Las mamás perfectas | mamás perfectas

Las mamás perfectas son esas mamás que tienen todo bajo control y nada se les escapa. Son capaces de recuperar su esbelta figura en sólo un mes, siempre llevan las uñas arregladas, su cabello parece recién salido de peluquería, jamás ni por error les ves raíces de otro color (mucho menos canas), su maquillaje es impecable, su ropa es de la última colección y siempre llevan una sonrisa en su rostro sin importar nada. Sus maridos viven deslumbrados y hablan de ellas como si fuesen la piedra más alta de sus pedestales (y seguro que así es). Sus hijos hacen caso en todo, jamás hacen un berrinche público, se visten de gala hasta para ir al parque, son los mejores en el colegio, sus cuadernos son siempre el ejemplo, son amables, dulces y se llevan bien con todos y ¡se comen TODOS sus vegetales!

¡Cuando yo sea grande, quiero ser una de esas mamás!

Y qué decir de sus casas, todo está SIEMPRE en su lugar, la cocina brilla como un diamante, los cuartos de los niños siempre decorados y sin rayones en las paredes, tienen cajitas organizadoras para todo, el mesón de la cocina sólo tiene lo estrictamente necesario, no hay ropa en las sillas del comedor y mucho menos en el piso, los vasos están en la cocina, la pila de ropa no existe, el piso es un espejo y los baños huelen a ambientador todo el tiempo.

Si ellas son un 10 pues yo soy un 4, negativo. El orden en mi casa no demora más de cinco segundos, basta que Elías se de cuenta que han ordenado la sala para que lleve todos sus juguetes y libros otra vez a adornar los muebles, el piso y el mueble del tv. Yo misma dejo vasos por todos lados y cuando voy a tomar agua nunca los encuentro. Mi pila de ropa sucia llega a la altura de mi esposo. Si cocino, no lavo platos. Aunque tenga la noble intención, realmente no sé pasar una escoba y mucho menos un trapero. Si cuento con suerte y me acuerdo de meter la ropa en la lavadora, se me olvida sacarla y meterla en la secadora, así que toca lavarla otra vez. Siempre es un desatino cuando me pongo a doblar ropa y guardarla en el closet, nunca queda ordenado, en especial las sábanas ¿Cómo rayos hacen para que queden tan perfectas? Realmente no me destaco demasiado como ama de casa; de eso pueden dar fe mi esposo, mi papá, mi mamá, mi hermano y mi empleada.  Lo único de lo que puedo enorgullecerme es de mi sazón al cocinar.

Mi cabello vino manejable de fábrica, y le doy gracias a Dios porque me da mucha pereza ir a los salones de belleza y perder horas de mi vida aspirando químicos y escuchando el run run de los secadores. Lo única razón por la que antes las frecuentaba era para hacerme las uñas y ya – desde que nació Elías – ni eso, ahora las uso al natural. Hace un año empecé un proceso de aclaramiento del cabello y puedo morirme del aburrimiento cada vez que me toca ir a hacerme un retoque. Cada vez que voy y sin falta llevo mi Kindle, y me pongo a leer para no tirarme por la ventana.Y aunque es manejable y liso (mi cabello), mi peinado favorito cuando estoy con Elías es ese clásico tomate que combina con todo: jeans, shorts, tennis, faldas, vestidos y pijamas. Normalmente lavo mi cabello de noche, pero cuando estoy muy cansada no hay nada que me convenza que lavarse el cabello puede ser mejor que quedarme dormida arrunchada con mi marido o con Elías. Así que al día siguiente, el recogido en forma de tomate está a la orden del día.

En cuanto a la ropa y seré totalmente sincera sobre esto. Prefiero comprarle ropa a Elías, lo que nos toca hacer a cada rato porque crece mucho. No he renovado jeans por un buen tiempo, compro blusas sólo en promoción, he dejado de compar bolsos y como uso muy poco maquillaje (polvo compacto, pestañina, chapstick y rubor) eso no representa gran gasto para mí. Mi adquisición más reciente fueron unos tennis porque no tenía dotación adecuada para mis tardes de correr en el parque con mi niñito. Cada vez que me invitan a algo medio elegante me rebano los sesos pensando en qué me voy a poner y casi siempre termino comprando algo. Que queda guardado porque mi outfit normal son jeans/shorts, tennis (o baleticas) y blusitas.

