder infinito, y hoy entiendo que no sólo sirve para alimentar.

La teta consuela, arrulla, mima, acaricia, calma, relaja y sobretodo se convierte en la primera manifestación de ese amor negado, incondicional y eterno que le damos a nuestros hijos. Es lo más cercano que tu bebé te siente después de haber salido del útero. De haber sabido esto dos años atrás, no le hubiera dado leche de fórmula a mi hijo, pensando erróneamente que seguía con hambre y que ya no salía leche de mi. Pero ya habrá tiempo de reinvindicarme con el segundo(?) La teta es el lenguaje de amor por excelencia. Es un te amo que un recién nacido puede entender apenas sale de su mamá.

¿Lactancia en público? ¡Claro que si! Ya les hablaré largo y tendido del tema.

 

 

Las mamás perfectas | mamás perfectas

Las mamás perfectas son esas mamás que tienen todo bajo control y nada se les escapa. Son capaces de recuperar su esbelta figura en sólo un mes, siempre llevan las uñas arregladas, su cabello parece recién salido de peluquería, jamás ni por error les ves raíces de otro color (mucho menos canas), su maquillaje es impecable, su ropa es de la última colección y siempre llevan una sonrisa en su rostro sin importar nada. Sus maridos viven deslumbrados y hablan de ellas como si fuesen la piedra más alta de sus pedestales (y seguro que así es). Sus hijos hacen caso en todo, jamás hacen un berrinche público, se visten de gala hasta para ir al parque, son los mejores en el colegio, sus cuadernos son siempre el ejemplo, son amables, dulces y se llevan bien con todos y ¡se comen TODOS sus vegetales!

¡Cuando yo sea grande, quiero ser una de esas mamás!

Y qué decir de sus casas, todo está SIEMPRE en su lugar, la cocina brilla como un diamante, los cuartos de los niños siempre decorados y sin rayones en las paredes, tienen cajitas organizadoras para todo, el mesón de la cocina sólo tiene lo estrictamente necesario, no hay ropa en las sillas del comedor y mucho menos en el piso, los vasos están en la cocina, la pila de ropa no existe, el piso es un espejo y los baños huelen a ambientador todo el tiempo.

Si ellas son un 10 pues yo soy un 4, negativo. El orden en mi casa no demora más de cinco segundos, basta que Elías se de cuenta que han ordenado la sala para que lleve todos sus juguetes y libros otra vez a adornar los muebles, el piso y el mueble del tv. Yo misma dejo vasos por todos lados y cuando voy a tomar agua nunca los encuentro. Mi pila de ropa sucia llega a la altura de mi esposo. Si cocino, no lavo platos. Aunque tenga la noble intención, realmente no sé pasar una escoba y mucho menos un trapero. Si cuento con suerte y me acuerdo de meter la ropa en la lavadora, se me olvida sacarla y meterla en la secadora, así que toca lavarla otra vez. Siempre es un desatino cuando me pongo a doblar ropa y guardarla en el closet, nunca queda ordenado, en especial las sábanas ¿Cómo rayos hacen para que queden tan perfectas? Realmente no me destaco demasiado como ama de casa; de eso pueden dar fe mi esposo, mi papá, mi mamá, mi hermano y mi empleada.  Lo único de lo que puedo enorgullecerme es de mi sazón al cocinar.

Mi cabello vino manejable de fábrica, y le doy gracias a Dios porque me da mucha pereza ir a los salones de belleza y perder horas de mi vida aspirando químicos y escuchando el run run de los secadores. Lo única razón por la que antes las frecuentaba era para hacerme las uñas y ya – desde que nació Elías – ni eso, ahora las uso al natural. Hace un año empecé un proceso de aclaramiento del cabello y puedo morirme del aburrimiento cada vez que me toca ir a hacerme un retoque. Cada vez que voy y sin falta llevo mi Kindle, y me pongo a leer para no tirarme por la ventana.Y aunque es manejable y liso (mi cabello), mi peinado favorito cuando estoy con Elías es ese clásico tomate que combina con todo: jeans, shorts, tennis, faldas, vestidos y pijamas. Normalmente lavo mi cabello de noche, pero cuando estoy muy cansada no hay nada que me convenza que lavarse el cabello puede ser mejor que quedarme dormida arrunchada con mi marido o con Elías. Así que al día siguiente, el recogido en forma de tomate está a la orden del día.

