Presente con “P” de Papá

“Hola mamita, buenos días, la entrada es por el otro lado.”

Nos dijo la señora muy amablemente para indicarnos que estábamos en el lado equivocado del lugar. Y como en todos los colegios, centros de estimulación temprana o instituciones relacionadas con formación infantil, uno pierde el nombre y pasa a llamarse  Mamita o Papito.

Mi esposo se quejó y me dijo:

¿Y por qué no me menciona a mí? “Papito, buenos días, la entrada es por el otro lado” Papito también está aquí.

Mi esposo en su descontento expuso una realidad que tienen que vivir todos los papás (mejor dicho, aquellos que realmente se involucran en la crianza de sus hijos): nadie nos lo nota. La maternidad sigue amarrada a esa visión de madre sufrida y que le toca hacer todo sola así tenga marido. El marido se reduce a un ente sentado en un sofá viendo televisión mientras que la esposa se encarga de todo en la casa. La esposa a la que le toca todo, la que trabajan en una empresa de 8am a 6pm pero aún así debe continuar con la carga de la casa; algo así como mi mamá es otros tiempos. En La nueva paternidad  hablamos de esa hermosa generación de padres empoderados, para quienes la crianza de sus hijos se ha vuelto en el rol más bello de su vida y a pesar que son muchos -y siguen aumentando- la sociedad parece no darse cuenta de sus sacrificios y no les da la importancia que de verdad se merecen.

Cuando hablamos de crianza este mundo es realmente feminista. Los papás son muy ignorados: por ginecólogos, por pediatras, por profesores, por los amigos de los hijos, por las abuelas… casi que parece un complot en su contra. Desde el embarazo, todo gira en torno a la nueva mamá: la pancita, los antojos, el cambio de su cuerpo, sus cambios de humor, sus dolores, el movimiento del bebé, el crecimiento uterino, la -bendita- última fecha de menstruación, la hipersensibilidad a cualquier cosa animada y/o inerte, a las pataditas en la panza, a la forma de la panza, que si siente que es niño, que si siente que es niña…etc. ¿Y el papá qué? ¿Acaso no cuenta? Ellos también se asustan, se desvelan pensando en lo que viene, tienen millones de preguntas, siguen paso a paso el embarazo de sus mujeres, las cuidan, las protegen, complacen sus antojos, se aguantas sus cambios de humor, se resignan a estar más tiempo solos porque su mujer no para de dormir… definitivamente merecen más atención y reconocimiento.

Hace unos 10-15 años aproximadamente nadie se quejaba porque no había cambiador de bebés en el baño de los hombres, porque esa era función exclusiva de la mujer. Tampoco era común ver a un papá con una pañalera rosa de flores, corazones y mariposas cargando en el hombre por toda la calle sin el mínimo atisvo de verguenza. El papel tradicional del padre se limitaba a ser el proveedor y la disciplina en la casa.

Y es que ¿qué sería de mí sin mi compañero de vida alias“papito”  en este post? Pues nada, absolutamente nada. Él siempre será mi mejor complemento y mi pareja perfecta. Jamás me imaginé lo sexy que se vería jugando con Elías en el parque, es sencillamente delicioso contemplarlos.No me quiero imaginar mi vida sin su apoyo y sin su fortaleza, sin que él esté pendiente que no me coma cualquier porquería que se me antoja, me acompañe a las citas mientras me acuestan en la humillante silla de revisión de la doctora, sin que haga los videos del bebé, sin que me cubra cuando no doy más y juegue con Elías, sin que sea él quien cargue a Elías cuando se pone intenso y nadie lo aguanta. ¿Para qué entrar en detalles? Ese hombre se bandea todo, sin quejarse, sin gritarme  y siendo lo más dulce de este mundo. En esta aventura de la maternidad, él es el único responsable de que yo siga cuerda (o algo así).

Mientras una Alicia adolorida se quedaba sentada en la banquita del parque, un Jesús juega y salta al lado de un feliz Elías que llega de tanto en tanto donde mamá a dejarle un beso en la pancita. Otro papá cercano columpia a su niña pequeña mientras le canta una canción. Y otro un poco más lejano levanta a su hijo y le da un beso que se escucha a dos cuadras a la redonda. Si eso hubiera pasado durante mi infancia, un grupo de papás -comandados por el mío- se armaban de antorchas y salían a cazar a cuanto hereje osaba acabar con la hombría característica del macho alfa de la casa.

Ser un papá presente no es solo que estés ahí físicamente, implica necesariamente que dediques tiempo de calidad a tus hijos. Y que así como mamá, hagas sacrificios más allá de acompañarla durante veinte de los sesenta minutos que demora la toma nocturna. Deberías disfrutar cada etapa de tus hijos, cada una -por dura que sea- trae experiencias hermosas y enriquecedoras que si aprovechas ahora, verás resultados muy positivos en el futuro. Verás a tus hijos convertirse en personas de bien, seguros de si mismos, completos, exitosos y sobre todo en personas que saben y no temen expresarse, cosa que les abrirá infinitos caminos en la vida.

¿No tienes idea de cómo empezar? Aquí te dejo un regalito:
1. Saca tiempo para tu familia. Sin afanes, sin celular, sin televisor.
2. Educa con tu ejemplo. ¿Quieres que tu hijo sea una buena persona? Empieza por serlo tu mismo.
3. Ama y respeta a tu esposa. Si tienes un varón, le enseñarás a valorar a las mujeres. Si tienes una niña, le darás altos estándares al buscar esposo.
4. Disciplina con amor y respeto. Sin olvidar resaltar algo bueno cada vez que lo hagas.
5. Crea memorias y luego compártelas con ellos. Los momentos pasan muy rápido, pero los recuerdos no se borran nunca.

Un padre es el primer superhéroe de un hijo y el primer amor de una hija.