Pensándolo bien, no creo que algún día llegue a ser una mamá perfecta. Hace falta que se encuentren conmigo cualquier día por la calle y vean lo torpe que luzco mientras llevo la pañalera y un juguete de Elías en la mano. Si observan por más de un minuto puedo dar un traspie y seguro algo se caerá de mis manos. Ni hablar las muchas veces que demoro horas en la cocina haciendo un rico plato con todo el amor del mundo, y cuando pongo la cuchara en la boca de Elías lo único que hace es echarlo hacia afuera con su lengua. Hay días que tengo cero paciencia a una pataleta suya y el papá es quien lo tranquiliza. Y aunque Elías tiene sólo dos años, ya viví mi primer susto al perderlo de vista en un lugar público.

Cuando llego en la noche y me siento muy cansada, lo dejo ver televisión para poder quedarme recostada en el mueble un rato, no sin sentirme culpable y pensar que puedo enseñarle algunas cosas en ese tiempo. A veces cuando se despierta en las mañanas, me hago la dormida para que se vuelva a dormir. Y para colmo, la gran mayoría del tiempo prefiero que llore antes de complacerle algún antojo que haya pedido de mala gana. Y espero a que se calme sin pechicharlo ni consentirlo, porque tiene que aprender a comportarse. Y después de hacerlo me siento realmente cruel, el sentimiento de culpa me agobia y no es fácil de disipar.

Hace unos meses, para el día de la madre, vi un video en el que le pedían a los niños lo que querían cambiar de su mamá. Ellos libremente criticaron y pidieron las cosas que querían cambiar. A las señoras las metieron en una máquina y salió otra señora. Ninguno de los niños estuvo contento con el cambio a pesar que estas mujeres les aseguraron que iban a complacer todos sus caprichos, los niños pidieron a su mamá otra vez y reconocieron que ya tenían a la mamá perfecta.

Aunque no sea perfecta ante el mundo y mucho menos ante mis propios ojos, todo lo que hago lo hago con un amor perfecto e incondicional hacia mi hijo. Y un día me mirará a los ojos y me dirá “Mami, tu eres perfecta para mi, eres la mejor mamá del mundo”

 

 

¿Cómo hago para que deje el pañal?

No crean que este post tiene una fórmula mágica para que los niños dejen el pañal, de hecho, no creo que la tal fórmula exista. Pero en internet hay un sin número de posts al respecto que te hacen una guía básica de 10, 20 o 30 pasos que aseguran que tu hij@ dejará el pañal incluso en un solo día. ¿Un solo día? Ok, allí si me río porque el dejar el pañal es un proceso de aprendizaje que toma tiempo y no exactamente 24 horas.

Y si, resulta que andamos en ese proceso de enseñarle a Elías a dejar el pañal y no les miento, ha sido un proceso difícil. Cuando creo que hemos avanzado, pasa algo que no me espero y siento que volvemos a empezar. El consejo más frecuente de todos los artículos es que hay que tener paciencia y manejar la frustración, pero en realidad no es SU frustración, es la MÍA.

Y entonces lo primero que te recomiendan es tener paciencia ¿Paciencia? Si, y mucha. Y no paciencia para evitar que regañes a tu hijo y que -de pronto- llegues a hacerlo sentir mal (porque voy a asumir que ninguno de uds llegaría a ese punto) sino con uno mismo, como mamá/papá. Muchas veces podemos sentir que no somos capaces de enseñarles, que hemos agotado recursos, que ya no sabemos ni qué más inventar y hasta nos preguntamos cómo pudimos aprender NOSOTROS mismos a ir al baño, ¡qué gran trabajo tuvo que haber hecho nuestra mamá! Pero ánimo, que no haya bajón que nos aparte de la meta.