En cuanto a la ropa y seré totalmente sincera sobre esto. Prefiero comprarle ropa a Elías, lo que nos toca hacer a cada rato porque crece mucho. No he renovado jeans por un buen tiempo, compro blusas sólo en promoción, he dejado de compar bolsos y como uso muy poco maquillaje (polvo compacto, pestañina, chapstick y rubor) eso no representa gran gasto para mí. Mi adquisición más reciente fueron unos tennis porque no tenía dotación adecuada para mis tardes de correr en el parque con mi niñito. Cada vez que me invitan a algo medio elegante me rebano los sesos pensando en qué me voy a poner y casi siempre termino comprando algo. Que queda guardado porque mi outfit normal son jeans/shorts, tennis (o baleticas) y blusitas.

Pensándolo bien, no creo que algún día llegue a ser una mamá perfecta. Hace falta que se encuentren conmigo cualquier día por la calle y vean lo torpe que luzco mientras llevo la pañalera y un juguete de Elías en la mano. Si observan por más de un minuto puedo dar un traspie y seguro algo se caerá de mis manos. Ni hablar las muchas veces que demoro horas en la cocina haciendo un rico plato con todo el amor del mundo, y cuando pongo la cuchara en la boca de Elías lo único que hace es echarlo hacia afuera con su lengua. Hay días que tengo cero paciencia a una pataleta suya y el papá es quien lo tranquiliza. Y aunque Elías tiene sólo dos años, ya viví mi primer susto al perderlo de vista en un lugar público.

Cuando llego en la noche y me siento muy cansada, lo dejo ver televisión para poder quedarme recostada en el mueble un rato, no sin sentirme culpable y pensar que puedo enseñarle algunas cosas en ese tiempo. A veces cuando se despierta en las mañanas, me hago la dormida para que se vuelva a dormir. Y para colmo, la gran mayoría del tiempo prefiero que llore antes de complacerle algún antojo que haya pedido de mala gana. Y espero a que se calme sin pechicharlo ni consentirlo, porque tiene que aprender a comportarse. Y después de hacerlo me siento realmente cruel, el sentimiento de culpa me agobia y no es fácil de disipar.

Hace unos meses, para el día de la madre, vi un video en el que le pedían a los niños lo que querían cambiar de su mamá. Ellos libremente criticaron y pidieron las cosas que querían cambiar. A las señoras las metieron en una máquina y salió otra señora. Ninguno de los niños estuvo contento con el cambio a pesar que estas mujeres les aseguraron que iban a complacer todos sus caprichos, los niños pidieron a su mamá otra vez y reconocieron que ya tenían a la mamá perfecta.

Aunque no sea perfecta ante el mundo y mucho menos ante mis propios ojos, todo lo que hago lo hago con un amor perfecto e incondicional hacia mi hijo. Y un día me mirará a los ojos y me dirá “Mami, tu eres perfecta para mi, eres la mejor mamá del mundo”

 

 

¿Cómo hago para que deje el pañal?

No crean que este post tiene una fórmula mágica para que los niños dejen el pañal, de hecho, no creo que la tal fórmula exista. Pero en internet hay un sin número de posts al respecto que te hacen una guía básica de 10, 20 o 30 pasos que aseguran que tu hij@ dejará el pañal incluso en un solo día. ¿Un solo día? Ok, allí si me río porque el dejar el pañal es un proceso de aprendizaje que toma tiempo y no exactamente 24 horas.

Y si, resulta que andamos en ese proceso de enseñarle a Elías a dejar el pañal y no les miento, ha sido un proceso difícil. Cuando creo que hemos avanzado, pasa algo que no me espero y siento que volvemos a empezar. El consejo más frecuente de todos los artículos es que hay que tener paciencia y manejar la frustración, pero en realidad no es SU frustración, es la MÍA.

Y entonces lo primero que te recomiendan es tener paciencia ¿Paciencia? Si, y mucha. Y no paciencia para evitar que regañes a tu hijo y que -de pronto- llegues a hacerlo sentir mal (porque voy a asumir que ninguno de uds llegaría a ese punto) sino con uno mismo, como mamá/papá. Muchas veces podemos sentir que no somos capaces de enseñarles, que hemos agotado recursos, que ya no sabemos ni qué más inventar y hasta nos preguntamos cómo pudimos aprender NOSOTROS mismos a ir al baño, ¡qué gran trabajo tuvo que haber hecho nuestra mamá! Pero ánimo, que no haya bajón que nos aparte de la meta.

Y como todo tiene su lado bueno (y divertido, si está relacionado con niños) otra recomendación es andar encueros. Si, encueros ¿Y qué es más divertido que ver a tu hijo corriendo por la casa libremente sin nada encima? Su risa contagia hasta el vecino y resulta un juego muy entretenido perseguirlos por la casa, es muy jocoso verlos sentirse tan libres y desinhibidos. Pero si, es claro que hace mucho más fácil la tarea, no hay tanta ropa que quitar del medio, teniendo en cuenta que el tiempo apremia cuando un pequeñito dice “pipí”. Hasta ahora lo había intentado sólo en bóxer y ya tenía pensado comprar de esos pañales de entrenamiento, pero voy a seguir el consejo, Elías andará encuero y ya les contaré de su efectividad.

Cuando tienes hijos tu percepción del tiempo cambia. Puedes durar horas viendo cómo una hormiguitas llevan su comida y te parece el tiempo mejor invertido del mundo. Con los niños, el tiempo se traspone y lo importante es disfrutarlo. Así que un fin de semana encerrados en casa haciendo entrenamiento de ir al baño NO es un malgasto, es una inversión. Ellos tienen su propio tiempo y nosotros debemos respetarlo, porque el hijo de tu amiga haya dejado el pañal al año, no quiere decir que el tuyo también lo hará. Quizás le tome un poco o mucho más tiempo, ¿y qué? Y a las personas que ya te presionan insistiendo que “ya es hora”, sólo ignóralos. Ni que fuera su bolsillo desangrándose a favor de Huggies, Winny o Pequeñín.

Una palabra muy importante: motivación. No se trata de dar regalos cada vez que avisen o que logren ir solitos. Se trata de reconocer su esfuerzo y de animarlos a continuar. Así como también animarlos cuando fallen y ponerles claro que todos podemos equivocarnos, que no hay nada de malo en eso y afirmarles que es posible intentar tantas veces sea necesario. Siempre podemos lavar un pantalón, secar el piso, cambiar la ropita mojada, limpiar una silla y seguir alentando a nuestr@ niñ@ grande. “Estamos juntos en esto pequeñ@, mi bolsillo es el primer interesado, creéme.”

Un personaje muy famoso e inteligente dijo alguna vez “la mejor forma de enseñar no es el ejemplo… es la única” Y teniendo en cuenta que este señor se ganó un nobel con toda la parafarnalia, pues hay que seguir el consejo. Una idea es gritar a los cuatro vientos que tienes chichí , hacer que tu hij@ lo note y en lo posible te siga (y te acompañe DENTRO del baño, por supuesto) irás despertando su curiosidad y como ellos imitan TODO, será una manera muy efectiva de enseñarles. Piensa que la extravagancia de ahora tener público hasta en el baño se traducirá en cientos de miles de pesos ahorrados y la sencillez de no tener que estar cambiando pañales a cada rato. No está de más decir que si es un niño, es preferible que sea su papá quien lo haga, y si el papá no está presente no importa, las mamás-papás son lo más sorprendente que hay en esta tierra.

En resumen: paciencia, andar encueros, dedicarle tiempo (mucho tiempo), motivación y ejemplo. No es una fórmula mágica pero si son buenas herramientas en esto de dejar de pagarle los viajes, las mozas, los apartamentos en miami y las finquitas a los honorables miembros del cartel de los pañales.

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