Y como todo tiene su lado bueno (y divertido, si está relacionado con niños) otra recomendación es andar encueros. Si, encueros ¿Y qué es más divertido que ver a tu hijo corriendo por la casa libremente sin nada encima? Su risa contagia hasta el vecino y resulta un juego muy entretenido perseguirlos por la casa, es muy jocoso verlos sentirse tan libres y desinhibidos. Pero si, es claro que hace mucho más fácil la tarea, no hay tanta ropa que quitar del medio, teniendo en cuenta que el tiempo apremia cuando un pequeñito dice “pipí”. Hasta ahora lo había intentado sólo en bóxer y ya tenía pensado comprar de esos pañales de entrenamiento, pero voy a seguir el consejo, Elías andará encuero y ya les contaré de su efectividad.

Cuando tienes hijos tu percepción del tiempo cambia. Puedes durar horas viendo cómo una hormiguitas llevan su comida y te parece el tiempo mejor invertido del mundo. Con los niños, el tiempo se traspone y lo importante es disfrutarlo. Así que un fin de semana encerrados en casa haciendo entrenamiento de ir al baño NO es un malgasto, es una inversión. Ellos tienen su propio tiempo y nosotros debemos respetarlo, porque el hijo de tu amiga haya dejado el pañal al año, no quiere decir que el tuyo también lo hará. Quizás le tome un poco o mucho más tiempo, ¿y qué? Y a las personas que ya te presionan insistiendo que “ya es hora”, sólo ignóralos. Ni que fuera su bolsillo desangrándose a favor de Huggies, Winny o Pequeñín.

Una palabra muy importante: motivación. No se trata de dar regalos cada vez que avisen o que logren ir solitos. Se trata de reconocer su esfuerzo y de animarlos a continuar. Así como también animarlos cuando fallen y ponerles claro que todos podemos equivocarnos, que no hay nada de malo en eso y afirmarles que es posible intentar tantas veces sea necesario. Siempre podemos lavar un pantalón, secar el piso, cambiar la ropita mojada, limpiar una silla y seguir alentando a nuestr@ niñ@ grande. “Estamos juntos en esto pequeñ@, mi bolsillo es el primer interesado, creéme.”

Un personaje muy famoso e inteligente dijo alguna vez “la mejor forma de enseñar no es el ejemplo… es la única” Y teniendo en cuenta que este señor se ganó un nobel con toda la parafarnalia, pues hay que seguir el consejo. Una idea es gritar a los cuatro vientos que tienes chichí , hacer que tu hij@ lo note y en lo posible te siga (y te acompañe DENTRO del baño, por supuesto) irás despertando su curiosidad y como ellos imitan TODO, será una manera muy efectiva de enseñarles. Piensa que la extravagancia de ahora tener público hasta en el baño se traducirá en cientos de miles de pesos ahorrados y la sencillez de no tener que estar cambiando pañales a cada rato. No está de más decir que si es un niño, es preferible que sea su papá quien lo haga, y si el papá no está presente no importa, las mamás-papás son lo más sorprendente que hay en esta tierra.

En resumen: paciencia, andar encueros, dedicarle tiempo (mucho tiempo), motivación y ejemplo. No es una fórmula mágica pero si son buenas herramientas en esto de dejar de pagarle los viajes, las mozas, los apartamentos en miami y las finquitas a los honorables miembros del cartel de los pañales.

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El fenómeno del Niño… de dos años

Yo no sé en qué momento pasó tanto tiempo y el pasado viernes mi hijito cumplió sus dos primeros años de vida. Han sido realmente dos años hermosos y bastante agitados, aunque poco a poco uno va acostumbrándose al nuevo trote;  ojo que acostumbrase no significa que no te canses, sólo que ya te estresas menos y empiezas a saber qué esperarte en la mayoría de las situaciones. Pero -en la maternidad como en la vida misma- cuando empiezas a acostumbrarte a algo, te viene un cambio inesperado. Bien me dijo una amiga el día del cumple de Elías “Bienvenida a los dos años”

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